La digitalización se ha convertido en la fuerza motriz que impulsa el cambio en todas las industrias. Google tardó una década en cambiar para siempre el mundo de la publicidad y Apple tardó cinco años en transformar la industria de la música, mientras que Uber y Airbnb han reformado profundamente los sectores del transporte y de la hostelería en menos de dos años, y Netflix ha transformado completamente la industria cinematográfica.

Todos ellos han innovado, han revolucionado sus sectores de actividad logrando cambiar la forma de trabajar y de consumir productos y servicios. El impacto es tan grande y las ventajas tan evidentes que no ha sido necesario mucho esfuerzo en gestionar el cambio; el cambio ha llegado por sí solo, pero ¿cuáles son las razones de ello? Todos ellos han innovado, han revolucionado sus sectores de actividad logrando cambiar la forma de trabajar y de consumir productos y servicios. El impacto es tan grande y las ventajas tan evidentes que no ha sido necesario mucho esfuerzo en gestionar el cambio; el cambio ha llegado por sí solo, pero ¿cuáles son las razones de ello? 

Todos los casos mencionados, y muchos más que podríamos apuntar, se basan en hacer sencillo lo complejo, con rapidez, inmediatez y ubicuidad; en otras palabras, nos hacen la vida mucho más sencilla, fácil y agradable y, ante esta tesitura, es difícil oponerse al cambio, al contrario, vistas las ventajas, estamos dispuestos incluso a dedicar tiempo a buscar información y a autoformarnos de manera totalmente proactiva a fin de incorporarlas a nuestro día a día. ¿Cuándo empezamos a usar WhatsApp? ¿Fue sencillo? Ni lo recordamos…

 

Publicado en el número 330 de la revista, de abril de 2018.

 

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