Hay gente que no quiere pasarse el resto de su vida trabajando, cuya voluntad es retirase pronto, y que no deposita sus esperanzas en tener suerte en la lotería o en ser herederos de un jugoso testamento. Entre otras cosas, porque su meta es la independencia financiera. Se trata de lo que se conoce como movimiento FIRE (financial independence retire early), que pega fuerte en países como Estados Unidos, Reino Unido o Alemania, y cada vez más en España.

En muchos países, entre ellos España, los trabajadores ven cómo se aleja cada vez más el horizonte legal para dejar de trabajar y jubilarse, ese día en el que podrán retirarse con una pensión con la que vivir el resto de sus días, aunque esto último, tal y como están las cosas, está por ver.

Pero hay gente que quiere que ese día llegue cuanto antes, que no quiere pasarse el resto de su vida trabajando, cuya voluntad es retirase pronto, y que no deposita sus esperanzas en tener suerte en la lotería o en ser herederos de un jugoso testamento. Entre otras cosas, porque su sueño tampoco es retirarse a una isla del Caribe o del Pacífico Sur, entre palmeras y aguas prístinas. La meta es la independencia financiera. Se trata de lo que se conoce –por sus siglas en inglés– como movimiento FIRE (financial independence retire early, independencia financiera jubilarse pronto), que pega fuerte en países como Estados Unidos, Reino Unido o Alemania, y cada vez más en España.

La teoría es sencilla. Conseguir, gracias al ahorro, un nivel de ingresos pasivos –aquellos que no provienen directamente de nuestro salario – que permita vivir el resto de la vida sin tener que trabajar, y retirarse cuando aún se está en la flor de la vida, para dedicarse a lo que cada cual desee. Pero no hay que confundirse. No se trata de vivir de rentas o no es exclusivamente eso. Se trata de todo un estilo de vida colindante con muchas otras tendencias actuales como el trueque, el reciclaje, el rechazo del consumismo y la opción por utilizar productos de segunda ­mano.

Es el caso de Esmeralda Gómez, 32 años, autora del blog Laguiadelavida.com, que hace dos años que es independiente financieramente. “Fue un proceso natural. Siempre he sido ahorradora, desde pequeña me lo he cuestionado todo y he sido muy creativa, lo que me ha llevado a gastar muy poco”, dice Gómez.

Como suele ser habitual, el FIRE es un movimiento que bebe de otros que creen que la calidad de vida consiste más en tener tiempo para uno mismo que en disponer de una gran capacidad de consumo.

Según el sociólogo Lluís Sáez, profesor del departamento de Ciencias Sociales de Esade, “el FIRE se parece a otros movimientos como el down shifting (algo así como desacelerar en inglés). Mucha gente siente que no puede seguir el ritmo productivista que marca la sociedad y trata de liberarse de las exigencias del mundo laboral, para recuperar tiempo para otras cosas”. Productivismo y consumismo son “dos conceptos que se retroalimentan. Hay que trabajar para poder consumir, y cuantas más cosas quieres, más tienes que trabajar”, dice Sáez. La famosa rueda del hámster, concepto que usan a menudo las personas que participan de esta corriente, cuyos principios se divulgan en internet en blogs que explican su filosofía y sus métodos para lograr la meta final.

Uno de ellos es Guillem –que prefiere no revelar su apellido–, un ­microbiólogo que a sus 26 años espera poder dejar de trabajar “en una horquilla que va de los 38 a los 43 años”. Explica que “a menudo no terminas de encontrar aquel tra­bajo que te apasiona tanto como ­para dedicarle 40 años de tu vida”.

“La sociedad quema a las personas sobreexigiéndolas a partir de su necesidad de consumir, y hace que muchas terminen descolocadas”, añade Sáez. En este contexto, “es fácil que se instalen en pensamientos contraculturales que busquen frenar este ritmo. Más lento, menos ­estrés, la felicidad de las pequeñas cosas”, explica el sociólogo.

Los fieles del FIRE se basan en tres principios, la frugalidad, el ahorro y la inversión.

En primer lugar –y simplificando–, para poder alcanzar la independencia financiera lo más rápido posible, primero hay que determinar la cantidad de dinero anual que necesitamos para vivir, a la que habrá que añadir la inflación, y multiplicarla por los años que nos quedan por vivir, básicamente el resultado de restar nuestra edad a nuestra esperanza de vida.

Para Guillem, la clave está en “vivir teniendo en cuenta tu nivel de gastos, no hacer que tu vida dependa de tu nivel de ingresos”, y “en hacer un presupuesto que nos ayude a controlar el gasto, con alguna app para que sea más fácil”. Para Esmeralda Gómez, la clave está igualmente en el ahorro, pero también en “la motivación y en focalizarse”, y lamenta “que en España la mitad de las personas no ahorren nada o tengan una capacidad de ahorro muy limitada, y eso sí que es algo que cualquiera se puede plantear”.

