The New York Times analiza cómo la proliferación de llamativos títulos de directivos y mandos intermedios lleva a cuestionar si se trata de una verdadera diferenciación de responsabilidades, o bien de una táctica empresarial poco beneficiosa.

Los senadores Barack Obama y John McCain han estado compitiendo ferozmente por la presidencia norteamericana. Pero han tenido desde el principio una alternativa beneficiosa para ambos: hacerse con un trabajo corporativo.

Desde hace tiempo vemos a presidentes en muchas organizaciones. Presidentes Corporativos, por supuesto, pero también vemos Presidentes de Divisiones, de Regiones o de Líneas de producto. General Motors tiene alrededor de una docena de ellos, desde el Presidente de toda la compañía, pasando por Presidentes en varios países hasta un Presidente de la División OnStar.

Leonard M. Lodish, un consultor que es también profesor de Marketing en la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania, afirma que el título de Presidente se ha hecho mucho más común en los últimos 15 años entre las compañías con las que trabaja.

Pero no son solo las presidencias las que han proliferado. La inflación de títulos se extiende por toda la América corporativa.

Parece que hay un número interminable de Directores Generales –de Tecnología, Marketing, Sostenibilidad, Personas, Diversidad y demás. Los Presidentes (no tanto las Presidentas) salen por todas partes.

“Ahora, en vez de encontrarte con un Jefe de Recursos Humanos, te encuentras con un Director General de Personas”, afirma Steven E. Gross, Consultor de Compensación en Mercer. “Su papel no ha cambiado pero existe una presión ascendente para que todo el mundo tenga títulos más importantes.”

Y el título de Director Ejecutivo, en su momento tan preciado en Wall Street, ahora aparece en ocasiones con atractivos añadidos. El último caso es el de Bear Stearns, una de las primeras víctimas de la crisis financiera, que contaba con una gran cantidad de Directivos Ejecutivos Senior, un cargo que la entidad hacía ostensible para reclutarles desde la competencia.

Otro caso de inflación de cargos podría estar cerca, porque los máximos responsables empresariales a menudo reparten presidencias, direcciones y vicepresidencias en tiempos de debilidad económica en sustitución de los aumentos y los bonos.

Este año, Gross dice, “las empresas utilizarán el valor de reconocimiento de un cargo” en vez de hacer incrementos salariales.

Ciertamente, los títulos atractivos pueden hacer que los empleados sientan que están escalando posiciones. Un Director General del tipo que sea puede ser capaz de negociar un sueldo mejor.

Una primera oleada inflacionista de títulos tuvo lugar en los años setenta, cuando se tenía un control sobre sueldos y precios, explica Peter Cappelli, Director del Centro para Recursos Humanos en la Wharton School. Las empresas a veces repartían cargos más importantes para evitar los controles y hacer subidas de sueldo a los empleados.

Dentro de Wall Street, un título más importante puede significar una mejora en el sueldo base del empleado, incluso si sus bonos no se han modificado, afirma John E. Lee, líder de sector para mercados globales de Estados Unidos en Heidrick & Struggles.

Un empleado con un buen cargo además puede sacar más provecho de una reunión, o de los tratos con las instituciones. Títulos que impresionen pueden ser de especial ayuda para los directivos en el extranjero, especialmente si ellos o sus empresas no son demasiado conocidos.

Pero, demasiado a menudo ocurre que los efectos positivos de esos títulos tienen poca duración. Por un motivo: los empleados con esos cargos pueden reclamar que se les pague un sueldo acorde con las palabras que se pueden leer en sus tarjetas de visita.

“A corto plazo te ahorras algo de dinero al darles un cargo,” afirma el Catedrático Cappelli. “Pero a la larga, erosiona el valor de la jerarquía y provoca que los trabajadores quieran canjear en metálico su título. Y si no pueden hacerlo contigo, lo harán en cualquier otra parte.”

Muchos títulos o cargos demasiado atractivos pueden diluir el valor de la persona que los recibe. Como es el caso de Kim Jong Il de Corea del Norte, que posee unos 1.200 títulos entre formales e informales. Haile Selassie, quien fue Emperador de Etiopía, también ostentaba los títulos de Rey de Reyes y León Conquistador de Judea. (a su lado, hace que el cargo de Presidente de Estados Unidos sea algo ridículo, ¿verdad?)

Lo mismo también sucede a veces en las empresas. En los viejos tiempos, puede que hasta hace unos veinte años, las compañías normalmente tenían un Director General como mucho, pero eso no es necesariamente así hoy en día.

El equipo ejecutivo en CB Richard Ellis, una multinacional de servicios inmobiliarios, incluye a cuatro Directores Ejecutivos –algunos como Líderes de División- cinco Presidentes y un Presidente del Grupo. En la fuerza de ventas también hay numerosos Vicepresidentes y Vicepresidentes Ejecutivos. Robert McGrath, un portavoz de la compañía, explica que el título de Director General representa una “significativa responsabilidad en hacer crecer el negocio en cuanto a ingresos y a operaciones”, mientras que los títulos para “profesionales de ventas son honoríficos” y concedidos en base a la generación de ingresos a lo largo del tiempo. Dice que la estructura de cargos es coherente con la práctica estándar de su sector.

CB Richard Ellis no limita el número de personas que pueden ganar un cargo, pero en muchas otras organizaciones, la concesión de esos títulos puede dar lugar a “atascos”. Si una empresa limita el número de personas que pueden tener un título, y si las personas que los poseen no ascienden o se retiran, puede generar frustración entre los empleados más jóvenes y hacer que se marchen a otra parte.

Cranium, una compañía de juguetes que fue adquirida por Hasbro a principios de 2008, llevó a cabo una táctica diferente. Sus cofundadores, Richard Tait y Whit Alexander, dejaron a los empleados que se inventaran sus propios cargos, facilitándoles una descripción detallada de las funciones de cada uno. Y para ellos mismos, el señor Alexander decidió nombrarse Chief Noodler (en castellano algo así como el “Pescador Jefe”) y Mr. Tait se nombró Grand Poobah (algo así como el “Gran Jefazo”).

Pensando en ello, lo de Grand Poobah suena bien. Lo pienso utilizar la próxima vez que hable con el equipo de soporte técnico -perdón, los especialistas de atención al cliente- de mi compañía de teléfono.

Acceso a la noticia: http://www.nytimes.com/2008/10/26/jobs/26mgmt.html?scp=19&sq=%22human+resources%22&st=nyt

Acceso a CB Richard Ellis: http://www.cbre.com

Acceso a Cranium: http://www.hasbro.com/games/cranium/home.cfm

* Holland, Kelley. “Maybe Everyone Will Be a C.E.O.”. The New York Times, 26/10/2008. (Artículo consultado on line: 17/11/2008)

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