Organizaciones de todo el mundo vinculan la sostenibilidad laboral con la reducción horaria. La semana de cuatro días entra en el debate de partidos y sindicatos en el Reino Unido. En España, de cara a las elecciones del 28, Podemos propone una semana laboral de 34 horas sin tocar el salario.

Entre brexits y referéndums parece difícil que otros debates se abran paso en el Reino Unido. Pero a finales de este mes la convención del Partido Nacional Escocés tiene previsto votar una moción en la que se llama al gobierno escocés a estudiar y adoptar la semana laboral de cuatro días. O, dicho al revés, el fin de semana de tres.

Depende, claro, de que Escocia logre las competencias en materia de empleo, pero dejando de lado trasfondos políticos en el Reino Unido el impulso y la discusión sobre la posibilidad de acortar la semana laboral hace dos años que está sobre la mesa de la mano del Partido Verde, los laboristas y los sindicatos, y va cogiendo fuerza. Lo que se plantea no es trabajar más el resto de la semana para lograr un día libre, ni cobrar menos por acortar la semana laboral. Se trata de reducir las horas laborales en aras de lograr una mayor equidad y sostenibilidad humana.

Un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que será debatido en plenario este año, aborda largo y tendido la necesidad de recortar las horas dedicadas al trabajo para la sostenibilidad de un futuro que ya está aquí. La cuenta de Twitter del Foro Económico Mundial, celebrado en Davos este enero, indicaba que “la semana de cuatro días está más cerca de lo que crees” tras escuchar a los expertos Adam Grant y Rutger Bregman. Reflexiones que pueden sonar utópicas en un contexto de empleos precarios, pero que se han puesto sobre la mesa.

Se conmemoraba la semana pasada la huelga de La Canadiense gracias a laque se consiguió la jornada laboral de ocho horas. Pero esto sucedió hace cien años. En esta línea, el think tank británico New Economic Foundation plantea en un artículo de este mes la “lucha por acortar las horas de trabajo” señalando que desde el logro de las ocho horas poco se ha discutido y menos se ha avanzado hasta que actualmente el debate ha vuelto a resurgir.

“La economía del Reino Unido –se indica– afronta varias crisis interconectadas en los empleos cuya solución debe pasar en parte por una reducción de las horas de trabajo sin merma salarial”.

Sobrecargas de trabajo que derivan en enfermedades mentales, que conllevan bajas y absentismo, dificultades en la conciliación, penalización de las mujeres, la llegada de la Inteligencia Artificial que planea sobre el futuro del empleo… Elementos comunes que recorren muchos países y que forman parte del hilo conductor del último informe de la OIT realizado por Jon Messenger. Analiza un mundo en el que unos trabajan demasiado y otros demasiado poco a su pesar por lo que propone la reducción para los primeros y la garantía de un mínimo de horas se semanales para los segundos.

Ante la eventual amenaza de la pérdida de empleos en un futuro cercano por la robotización, el informe de la OIT indica que se ha planteado en algunos países la “renta mínima garantizada”, una medida a aplaudir pero que acaba encontrando trabas en los gobiernos debido a su coste económico. Hay una alternativa que normalmente se pasa por alto, indica Messenger, con un coste mucho menor y con un recorrido de cien años: la reducción de las horas de trabajo. Una alternativa que puede realizarse recortando la jornada (seis horas al día), trabajando cuatro días a la semana, o aumentando las vacaciones.

El debate sobre la reducción de las horas de trabajo no es ya tan sólo una utopía sino que ha entrado con fuerza en las instituciones y en el ágora pública. Acortar las horas de trabajo, según laOIT, se asocia con más productividad ya que se reduce la fatiga, aumenta la motivación del trabajador, decrece el absentismo y reduce los accidentes, entre otras cuestiones. También hace frente al denominado problema de la “pobreza de tiempo”, especialmente presente en los países en vías de desarrollo y que impacta sobre todo en las mujeres.

