Entrevista de "La Contra" de La Vanguardia a Jordan B. Peterson, Profesor de Psicología en la Universidad de Toronto : "Nuestra escuela aún copia el modelo prusiano de formar obreros obedientes que fueran soldados si les mandaban. Asumir el peso de tu existencia es todo lo contrario. Haga su plan, o la fábrica, la empresa, el Estado, el partido... lo hará por usted."

La ironía de envejecer es que, si has sabido crecer, tu cuerpo se deteriora al tiempo que te vuelves más amable, estable y tolerante. Nací en un pueblo minúsculo de Canadá. Tenemos 2 hijos. Enseñé en Harvard y enseño a planificar tu existencia, esto es: darle un sentido. Publico ‘12 reglas para vivir’.

Pregunta. ¿Qué debo saber para vivir mejor?

Respuesta. ¿A quién admira usted? Qué tienen en común las personas que admira.

P. Que no necesitan admiración.

R. Admiramos a quienes no abandonan el peso de sus vidas sobre las espaldas de los demás. Ni dejan que las decidan por ellos. Se cuidan de sí mismos y tal vez de una familia y de la comunidad. Merecen admiración, pero no la necesitan.

P. ¿Por qué una vida debe ser pesada?

R. Porque lo es. Vivir es una carga y si aún no se ha dado cuenta, es que se va a enterar pronto de lo que son la vejez, la soledad, el dolor, la muerte de los más queridos. 

P. Hombre, visto así, vivir sí es una carga. 

R. Por eso, usted admira a quien asume esa carga sobre sus hombros, quien acepta su responsabilidad, y ayuda a otros a asumirla.

P. ¿Para ser más feliz?

R. Para encontrar más sentido a su existencia del que le encuentra un mono. Si abraza el sufrimiento tiene alguna posibilidad de superarlo. Y ayudará a otros a sobrellevar el suyo. No es moral: es psicología clínica con base empírica.

P. Pues suena a sermón cristiano.

R. Por eso el cristianismo dura ya 2.000 años. Es abrazar la cruz. Pero yo no hablo de religión, sino de psicología clínica. Si no acepta el sufrimiento, será derrotado por él y caerá en el nihilismo, la depresión y la amargura.

P. ¿Debo celebrar el dolor y la muerte?

R. Debe asumirlos y compartirlos. Piaget explica que el mejor test de salud mental es la capacidad de jugar, es decir, de encajar en una red recíproca con otros humanos. Está sano si acepta el dolor y la muerte tanto como el placer y la alegría y comparte su sentido.

P. ¿Cómo?

R. Durante años, en Harvard di un curso que se llamaba “Mapas” en el que hacíamos un detallado plan con los estudiantes de lo que serían nuestras vidas.

P. Usted planeaba y la vida decidía.

R. Si usted no planea, es que no vive.

P. Si no sabes dónde vas, nunca te pierdes.

R. Ni te encuentras ni llegas a ningún sitio. Planee su vida, porque es el modo de ser consciente de ella y de sus elecciones. Le dará sentido. Fije objetivos a cinco, diez, veinte años vista.

P. Mejor no los fijo y así nunca fallo.

R. Si no tiene objetivos, ya ha fallado. Porque el truco de mi curso era que las emociones ­positivas no dependen tanto de conseguirun objetivo como del camino hacia él. El ­sentido de un objetivo no es alcanzarlo sino ­perseguirlo. Fíjese objetivos y tendrá sentido.

P. ¿Grandes, pequeños, de ir por casa?

R. Desde lo macro a lo micro. Puede ser un objetivo general y ambicioso, pero debe obligarle a hacer algo por alcanzarlo cada día. Son las pequeñas decisiones de cada día las que deciden los grandes objetivos de toda una vida.

P. ¿Basta con ser capaz de levantarse a las 7?

R. No puede ser tan trivial que no genere satisfacción al lograrlo; ni tan difícil que le haga desistir de intentarlo. Su sentido es darle sentido a ese día dándoselo también a los que le quedan de vida. Y compártalo.

P. ¿Y usted los alcanza todos?

R. Mañana me levantaré una hora antes para retocar un párrafo de mi próximo libro que no le gusta a mi editor. Después, seguiré con el tour de promoción de este. Son horas de avión, aeropuertos muy aburridos, pero me divierten, porque estoy cumpliendo mi plan.

P. ¿Cuál es su plan?

R. Esa hora es mi objetivo pequeño para lograr el gordo que es llegar a mucha gente y ayudarles.

P. ¿Y ser famoso y admirado?

No me importará si ya le he dado un sentido a mi vida. Si soy un famoso sin sentido, daré risa. Y hay muchos. Suben, suben, suben. Y allí arriba se quedan solitos.

P. ¿Por qué la gente se mata por una selfie?

R. Porque no le han dado sentido a sus vidas. Y esperan que se lo den otros con un clic.

P. ¿Por qué no saben darle sentido a su vida?

R. Porque no les han enseñado. Nuestra escuela aún copia el modelo prusiano de formar obreros obedientes que fueran soldados si les mandaban. Asumir el peso de tu existencia es todo lo contrario. Haga su plan, o la fábrica, la empresa, el Estado, el partido... lo hará por usted.

P. A man with a plan is more than a man?

R. Es literalmente así. Cuando perseguimos algo que deseamos, nuestros sentidos y nuestra mente se agudizan: vivimos más.

P. Levantarse a las seis y ponerse a trabajar, leer o escribir –lo sé– es muy duro.

R. Si tiene que escribir dos mil palabras, cuando ya las tenga regálese un capuchino. Dése propinas. Trátese a sí mismo como si usted fuera otro. Cuide de usted, entrénese.

P. ¿Cómo sabe que funciona?

R. Porque llevo toda una vida haciéndolo con mis pacientes y sé que conmigo mismo funciona igual. Me trato como si fuera otro.

P. ¿No teme la deriva esquizoide?

R. En absoluto, no hay nada más realista que negociar con uno mismo, porque si no te conoces es el mejor modo de empezar a conocerte. Y entonces, obtendrás resultados.

P. El título de su libro podría sonar a auto­ayuda y sus 12 reglas resultan obvias.

R. Hay ironía en ese título, pero veo que no tan asequible; y sí, son reglas obvias, pero por razones muy complejas, que es donde creo que puedo resultar original. El objetivo es dar estructura, orden, un marco, objetivos: la mejor protección contra la ansiedad.


 

Langostas en lucha

Puede sonar a autoayuda, pero el título de 12 reglas para vivir sólo es una broma del autor de este sesudo tratado de neurociencia y psicología clínica, porque en realidad las reglas resultan banales, pero están argumentadas con un arsenal de citas científicas, empezando por el apasionante pasaje etológico dedicado a las posturas de la jerarquía de la langosta. Hay diez categorías de langosta y siempre están peleándose por la mejor madriguera y la mejor hembra (las hembras también se sacuden de lo lindo por el macho más dotado). Cuando pierden, se esconden y... ¡bum! funden su cerebro, que se vuelve a formar como el de una langosta de categoría inferior. Y si han leído hasta aquí es que el proceso les resulta familiar...

 

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