A diferencia de renovaciones anteriores, la automatización amenaza los empleos de toda la cadena de producción. Es decir, ya no se sustituirá únicamente al empleado medio con poca formación, sino también se prescindirá de la intervención humana de otro tipo de perfiles profesionales como profesores universitarios y médicos. 

La revolución 3.0 se caracterizó por hacer que todo fuera susceptible de convertirse en información. Por su parte, en el contexto actual, “la robótica está haciendo que todos esos datos se conviertan en conocimiento sin que sea necesaria la intervención humana, sino a través de los algoritmos y de la inteligencia artificial”, explicó el asesor de la dirección general de economía, estadística e investigación del Banco de España Juan Francisco Jimeno Serrano, durante su intervención en la jornada Transformación del trabajo y desigualdad, celebrada este jueves en el característico edificio La Vela de BBVA en Las Tablas (Madrid).

Según el experto, la principal diferencia de esta revolución 4.0 con todas las anteriores es que está sustituyendo el trabajo en todas las fases de la producción. “Ya no se trata solo de suplir al empleado medio con poca formación, sino también a médicos y profesores universitarios”, desarrolló Jimeno Serrano. No obstante, a pesar de que la destrucción del empleo amenaza a todos los eslabones de la cadena, el asesor también advirtió de la polarización del mercado laboral. Un contexto en el que los más cualificados, los que desempeñan labores intelectuales y no rutinarias, y los menos cualificados, quienes realizan tareas manuales, pero no repetitivas, son los que menos sufren.

En este nuevo entorno, la productividad aumentará considerablemente y también se producirá un mayor desplazamiento de trabajadores de unas labores a otras, en comparación con transformaciones anteriores. Sin embargo, Jimeno Serrano se mostró pesimista en lo que respecta a la reinserción en el mercado de las personas relegadas, pues afirmó que la revolución 4.0 no crea ninguna oportunidad de empleo. “No inventamos cosas nuevas, automatizamos las que ya existían”, reconoció el asesor, para quien la innovación seguirá dependiendo de si la sociedad es capaz de inventar o no nuevas tareas.

No obstante, la complejidad del trabajo humano es un atisbo de esperanza, pues un empleo se compone de muchas tareas diferentes, y según el representante del Banco de España, aunque haya máquinas que sustituyan acciones concretas, será mucho más difícil crear un robot que desempeñe exactamente las mismas funciones que un trabajador. “Hay cosas que sabemos hacer, pero no podemos explicar cómo las llevamos a cabo. Estas actividades no se pueden codificar y, por tanto, tampoco podría realizarlas un robot”, ilustró Jimeno Serrano ante los colaboradores de BBVA. En este sentido, la versatilidad, la capacidad para cooperar, la comunicación y la empatía entre humanos se postulan como las características indispensables del trabajo del futuro.

Por su parte, los cambios demográficos, como el envejecimiento de la población, son uno de los principales estímulos para la automatización. “Si tenemos menos trabajadores, que haya máquinas que los sustituyan parece una suerte, pero a la vez, las sociedades más envejecidas son las que menos crean”, justificó el experto. La disyuntiva entre automatización e innovación que plantea el nuevo contexto puede frenar el propio progreso. “Nos ayudará al principio, la productividad crecerá, pero a medida que se avanza, no habrá nuevos desarrollos que permitan una mejora continuada del rendimiento”, proyectó el representante del Banco de España, quien reivindicó que no es posible automatizar aquello que aún no se ha inventado. Un vaticinio que, según los datos sobre patentes, podría cumplirse. “El número de registros relacionados con los robots y la automatización está creciendo, mientras que los vinculados con la innovación se reducen”, ejemplificó.

Otro de los grandes cambios que han impulsado las nuevas tecnologías es la transformación de las relaciones laborales. “Está creciendo el número de autónomos, de freelance y, en general, de gente que trabaja de manera independiente”, explicó Jimeno Serrano, “cada vez más, la legislación laboral está adaptándose a estas demandas”. Para el experto, la facilidad para encontrar clientes a través de las nuevas plataformas y el hecho de que se puedan desempeñar tareas desde cualquier parte del mundo a través de un teléfono inteligente son los motores de este cambio, por el que se mostró muy preocupada la economista de la dirección general de economía, estadística e investigación del Banco de España Laura Hospido. “La flexibilidad no es buena en términos de seguridad y afecta desde la parte más uberizada de la economía a las profesiones liberales”, alegó. En este sentido, la experta también comentó que la precarización del empleo y la baja calidad de los nuevos puestos son más problemáticos para la desigualdad en España que la propia automatización.

 

 

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