La interacción empresa-tecnología-ética se está desarrollando a un ritmo que supera nuestra capacidad como ciudadanos para gestionarla. Los problemas de Facebook por haberse beneficiado de vender datos a compañías que querían influir en las últimas elecciones presidenciales de EEUU, son un buen ejemplo. Desde MIT Sloan Management Review proponen medidas para superar las barreras que impiden un debate muy necesario desde todos los ámbitos de la sociedad.

Los siguientes titulares aparecieron recientemente en Yahoo! Noticias:

"Apple va a la guerra contra los rastreadores web de Facebook"

"Apple tiene nuevas características para limitar tu adicción al móvil"

"Cómo asegurarse de que los hackers rusos no puedan atacar de nuevo el router de tu casa"

Titulares como estos son ahora habituales: "batallas" entre compañías tecnológicas y del sector del entretenimiento tecnológico, adicción a la tecnología, invasores extranjeros capacitados por la tecnología, llamamientos a la sinceridad y a la honestidad por parte de los directivos tecnológicos... El mero hecho de intentar leer las noticias exige una sofisticación moral cada vez más compleja.

Y las cosas probablemente se volverán más complicadas a medida que la tecnología siga evolucionando a nivel exponencial. Al mismo tiempo, los procesos ciudadanos que deberían fomentar soluciones innovadoras a los nuevos problemas parecen no funcionar.

La fusión de los ámbitos de los negocios, la tecnología y la ética se está desarrollando, en esencia, a un ritmo que parece superar nuestra capacidad como ciudadanos de mantener conversaciones significativas y pausadas sobre los efectos de nuestras acciones en los demás. Lo que necesitamos es un compromiso para hablar honestamente sobre los desafíos que plantea la tecnología actual.

Ejemplos problemáticos de Facebook y Google

Dos ejemplos ilustran cómo la intersección de los negocios, la tecnología y la ética puede ser problemática. Primero, veamos los problemas recientes de Facebook. La red social vendió datos a compañías que intentaban influir en las elecciones presidenciales de EEUU de 2016. También ganó dinero por cerca de 3.000 anuncios de propaganda política de entidades extranjeras sin revelar quién los había contratado. Los resultados han sido devastadores para la compañía. Muchas personas han cerrado sus cuentas en la red social y el CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, tuvo que disculparse y defender a la empresa de las preguntas del Congreso de EEUU y de los reguladores europeos.

Google se ha enfrentado a problemas similares, pero con un desenlace completamente diferente. En 2006, Google comenzó a operar dentro del mercado chino bajo la condición de que Google censuraría cualquier contenido que las autoridades chinas consideraran ofensivo, como por ejemplo sobre las manifestaciones de la Plaza Tiananmen en 1989. Pero después de que piratas informáticos chinos comenzaran a atacar a la compañía y a las cuentas de Gmail de activistas de derechos humanos chinos, Google revirtió su decisión de ayudar al gobierno a suprimir información. Desde entonces, ha planteado una estrategia sin censura principalmente debida a las opiniones de sus stakeholders, mayoritariamente favorables a un Internet abierto.

Estos problemas, resultado de la implementación de las nuevas tecnologías, están teniendo profundos efectos en nuestra sociedad. De hecho, están teniendo profundos efectos en nuestra propia idea sobre nosotros mismos.

Cinco barreras a unas conversaciones necesarias

Necesitamos tener conversaciones cuidadosas, informadas y democráticas sobre cómo vamos a vivir con las nuevas tecnologías y sobre cómo podemos mitigar los involuntarios efectos negativos que inevitablemente van a surgir.

Lamentablemente, los procesos civiles que deberían favorecer tanto las buenas conversaciones como las soluciones innovadoras a los problemas parecen estar irremediablemente atascados en la política partidista y en otros asuntos institucionales. Por lo tanto, necesitamos que las organizaciones que se encuentran en medio de dichos problemas lideren las conversaciones. Nos referimos a nuestros negocios tecnológicos, nuestras escuelas de negocios e ingeniería y al menos algunas de nuestras instituciones políticas.

Hacerlo no será fácil. Necesitamos superar al menos cinco barreras para facilitar el tipo de conversaciones que precisamos tener.

Primero, en las universidades, muchos profesores no quieren salir de sus zonas de confort. Se muestran dubitativos a la hora de relacionar los emocionantes avances tecnológicos y los problemas éticos que inevitablemente plantean. Por ejemplo, podemos predecir la seguridad general de un mundo con vehículos autónomos, pero también tenemos que descubrir cómo resolver algunos de los problemas éticos como, por ejemplo, si un automóvil debe programarse para proteger a sus ocupantes o a los peatones. Los especialistas en ética reconocen este problema como una versión del "dilema del tranvía", un problema moral sumamente difícil de resolver:

“Un tranvía corre fuera de control por una vía. En su camino se hallan cinco personas atadas a la vía por un filósofo malvado. Afortunadamente, es posible accionar un botón que encaminará al tranvía por una vía diferente, por desgracia, hay otra persona atada a ésta. ¿Debería pulsarse el botón?”

