Hace un tiempo era prácticamente imposible que el directivo que se iba de la empresa pudiera regresar tiempo después. Sin embargo, hoy en día se está convirtiendo en algo habitual. Parques Reunidos ha fichado a su ex consejero delegado; el Villarreal, a su entrenador; también Steve Jobs fue reenganchado por Apple... las segundas oportunidades cada vez son más frecuentes.

Estoy encantado de que José Díaz regrese a Parques Reunidos. Durante diez años contamos con él en el equipo, en una etapa que supuso su transformación en la multinacional que es hoy”, afirmó el presidente del consejo de administración del grupo, Richard Golding, en relación a la reincorporación a la compañía del consejero delegado, José Díaz, al considerar que es la persona adecuada para ocupar de nuevo el puesto que ya había tenido en 2004. Su experiencia profesional se complementa con otros cargos directivos en empresas como Carrefour, Aspro Ocio o Aurgi. Precisamente, es este bagaje y trayectoria profesional lo que ha valorado la compañía para volver a reengancharle. Este hecho que podría considerarse puntual va a ser algo habitual en el mundo empresarial.

Lo afirma el director del departamento de negociación del IESE, Guido Stein: “Es razonable que los ejecutivos puedan volver a la empresa en la que han trabajado, debido a que hoy día la rotación es muy elevada, y la gente no suele estar muchos años, como mucho tres, en un puesto de este tipo. Carreras para toda la vida, como las que se veían antaño, ya no son posibles. Además si el directivo se iba de la empresa, la posibilidad de retomar la relación era imposible, ya que antes se veía como una deslealtad o traición”. Una máxima, aunque se trate de un despido, es saber irse bien y que la empresa considere que esa marcha se ha hecho con elegancia por parte del profesional.

Un ejemplo de ese saber estar, a pesar de la humillación que le supuso ser destituido el pasado mes de diciembre como entrenador del Villarreal, es el de Javier Calleja. En su despedida lamentó la decisión, pero aseguró que si los resultados no acompañan, el entrenador siempre es la parte más débil, a la que vez que hizo un llamamiento al equipo para que diera lo mejor en el terreno de juego, y al club le dijo que siempre le llevaría en su corazón. Cincuenta días más tarde, Calleja volvió a entrenar al Villarreal, asegurando que había decidido regresar por la seguridad que tenía en los jugadores, el cariño al club y la confianza que le había manifestado el presidente, Fernando Roig.

Este es un caso de profesional que ha vuelto a reconquistar a los suyos. “Para regresar a una compañía en la que ya se ha estado lo primero que tiene que haber es un contacto personal, y las empresas deben saber gestionar tanto las entradas como las salidas de sus empleados”, explica Carlos Royo, director del programa de estrategia e innovación en recursos humanos de Esade, quien aconseja a las organizaciones recoger información tanto del día que se entra en la empresa como del momento en el que se deja. También incide en un hecho que condiciona esa vuelta y es la manera en la que el equipo percibe esta reincorporación. “Es muy importante la imagen que se dejó y la credibilidad que genera el profesional a su regreso, pero también la actitud de este, si va a aplicar la confrontación o si vuelve con actitud conciliadora…”, explica Royo.

Con un talante, bien diferente al que tuvo en su primera etapa, regresó Steve Jobs a Apple, la empresa que fundó en 1976, junto a un amigo de juventud, Steve Wozniak. El éxito fue arrollador y con el fin de seguir creciendo, decidieron fichar al que era presidente de Pepsi, John Sculley, que acabaría despidiendo al mismísimo Jobs de su compañía, debido a sus continuos enfrentamientos y al agresivo liderazgo que mantenía el informático de Palo Alto con su equipo. Una vez en la calle, decidió seguir emprendiendo y creó una nueva compañía informática, NeXT, que acabó siendo comprada por Apple, operación que le abrió de nuevo, en 1996, las puertas de Apple.

En estos años de lejanía, apunta la profesora de liderazgo de IE University, Margarita Mayo, se dio cuenta de cuales habían sido sus hábitos menos constructivos. “Irse le dio un mayor conocimiento de sus fortalezas. Este tipo de eventos críticos son importantes para aprovecharlos, porque cuando te han echado estás más abierto para pensar en uno mismo, en tener una actitud autocrítica, por eso suelen tener más éxito cuando vuelven”, añade la docente de la citada institución formativa. En su opinión, a un directivo en activo le cuesta reconocer sus errores, ya que el éxito del puesto le otorga un punto de orgullo y de arrogancia.

El aprendizaje es fundamental en este tipo de procesos. “Todos deberíamos estar preparados para todo, y no lo estamos. Algunos creen que el trabajo es para toda la vida y no lo es, como también que es posible regresar a él. Porque en la vida de una persona hay trabajos y momentos”, agrega la psicóloga clínica Inma Puig, que acaba de publicar el libro La revolución emocional (Conecta). También incide en la necesidad de reflexionar sobre la importancia de encontrar la armonía en el trabajo, y sobre todo “si el jefe es profesional y riguroso debe hacer una reflexión sobre lo que hacía antes y lo que no debería hacer, esto significa realizar un ejercicio de humildad y de generosidad para hacer que el equipo funcione”. Según Puig, un profesional que ha sido despedido de su trabajo no ha de vivirlo como un fracaso, “porque muchas veces es mejor estar en otro sitio que no desencajado, y el hecho de abandonar un trabajo puede hacer crecer a la persona, no hay que verlo como una meta, sino como un camino”. Porque ir y volver forma parte de la vida cotidiana, agrega. En este punto, recuerda conversaciones que escuchaba a su abuelo, que siempre se refería al trabajo como una colocación. “Antes se preguntaba dónde se estaba colocado porque un empleo se concebía para toda la vida, y ahora es al revés, se habla de por cuánto tiempo le han hecho un contrato”.

Es por ello que las segundas oportunidades van a dejar de ser algo excepcional para convertirse en algo frecuente. “Es una realidad, por un tema demográfico, porque la población envejece y las personas se pueden reenganchar a su antigua empresa, pero para que esto suceda también es importante que haya una serie de condiciones, de manera que haya una mejora en el currículo, tiene que haber siempre un salto cualitativo”, explica Royo. El docente de Esade cita el informe de Top Employer, en el que se destaca que el 70% de las empresas de éxito tienen prácticas en diversidad y estas pasan por contratar a personas que ya han estado en la compañía. “Aunque es la misma persona, se valora la experiencia que ha adquirido fuera”.

Otro elemento a tener en cuenta es el aterrizaje que hace en una empresa alguien que la conoce, muy diferente del desembarco que puede hacer un desconocido. “Aunque las cosas hayan cambiado, se va a un paisaje en el que ya se ha estado, pero eso no significa que haya que actuar de la misma manera que antes. Las circunstancias son distintas y hay que adaptar la personalidad a ellas”, afirma el profesor de IESE Guido Stein, que cita un ejemplo político para ilustrar. “Felipe González estuvo en la Moncloa, un lugar muy diferente al que es ahora y al que le costaría adaptarse”.

 

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