Salvador Sabrià: "El abuso de las horas extras no solo perjudica a los trabajadores que se ven obligados a realizarlas, sino que además hurta una parte del empleo que podrían ocupar otras personas, y es una estafa al conjunto de la sociedad: no tributan ni cotizan los salarios que la empresa debería haber abonado."

Hasta no hace mucho se utilizaba el refranero popular para resumir o ejemplificar una situación que se pretendía denunciar, o advertir de determinados comportamientos y sus consecuencias. Con Twitter ha cambiado también esta costumbre. Una de las fórmulas que triunfa más en las redes es aquella que reza: dos noticias juntas se entienden mejor.

Pues esto es lo que ha sucedido con el empleo en las dos últimas semanas. El pasado viernes el Gobierno aprobó el plan de empleo joven 2019-2021 para la formación e inserción laboral de menores de 30 años, que pretende reducir la tasa de paro juvenil hasta el 23,5% y que 168.000 desempleados menores de 25 años se incorporen al mercado laboral. La otra noticia que ayuda a entender mejor la necesidad de este plan es un poco anterior, de finales de noviembre: la presentación de un informe del gabinete económico de CCOO referido a las horas extras no pagadas y el absentismo laboral. Sus conclusiones más destacadas, basadas en datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del INE, son que las horas extras alcanzaron en el segundo trimestre del 2018 su máximo en la última década, 6,8 millones a la semana. Con el agravante de que 364.000 personas no han percibido ninguna compensación por trabajar estas horas de más, y 45.700 solo han percibido una parte de lo que les correspondería, ya sea en forma de dinero o de tiempo. Según el informe sindical, estos tres millones de horas extras no pagadas equivaldrían a 74.700 empleos, cerca de la mitad de la cifra de jóvenes que se pretende que se incorporen al mercado de trabajo con el plan de empleo juvenil.

El abuso de las horas extras no solo perjudica a los trabajadores que se ven obligados a realizarlas, sino que además hurta una parte del empleo que podrían ocupar otras personas, y es una estafa al conjunto de la sociedad: no tributan ni cotizan los salarios que la empresa debería haber abonado. Hay que tener en cuenta la magnitud del fenómeno. Una comparación sí que puede ser útil en este caso: los puestos de trabajo equivalentes a empleos de las horas extras no pagadas serían como cinco veces la plantilla de Seat, la mayor empresa privada de Catalunya del sector industrial . Y nadie se le ocurriría, si esta situación se diese en una sola compañía, que la Inspección de Trabajo se quedase sin actuar. El gran problema es su atomización, pero seguro que si se actúa con mayor contundencia se rebajará. Los últimos planes de inspección demuestran su eficacia para reducir el empleo en negro.

No es de recibo reducir plantillas, cargar costes a la Seguridad Social, y mantener el mismo nivel de trabajo en una empresa a costa de no pagar la sobrecarga a los que no han sido despedidos. Dicho de otra manera, hay mucho más trabajo y empleo del que se está pagando.

 

 

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