¿Se puede democratizar el funcionamiento de las empresas? The New York Times se hace eco de un Proyecto de Ley planteado por la senadora Elizabeth Warren, futurible candidata demócrata a la presidencia de EEUU en 2020, para obligar a las empresas a tener un 40% de los Consejos de Dirección elegidos directamente por los empleados. El objetivo es obligar a la América Corporativa a tener en cuenta los intereses de clientes, empleados y comunidades.

En la edición de octubre de 1944 de la revista Fortune se publicó un artículo de un líder corporativo que supone una lectura asombrosa aún hoy en día. Fue escrito por William B. Benton –Cofundador de la agencia de publicidad Benton & Bowles- y en una nota del editor se explicaba que Benton hablaba no sólo por él mismo sino en nombre de un gran lobby de líderes empresariales. El artículo ofrecía una visión de la prosperidad de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial.

En aquel momento, casi nadie daba por garantizada la prosperidad durante la posguerra. El mundo acababa de soportar 15 años de depresión y guerra. Muchos norteamericanos estaban preocupados por el fin de la producción en tiempos de guerra que, combinado con el retorno de los soldados en busca de empleo, podría hundir la economía en una nueva depresión.

“Hoy la victoria es nuestro propósito,” escribía Benton. “Mañana nuestros objetivos serán el empleo, la producción en tiempos de paz, unos altos estándares de vida y las oportunidades.” Según él, dichos objetivos dependían de que las empresas norteamericanas aceptasen “una regulación gubernamental necesaria y apropiada,” como también debían aceptarla los sindicatos. Ello dependía de que las empresas no obtuviesen sus ganancias “en detrimento del bienestar de la comunidad.” Dependía de un aumento de los salarios.

Esas ideas que parecen de izquierdas no estaban basadas en el altruismo. La Gran Depresión y el ascenso del fascismo en Europa habían asustado a los ejecutivos americanos. Muchos habían llegado a creer que un capitalismo descontrolado era peligroso para todos. El titular en el artículo de Benton era “La economía de una sociedad libre.”

Durante los años posteriores, las empresas de EEUU siguieron en gran medida dicha prescripción. Obviamente, no todos los ejecutivos lo hacían y la gestión y el trabajo seguían padeciendo amargas disputas. Sin embargo, la mayoría de ejecutivos se comportaban como si les importaran sus trabajadores y comunidades. Los CEO aceptaban paquetes de remuneración que hoy en día parecerían una miseria. En los años 50 y 60, los ingresos de la clase media aumentaban más rápidamente que los de las clases más altas. Imaginároslo: estaba disminuyendo la desigualdad en los ingresos.

Y la economía - y los negocios norteamericanos – crecieron mucho durante ese período, tal y cómo habían pronosticado Benton y sus otros compañeros líderes.

Las cosas empezaron a torcerse en los años 70. Enfrentándose a una mayor competencia global, con unos precios de la energía más altos y con el recuerdo de la Gran Depresión desapareciendo, los ejecutivos se hicieron más agresivos. Decidieron que su única misión era la de maximizar el valor de las acciones de sus empresas. Lucharon por la desregulación, los impuestos reducidos, unos lugares de trabajo libres de sindicatos, unos salarios más bajos y, por último, por unos paquetes retributivos mucho más altos para ellos mismos. Lo justificaban todo con promesas de un nuevo auge económico maravilloso. Ese auge nunca llegó.

Incluso cuando el crecimiento de la economía ha sido decente, como lo es ahora, la mayor parte de la recompensa recae en las clases altas. Las ganancias semanales medias han aumentado un mísero 0.1% cada año desde 1979. La familia norteamericana típica tiene hoy en día un patrimonio neto más bajo que la familia típica de hace 20 años. La esperanza de vida, sorprendentemente, ha caído esta década.

El gran estancamiento del nivel de vida es un problema que define nuestro tiempo. La  mayoría de las familias no disfrutan del “aumento rápido del nivel de vida” que Benton predecía. Comprensiblemente, muchos estadounidenses se muestran nerviosos y enfadados.

La solución implicará volver a unos impuestos más altos para los ricos. Pero también vale la pena pensar en los ingresos antes de impuestos - y específicamente en lo que sucede dentro de las empresas. Vale la pena cuestionarse lo que ya se preguntaba Benton: ¿Qué tipo de América Corporativa necesita el resto de América?

Elizabeth Warren, Senadora por Massachusetts, está dando a conocer actualmente una plataforma para su casi segura campaña presidencial que incluye una respuesta a dicha cuestión. Es fascinante, puesto que difiere de la habitual agenda demócrata de impuestos progresivos y grandes programas sociales (que también apoya Warren). Su idea es la más interesante de todas las ideas políticas que han aparecido hasta ahora para la campaña presidencial de 2020.

Warren quiere una economía en la que las empresas vuelvan a invertir en sus trabajadores y comunidades. Sin embargo, no cree que pueda suceder naturalmente, como pasó en los años 40, porque los mercados financieros castigarían a los ejecutivos bien intencionados que dejasen de intentar maximizar los beneficios a corto plazo. “No pueden volver atrás,” me dijo recientemente. “Tienes que hacerlo mediante una ley.” 

Warren presentó un Proyecto de Ley en el Senado -y Ben Ray Luján, un importante demócrata de la Cámara Baja, pronto lo planteará en el Congreso- que obligaría a los Consejos de Dirección de las empresas tuviesen en cuenta los intereses de clientes, empleados y comunidades. Para asegurarse de que eso llegara a suceder, el 40% de los asientos en los consejos deberían ser elegidos directamente por los empleados. Alemania utiliza una versión de dicho modelo de “gobierno compartido” con bastante éxito. Incluso en una economía tan competitiva como la actual, las empresas alemanas obtienen buenos resultados con una filosofía que se parece más a la de William Benton que a la de Gordon Gekko, el célebre villano de la película Wall Street.

¿Es el plan de Warren el mejor camino para frenar la codicia corporativa? No estoy seguro aún. Quiero ver cómo los políticos y expertos debaten su idea y otras, de la misma manera que debatieron sobre las políticas de Salud en la campaña para las Presidenciales de 2008.

Pero algo sí tengo claro: el capitalismo de EEUU ahora mismo no funciona. Si Benton y sus compañeros directivos de la posguerra regresaran hoy con las mismas ideas, serían calificados como socialistas. En realidad, ellos fueron unos capitalistas que se preocuparon suficientemente por el sistema como para salvarlo. Lo mismo ocurre con los nuevos reformistas.

 

*Leonhardt, David. “American Capitalism Isn’t Working”. The New York Times, 02/12/2018 (Artículo consultado online el 12/12/2018).

Acceso a la noticia: https://www.nytimes.com/2018/12/02/opinion/elizabeth-warren-2020-accountable-capitalism.html

 

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