Las Naciones Unidas lo han calificado como “el mayor robo de la historia”. A escala global, las mujeres cobran un 23% menos que los hombres. No obstante, la brecha salarial es especialmente baja en uno de los sectores más pujantes de la economía moderna: la tecnología. En EE.UU., en este sector, las diferencias se reducen de forma sensible: hasta el 4%.

Así resulta de un reciente estudio de la consultora Hired.

El porcentaje es más bajo que otros países, como Francia, Reino Unido y España, donde las discriminaciones están muy consolidadas. Aun así, los datos varían según las ciudades y las compañías.

“Varios factores contribuyen al problema de la desigualdad salarial de la industria tecnológica, incluidos los sesgos inconscientes, las políticas de compensación inconsistentes y la dependencia de los ingresos pasados para informar de las ofertas y expectativas salariales”, indican los expertos de Hired, que hacen una lectura más bien negativa de los datos. En San Francisco, la cuna de Silicon Valley, donde los salarios son en promedio más elevados (unos 142.000 dólares anuales), la brecha es más baja si se compara con otras grandes metrópolis, pero es superior a la media (un 8%).
“Las mujeres hoy están más preparadas que en el pasado. Y, como regla general, cuanto más bajo sea el nivel de formación que uno tenga, más cuesta llegar a la paridad. Ahora bien, es cierto que estas compañías tecnológicas adoptan una política salarial que podríamos calificar de más moderna o más cool”, señala Carolina Mouné, responsable de recursos humanos de Spring Professional.

Muchos factores explican por qué en la tecnología se discrimina menos. Por un lado, son compañías más recientes (y no arrastran políticas salariales anteriores ni tienen herencias culturales de otro tipo). Por el otro, al contratar a personas de alta formación (ingenieros, programadores), la mano de obra disponible en el mercado es más escasa, de allí que las empresas no estén en condiciones de hacer distinciones de género.

No obstante, la consultora Hired subraya que esta diferencia salarial, si bien mínima, tiende a aumentar con los años. Al cabo de 14, la divergencia se ensancha hasta el 8%. Esto ocurre porque los hombres son los que acostumbran a desempeñar altos cargos y algunas mujeres, ante la falta de conciliación, echan el freno en su carrera profesional.

Asimismo, parte de esta brecha salarial tendría su razón de ser en la manera peculiar de negociar las condiciones laborales en algunos estados, como California. En efecto, existe la costumbre (antes de que se cambiara recientemente la ley que impide a la empresa conocer el anterior salario), a la hora de contratar, de pedir al candidato cuál debería ser su remuneración.

Y aquí, según Hired, nacería la primera discriminación, porque las mujeres suelen pedir salarios más bajos que los hombres (en el 66% de los casos). Una especie de brecha autoinfligida. Para Mouné, “el hombre tiende a apostar más alto porque tiene una mayor autoestima. Pero esto también está destinado a cambiar: ellas también ahora se sienten valoradas”.

Esta experta, además, introduce un matiz generacional. “Los que trabajan en las tecnológicas ya pertenecen a los millennials. Y ellas, igual que ellos, se ven más preparadas y más fuertes”. Esto explicaría por qué la balanza salarial en este sector vaya siendo más equilibrada que en otros ámbitos.

Persiste otra brecha geográfica. En París, el sueldo de un trabajador en la tecnología es tres veces menor que en Silicon Valley. Otra discriminación.

 

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