La mayoría de las empresas elabora cada año un Plan de Formación pero muy pocas tienen desarrollados indicadores para medir su impacto en los resultados. Las que cuentan con indicadores casi siempre controlan el número de horas de formación, pero no tanto cómo impacta, por ejemplo, en la rotación de personal. Del mismo modo, la formación en idiomas se suele considerar un beneficio social en vez de una inversión productiva.

El método de evaluación que desarrolló Donald Kirkpatrick, que ha evolucionado a lo largo del tiempo, sigue siendo un buen método para llevar a cabo la necesaria evaluación del impacto de la formación. 

No es ningún secreto que el ofrecer oportunidades de desarrollo profesional a los empleados, contribuye a la efectividad de la plantilla y fomenta una cultura corporativa de motivación. Y esto repercute en los resultados. Partiendo de esa base, es necesario determinar los costes y beneficios de haber realizado una acción formativa. La manera de definir exactamente coste o beneficio puede variar de una organización a otra. Pero sin duda, una de las consecuencias finales debe ser que se detecte una plantilla más efectiva y más motivada.

 

Publicado en el número 338 de la revista, de enero de 2019.

 

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¿Para qué elaboras año tras año el Plan de Formación?
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