En segundo lugar, existen malentendidos y desacuerdos sobre cuestiones éticas entre muchas personas. Cada vez más nos enfrentamos a problemas que hacen que los principios básicos de interacción sean irrelevantes o necesiten revisión. Una de las mejores ilustraciones es nuestra idea sobre la propiedad. Pensamos en la propiedad como una 'cosa'. "Este ordenador es mío, no tuyo, y puedo determinar cómo se usa." Pero cuando mucha de esa propiedad se digitaliza -por ejemplo, en código binario-, entonces dicha teoría sobre "cosas" comienza a descomponerse. La idea de "propiedad intelectual" está plagada de dificultades en un mundo donde reproducir y "robar" es muy fácil. Ello resulta en una seria diversidad de opiniones sobre lo que se considera "patrimonio" y "propiedad" e incluso "robo".

En tercer lugar, existe un malentendido respecto a los negocios. El mundo empresarial no es solo dinero y ganancias. Se trata de crear valor para clientes, proveedores, empleados, comunidades e inversores.

En cuarto lugar, de la misma manera, la tecnología no es solo artefactos y cosas. La tecnología se entiende mejor como una herramienta que permite (o impide) el desarrollo humano. La tecnología médica, como las articulaciones artificiales desarrolladas en parte por el médico británico Sir John Charnley, alivia mucho sufrimiento y permite a los beneficiados llevar vidas productivas. Pero la tecnología siempre tiene consecuencias impredecibles. Las primeras caderas artificiales se dislocaban con demasiada facilidad y tuvieron que cambiarse. Más sutilmente, estas herramientas pueden cambiar la forma en la que pensamos sobre nosotros mismos y nuestras relaciones con los demás. Pasando de una vida de dolor constante a poder volver a caminar sin dolor gracias a una doble prótesis de cadera, la tecnología nos ayuda a hacer frente al mundo en el que vivimos y cambia la forma en que una persona afronta el resto de su vida. Necesitamos participar en una conversación continua sobre dichos efectos, los buenos y los no tan buenos, y cómo podemos gestionarlos mejor.

En quinto lugar, tenemos un proceso de políticas públicas, especialmente en EEUU, que parece comprometido con malinterpretar la intersección de negocios, tecnología y ética. La música en streaming se ha convertido en la forma dominante con la que la mayoría de la gente escucha música. Es enormemente conveniente y económica, realmente una tecnología innovadora. Sin embargo, a los compositores todavía se les paga bajo decretos de consentimiento firmados por el Congreso en 1941, mucho antes de que existiera Internet. El resultado es que es muy difícil para los compositores ganarse la vida en una era de música en streaming prácticamente gratuita. Actualmente hay un debate sobre el cambio de este sistema por uno más moderno que esté más alineado con la tecnología.

Un camino por delante

Debemos tomar al menos cuatro medidas para superar estas barreras:

  • Necesitamos incluir a los niños en las conversaciones. Debemos hablar más explícitamente sobre la naturaleza de los negocios, la tecnología y la ética, y debemos comenzar dichas conversaciones en nuestras escuelas, desde las etapas de Primaria y Secundaria. El progreso en este punto puede ayudar a asegurar que nuestros niños desarrollen una mejor comprensión de unas fuerzas que afectarán en gran medida en sus vidas.
  • Precisamos de cursos obligatorios en las escuelas de ingeniería y de negocios sobre estos desafíos. Sus estudiantes deben analizar cómo los negocios, la tecnología y la ética están conectados mediante el examen de casos y problemas reales.
  • Necesitamos empresas de vanguardia para que tomen la iniciativa. Las compañías de Silicon Valley deben poner a la ética en el centro de sus actividades y tienen que conectarla tanto a sus rompedoras tecnologías como a sus modelos de negocio.
  • Requerimos procesos innovadores y sofisticados de políticas públicas en tecnología, negocios y ética. La sociedad necesita una revolución creativa de ideas que nos brinde nuevos modelos sobre cómo los tres ámbitos pueden conectarse.

Todas estas medidas deben ser adoptadas para hacer un mundo mejor para nuestros hijos y en el que merezca la pena vivir.

 

Freeman, Edward; Lashley, Seth. "Business, Technology, and Ethics: The Need for Better Conversations". MIT Sloan Management Review, 05/07/2018 (Artículo consultado online el 15/07/2018).

Acceso a la noticia: https://sloanreview.mit.edu/article/business-technology-and-ethics-the-need-for-better-conversations/

Suscríbete gratuitamente a nuestros boletines

Recibe noticias e ideas en Recursos Humanos.
Suscripción

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una mejor experiencia de navegación por nuestra web.
Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización.