Un informe del CESB sitúa como principales desafíos la modernización de las pymes y la paridad. La capital catalana empieza a tener muchas de las piezas del puzzle para afrontar con éxito la llamada cuarta revolución industrial, la que basa la producción en los sistemas de robótica, inteligencia artificial y uso del Big Data.

Según un estudio del Consell Econòmic i Social de Barcelona (CESB) presentado ayer, el área metropolitana de Barcelona se posiciona como una de las zonas más preparadas para afrontar los retos de la digitalización: la llegada de entros y empresas tecnológicas en los últimos meses y la fortaleza de los centros de investigación alimentan un ecosistema innovador que tiene como máximo exponente la capitalidad del Mobile World Congress.

La industria 4.0 representa ya el 17% del PIB del área metropolitana, y más del 4% de la riqueza de Barcelona ciudad. Con todo, el CESB, un organismo consultivo en el que están representados agentes sociales como sindicatos, patronales, universidades y entidades del tercer sector, identificó algunos de los principales retos para la industria del futuro. El primero y prioritario es que las pequeñas y medianas empresas, que representan más del 90% del tejido empresarial catalán, se adapten al reto digital, ya que según el CESB todavía es escasa la financiación, tanto privado como público. “En la Unión Europea no tenemos definida una estrategia común y sólida, y España por ahora es el Estado que menos recursos ha destinado para el desarrollo de la industria 4.0”, afirmó Marina Subirats, presidenta del CESB, que destacó que la falta de adaptación de las pymes contrasta con el ecosistema innovador.

La clave del éxito de Barcelona, aseguró, está en el talento local y en la captación de profesionales extranjeros. No obstante, Subirats alertó de que a las universidades y a la Formación Profesional les cuesta conseguir vocaciones de ingenieros, especialmente entre las mujeres. “Las ingenierías están estigmatizadas y son poco atractivas para las chicas que deciden la carrera, es nuestro principal desafío”, admitió Lluís Romeral, investigador de la UPC.

Uno de los mayores riesgos de la industria 4.0 es, según el informe, la destrucción de puestos de trabajo por la automatización y la robótica: en España, hasta el 12% de los empleos pueden desaparecer. Ante esta predicción, el CESB planteó una reducción de los tiempos del trabajo, un salario mínimo de ciudad y la cotización de las empresas según los robots que tengan. Un representante de Pimec, la patronal de las pequeñas y medianas empresas de Cataluña, llamó al optimismo en la presentación del informe, y recordó que el reclamo de Barcelonacontribuirá a la creación de nuevos perfiles profesionales.

“El problema es que se necesita a mucha gente con talento y con experiencia, y de momento no hay suficientes vocaciones en Cataluña como para darle la respuesta necesaria”, explica Jonathan Vila, que junto con Nacho Cougil organiza esta semana el JBCN Conf, un evento sobre programación Java que en esta edición ha doblado el interés de los patrocinadores. “El sector económico está entendiendo la importancia de los programadores, una profesión en la que casi no existe el paro: una persona con un ordenador e Internet puede ahora conseguir mucho más que las antiguas industrias”, añade Vila.

 

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