Gonzalo Martínez de Miguel, Director de Infova: "Frente a los enfrentamientos o malas formas de los jefes surgen las empresas vidables. Compañías que son compatibles con una vida satisfactoria. En las que sus responsables se preocupan de defender la dignidad, el respeto, de la excelencia y también de la exigencia, pero sin exprimir a sus trabajadores".

En un afán de exigencia y competitividad, muchos equipos directivos han creado una cultura de trabajo y un sistema de relación incompatibles con el disfrute. Y así los datos del Instituto Europeo de Psicología Positiva afirman que, al año, en España se pierden por bajas laborales 173 millones de días, lo que equivale al trabajo de 700.000 personas, y tiene un coste para las empresas de millones de euros anuales. Lo más llamativo es que el 30% de esas bajas en España, son bajas por estrés.

Algunos aprenden a sobrellevar esta situación, tratando de no perder la perspectiva, de restar importancia a los enfrentamientos o malas formas de sus jefes y, sobre todo, intentando adaptarse a un entorno innecesariamente hostil. Es una opción, pero así no se puede aguantar mucho. Frente a esto surgen las empresas vidables. Compañías que son compatibles con una vida satisfactoria. En las que sus responsables se preocupan de defender la dignidad, el respeto, de la excelencia y también de la exigencia, pero sin exprimir a sus trabajadores.

Y es que a menudo los jefes y directivos confunden la exigencia con el despotismo, al igual que lo hacen entre la firmeza y la agresividad, el desacuerdo y el desagrado, el inconformismo y la insatisfacción, la ambición y la insaciabilidad, la amabilidad y ser blando, y el compromiso con el miedo. Se basan en creencias equivocadas como que a más presión, más rendimiento, que la confrontación entre compañeros es buena y que para dirigir bien hay que tener un poco de “mala idea”.

Igual que educar a base de bofetadas muestra una falta de recursos evidente para enseñar, la ansiedad, el miedo y el malestar de los empleados supone la incapacidad para dirigir. Y es que normalmente este tipo de personas suelen ser inmaduras y egocéntricas, escondidas bajo un manto de exigencia y agresividad.

Ser ambicioso y buscar la excelencia, elevando la exigencia, no puede ser incompatible con el bienestar de los trabajadores. Y es que es muy distinto llevar a cabo acciones para evitar el conformismo y el estancamiento, y otra tener al equipo deseando marcharse.

En las empresas vidables, los empleados rinden y trabajan más y lo hacen de forma sostenible en el tiempo. Además su compromiso aumenta. Liderar una empresa en la que las personas sean felices consiste en crear espacios a los que los trabajadores quieren pertenecer. Desde la amenaza y el miedo puedes conseguir la acción de los profesionales, pero no su corazón, que es desde donde marcan la diferencia, donde te aseguras su esfuerzo, que den el 100% de sus capacidades y que intenten que los resultados no salgan simplemente, sino que lo hagan de la mejor manera posible.

 

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