'El tràmit': un extraterrestre contra la corrupciónLa primera pieza teatral de Fernando Trías de Bes es una comedia marciana sobre la podredumbre terrícola. Al economista, ensayista, novelista y director y guionista de cine, además de productor, le quedaba como asignatura pendiente tejer algo para los telones. Y le ha dado por una comedia que se representa en el Teatre Borràs hasta el 11 de noviembre.

Si se volvieran a tener noticias de Gurb y su comandante, aquellos entrañables alienígenas de Eduardo Mendoza, saldrían de la Tierra como un cohete. Ya se sorprendían, hace casi tres décadas, de la brecha de riqueza, pero lo de hoy clama al cielo y a todas las galaxias.

A falta de Gurb, ha aparecido en el Teatre Borràs un tal Saturnino, que dice venir de otros mundos. Aterrizó en Barcelona -mejor no anticipar demasiado sus propósitos- y el ministerio de Interior organiza un cónclave de sabios para que le examinen y decidan si es humano o del más allá.

Así empieza 'El tràmit', el debut como dramaturgo de Fernando Trías de Bes, un "apasionado del renacimiento nacido en el siglo de la especialización". Al economista, ensayista ('El vendedor de tiempo' fue adaptado al teatro), novelista y director y guionista de cine ('La gran invención'), además de productor, le quedaba como asignatura pendiente tejer algo para los telones. Y le ha dado por una comedia marciana, a ratos alocada y surrealista, sobre la corrupción en las altas esferas.

La cita reúne, en una escenografía limpia y funcional, con un toque (una puerta) de ciencia ficción, a un físico nuclear (Xavier Serrano), un médico radiólogo (Àlex Casanovas) y una psiquiatra (Mònica Glaenzel). Y el sujeto a examen, a cargo de un David Bagés sobre el que recae el desmelene cómico. El director, Martí Torras Mayneris (el de la celebrada 'Rhum'), le ha dejado suelta la cuerda para que se desboque a su gusto, quizá en exceso, pero ahí está la obra de Trías de Bes para retomar la intriga y la crítica a base de giros y sorpresas hasta el certero final.

Al estupendo Manel Sans -inolvidable Mammón- le toca jugar la carta más seria. Viste con contención al responsable de la Unidad Secreta de Inteligencia del Estado, que organiza la cita entre los tres científicos y el supuesto ente extraterrestre. Completa el elenco Susanna Garachana, mujer de la limpieza, en cuyas manos, espejo de los de abajo, deja el autor la posibilidad de la honradez.

VICIOSOS DE LA PASTA

El juego teatral se dispara con el buen oficio del elenco entre divertidas abducciones (con una camaleónica Glaenzel) y unos superpoderes de Saturnino (ingenioso hallazgo del autor a cuenta de la sobreexposición en las redes sociales) que desenmascaran los secretos de los personajes.

Trías de Bes ha querido, bajo el escudo del humor, denunciar la hiperbólica corrupción de la que es capaz la humanidad, metiendo en el saco a las universidades, la investigación y el Gobierno. Todo el sistema, podrido. Viniendo de un experto economista como él, más que risa da 'yuyu'. Y más cuando la realidad se empecina en darle la razón, desde los escándalos de la 'titulitis' hasta la reciente caída del científico Josep Baselga.

 

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