Cuanto menor sea la cantidad que necesitemos para vivir más rápido la obtendremos; por tanto, los practicantes del FIRE –puesto que su segundo objetivo es jubilarse jóvenes– proponen una nueva frugalidad y no caer en el consumismo.

Hay que tener claro qué es imprescindible y renunciar a aquellas cosas que no lo sean. Normalmente, usan la felicidad como criterio para eliminar lo superfluo. “No se trata tanto de renunciar, sino de conocernos a nosotros mismos y encontrar aquello que nos hace felices”, asegura Gómez. Por su parte, Guillem opina que “los caprichos también forman parte de la vida”, y aunque “todo aquello que no proporciona felicidad es prescindible”, si las renuncias son muy severas, puede producir estados de ánimo que al final lleven a abandonar los buenos propósitos. “El camino es largo y difícil, y la tasa de abandono es alta”, asegura Gómez.

De entrada, muchos apologetas del FIRE dicen que cualquiera puede conseguir sus objetivos independientemente del salario que perciba. Tanto Esmeralda como Guillem reconocen que eso no es del todo cierto. “Si ganas 1.000 euros, es muy difícil que puedas ser libre financieramente algún día”, dice Guillem. Por su parte, Esmeralda matiza esta apreciación y explica que, “si eres un mileurista toda la vida, evidentemente es muy complicado, pero tampoco se puede establecer un umbral de ingresos a partir del cual alguien se pueda plantear la libertad financiera. A lo mejor alguien que gana 3.000 euros mensuales tiene más gastos fijos que alguien que gana 1.500 euros, y por tanto necesitará generar muchos más ingresos pasivos y le costará más”.

Una vez ajustados los gastos, llega el momento de empezar a ahorrar y de invertir lo ahorrado. Para ahorrar valen las recetas clásicas. Desde vivir en una localidad en la que la vivienda sea más barata y reducir el gasto en ocio –que es lo que hizo Guillem– hasta optar por el patinete o el transporte público para los desplazamientos –que es lo que hace Esmeralda Gómez–.

Para llegar a la independencia financiera hay –literalmente– varias fórmulas (ver infográfico). La norma común es dedicar la mayor parte del sueldo a los gastos y otra parte ahorrarla para dedicarla a la inversión, para acumular un capital que sea superior a la suma de los gastos de los años que nos quedan por vivir, o bien cuyo rendimiento mensual sea superior a nuestros gastos mensuales.

Con las inversiones la idea es conseguir ingresos pasivos y automáticos, o lo que es lo mismo, aportaciones económicas que no dependan del sueldo, y que se produzcan con la menor intervención posible por nuestra parte. Se trata de vivir de las inversiones, no para las inversiones. De nuevo, la panoplia de cosas en las que se invierte es de lo más variada, pero, además de los clásicos –el mercado bursátil y el inmobiliario–, es muy frecuente la inversión en fondos indexados. La creación de algún tipo de negocio en línea es habitual y, para algunos seguidores del FIRE que tienen blogs, estos suelen ser una fuente extra de ingresos. “Las inversiones que realizamos tienen menos riesgo que las que realizan la mayoría de los inversionistas”, explica Gómez, que trabaja como analista en un banco.

Otra cosa común es “la economía del uso en contra de la economía de la propiedad”, tal como lo define ­Sáez. “Comprar pensando en que los productos adquiridos se convierten en una inversión”, explica Gómez. Si se tiene un coche, es para introducirlo en alguna plataforma de car sharing, y si se dispone de una vivienda en propiedad, se pone a disposición en plataformas como Airbnb, por ejemplo.

Esmeralda y Guillem están de acuerdo en que no hace falta ser un experto en finanzas ni en inversiones, y que “basta con tener conocimientos de finanzas personales”, dice el microbiólogo. “A invertir se aprende. Yo he hecho inversiones de una acción para aprender”, añade Gómez.

En el fondo, todos estos movimientos desprecian determinados aspectos del capitalismo, pero se basan en él para cambiarlo. “Yo soy capitalista, creo en la desigualdad económica porque potencia el crecimiento individual”, dice Esmeralda Gómez. “Son alternativos y en cierta manera antisistema, pero sobre todo FIRE es una estrategia de ciclo de vida para reducir el tiempo de permanencia en el mercado laboral, en un momento en que el sistema obliga a los trabajadores a permanecer activos durante más tiempo. Ahí es donde está su aspecto revolucionario”, concluye Sáez.

Cuando finalmente se consigue llegar a la situación de no tener que trabajar para vivir, no todos lo hacen. En el caso de Esmeralda Gómez, “sigo trabajando, sólo por las mañanas, porque me encanta mi trabajo”, y Guillem tiene claro que no se irá a una isla del Caribe. “No sé qué haré, pero como mínimo quiero tener la oportunidad de decidir”, asegura.

 

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