Si se miran los programas con los que los partidos políticos concurren a las próximas elecciones del 28A en España, el debate aún es incipiente. Sólo Unidas Podemos entra a fondo en la cuestión y propone en su programa la reducción de la jornada laboral a 34 horas y la reorganización de los tiempos de trabajo, ocio y cuidados. La apuesta de Podemos es implementar una jornada laboral de 7 horas de lunes a jueves y de 6 horas los viernes sin reducción de salario

“Regular la duración de la jornada laboral es importante porque si se deja en manos de los trabajadores y de las empresas no se va a conseguir y las mujeres seguirán siendo las grandes penalizadas”, señala Lidia Farré, profesora de Economía (Universidad de Barcelona), Es evidente, explica, que algunas ocupaciones necesitan de más flexibilidad que otras, pero si se apuesta sólo por la flexibilidad y el teletrabajo serán de nuevo ellas las que asuman estas modalidades.

Al abordar el debate sobre la reducción de horas de trabajo Farré considera que se debe distinguir entre la semana de cuatro días y una reducción lineal diaria. Si lo que estamos buscando es la avanzar en la conciliación entre la vida laboral y familiar la fórmula adecuada es la segunda, y el debate sobre los horarios laborales emerge de esta dificultad de conciliar. Tener un día más a la semana libre es sobre todo una fórmula vinculada al ocio, a la satisfacción personal.

La semana de cuatro días fue puesta en marcha el año pasado por una empresa de Nueva Zelanda, Perpetual Guardian, –gestión patrimonial, de herencias y testamentos– que publicitó y argumentó una apuesta recogida por los medios de comunicación de todo el mundo. El fundador de la compañía, Andrew Barnes, explicaba que puso en marcha el proyecto tras leer informes en los que se señalaba que los bajos índices de productividad real, dos horas y media, según explicaba, en el Reino Unido. La idea es muy simple, indicaba, doy un día libre y los trabajadores me lo devuelven el resto en productividad.

Aunque algunas empresas anglosajonas están siguiendo el ejemplo, el contexto que predomina es el de trabajar más por menos, y en peores condiciones. Por ello, la OIT propone afrontar con decisión el problema actual de la “bifurcación” en el mundo laboral: la división entre los que trabajan demasiado, y los que tienen horarios demasiado cortos y flexibles.

 


Las propuestas de la OIT

Población con empleo a tiempo completo:

  • Reducción diaria: jornada de 6 horas
  • Semanal: cuatro días laborables
  • Anual: ampliación del período de vacaciones

Población con empleo parcial involuntario y pocas horas:

  • Garantizar un mínimo de horas laborales a la semana
  • Penalización a la empresa si no se cumplen
  • Fomentar los puestos de trabajo compartidos

 


El retrato de una sociedad fatigada

De la mano del actor Nico Coronado, el documental Kómoda, la vida sin energía aborda las  causas de una sociedad fatigada. “Te levantas, te preparas, y trabajas. Te vuelves a levantar, te preparas, y trabajas”. Esta voz en off arranca una narración coral en la que se pone el foco en varias cuestiones pero principalmente en un entorno laboral en el que la demanda ha aumentado, donde es necesario correr mucho para “quedarse en el mismo sitio”. Una  sociedad donde las personas se obligan a ponerse listones y metas muy altas, donde han irrumpido las nuevas tecnologías que pueden generar una sensación de rechazo y exclusión. Un cansancio emocional. El documental, dirigido por Douglas Belisario y de la consultora Torres y Carrera, desgrana algunos datos de una sociedad en la que el 90% de las personas está preocupadas por su futuro. Siete de cada diez se siente cansada y un 47% achaca esta sensación al trabajo.

Una falta de energía que acompaña a las personas, según narra Coronado, generando ansiedad y que paradójicamente no deja disfrutar del “mejor de los mundos”. La paulatina división entre pobres y ricos, según se señala, y el nivel de incertidumbre sobre el futuro agrandan esta fatiga social. Se aborda también el sedentarismo, la mala nutrición, la falta de sueño como causas que también inciden en esta sensación de cansancio general. Pero pese al escenario que se dibuja, la apuesta es revertir la mirada para que pueda volver a fluir la “energía interior”.

“No vamos a ser obesos ociosos en un mundo controlado por máquinas”, señala el narrador. Una reflexión que pretende llamar la atención sobre una “sociedad frenética sin tiempo de descanso” para ponerle soluciones, para frenar esta carrera hacia ningún sitio y dejar de poner parches fáciles.

 

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