Una de las decisiones más complejas que se pueden tomar en el ámbito del trabajo es la de zanjar una etapa laboral porque el empleo no nos satisface. Antes de tomar la decisión es necesario plantear cuáles son los argumentos a favor y en contra de renunciar al puesto de trabajo y, además, se deben plantear las posibles alternativas para hacer frente al futuro. 

“De este año ya no pasa”. Roberto afronta 2019 convencido de que tiene que cambiar de empleo para mejorar sus condiciones y poder formar una familia con su pareja. Según un estudio de Infojobs, el 23% de los españoles en fase activa comparte con él esta meta y aspira a tener un nuevo trabajo a lo largo de los próximos doce meses. Lo que muchos de ellos probablemente no se plantean es abandonar el que tienen sin un plan B. No es fácil pensar que debemos zanjar una etapa laboral que no nos está haciendo sentir bien cuando no hay una alternativa esperándonos. Por eso es importante reflexionar y poner todos los argumentos a favor y en contra sobre la mesa.

El dinero

El factor principal por el que las personas suelen quedarse en un puesto de trabajo que no les satisface es el de los ingresos. En función de su situación personal (hipoteca, hijos, otros préstamos…), puede ser que se sientan atrapados por ese empleo, en la medida en que necesitan el sueldo que les proporciona para mantener su nivel de gasto actual y hacer frente a sus responsabilidades familiares. Eso es especialmente problemático para aquellos que tienen un salario notable pero se sienten desdichados con su ocupación. Si ya de por sí es complicado dejar sin más un trabajo, lo es mucho más sabiendo que tenemosunas condiciones que quizás no muchas empresas más nos vayan a ofrecer, especialmente si el ciclo económico va a la baja. Este síndrome de la jaula de oro afecta a profesionales como Francisco, analista programador en una gran empresa, que no está a gusto con lo que hace pero es consciente de que su sueldo es realmente difícil de igualar fuera de ella.

La pregunta que debemos hacernos en este caso es si resulta más importante el dinero o la expectativa de dejar atrás el lugar en el que trabajamos y los motivos por los que queremos abandonarlo. Es decir, si nos lo podemos permitir. Aquí debemos tener en cuenta que no tendremos derecho a paro, al irnos por nuestro propio pie, y que deberíamos calcular el finiquito que nos corresponde para saber con cuánto dinero podremos contar en los próximos meses. Algunas personas prefieren forzar un despido para irse con indemnización y la posibilidad de recibir el subsidio de desempleo, pero ese siempre es un juego peligroso.

La ambición profesional

En algunos casos, la salida de una empresa se corresponde con la necesidad de desatascar una carrera que ha quedado encallada. O tal vez no solo necesitemos cambiar de compañía y también queramos saltar a otro sector. Para eso conviene recordar que es muy importante seguir formándonos a lo largo de toda nuestra vida. Si notamos que se acaba el interés o la ilusión por el área que define nuestra experiencia, podemos hacer un ejercicio sencillo: dibujar tres círculos superpuestos parcialmente, de forma que haya una zona en la que coincida parte de todos ellos (diagrama de Venn); escribir en uno lo que se nos da bien, en otro lo que nos gustaría hacer y en el tercero lo que creemos que tiene demanda en el mercado; el área coincidente contiene lo que debemos buscar para sentirnos plenos en nuestra próxima andadura profesional.

También tenemos la opción de hacernos autónomos o crear nuestra propia empresa. Esto puede ser recomendable en caso de que sintamos que podemos aportar algo más de lo que nos dejarían en cualquier proyecto por cuenta ajena, o si tenemos una idea innovadora con la que probar suerte. Pero también supone un riesgo que debemos medir bien. Ana decidió ser su propia jefa en 2017 y hoy sigue trabajando como diseñadora freelance para marcas y agencias. Algunos meses son mejores que otros, pero en general se siente más satisfecha con su situación actual.

El futuro

Los mejores entrevistadores suelen preguntar a los candidatos al puesto de trabajo que desean cubrir sobre dónde se ven en unos años. De esa forma sondean sus ambiciones. Si dejamos el trabajo, deberíamos hacernos esa misma pregunta, de modo que los siguientes pasos se encaminen hacia esa proyección. Si estamos pensando en algo para lo que hoy no estamos preparados, habrá que formarse y reciclar nuestro perfil para que sea viable aspirar a ello. Hay que construir una nueva identidad profesional según los conocimientos que necesitamos, buscar la experiencia que nos hace falta y ampliar contactos en esa área mediante eventos temáticos, actividad en redes y otros recursos.

Lo más importante es que tomemos la decisión de forma fría y meditada, con tiempo para estar seguros y planificar la siguiente etapa. Cuando sea así, habrá que convocara nuestro jefe y contárselo de la manera más elegante y cordial posible, redactar un escrito de baja voluntaria y despedirse de los que han sido nuestros compañeros. Es importante salir airoso de todo este proceso, porque nunca sabemos a quién nos volveremos a encontrar en el camino ni en qué condiciones.

 

 

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