El voto de Europa en contra de la directiva de las 65 horas de trabajo semanales debería ser también bienvenido por los británicos, sobretodo si tenemos en cuenta aspectos como los riesgos laborales asociados a una jornada excesivamente prolongada.

La Unión Europea llega de nuevo a vilipendiarnos este mes de diciembre. Esta vez prohibiéndonos trabajar demasiado tras el voto del Parlamento Europeo para acabar con el opt-out (superación voluntaria de la jornada máxima de trabajo que se aplica en Reino Unido). Las voces críticas, que sobretodo llegan desde el Reino Unido, alegan una intrusión en la libertad personal y una negación de la libertad de elección: según ellas la UE quedará en ridículo por esta tendencia a la sobreprotección y será castigada por negar a las personas el derecho a trabajar más con el objetivo de ganar más dinero.

Estos retorcidos y falsos argumentos sobre la política europea deben ser derribados. Los críticos ignoran a conciencia la raíz de la limitación europea en la cantidad de horas que cualquier persona pasa en el trabajo. El motivo no es solamente que los países civilizados no deberían tratar a sus trabajadores como esclavos, y no sólo porque limitar las horas permite a la gente tener más tiempo para sus propios asuntos y familias. Lo realmente importante es la seguridad –la del propio trabajador que trabaja muchas horas pero también la de las personas que le rodean. Este es el motivo principal que ha llevado a miles de trabajadores –entre ellos a muchos médicos- a Estrasburgo durante la semana de la votación para mostrar su apoyo a la legislación europea vigente sobre el tiempo de trabajo.

Aunque parezca increíble, el Reino Unido defiende vigorosamente su derecho a no seguir las normas de seguridad que protegen a los ciudadanos de cualquier otra parte de Europa. Pero esta no es una cuestión que pueda ser decidida únicamente por el Reino Unido: la seguridad es un asunto que nos afecta a todos en un mercado común –y las condiciones laborales también afectan a la competencia entre compañías de distintos países.

El tiempo del opt-out británico ha terminado. Se debería permitir que los ciudadanos de las islas disfruten de los mismos estándares civilizados que tienen sus socios europeos en términos de horas de trabajo.

El cansancio mata –como nos recuerdan constantemente las señales de tráfico que se pueden ver por toda Europa. Ese es el motivo por el cual los transportistas tienen desde hace años unos límites específicos en el tiempo que pueden pasar en la carretera. Todos conocemos las cosas terribles que pueden suceder cuando el conductor cansado de un vehículo pesado se estrella contra una fila de turismos –pero el cansancio afecta a todo el mundo en el trabajo, no sólo a los transportistas.

¿Quién quiere sufrir una operación a vida o muerte realizada por un cirujano que se está quedando dormido? ¿Qué pasa con el electrodoméstico que estás a punto de enchufar pero que ha instalado un operario exhausto? Pensarlo aunque sólo sea un momento te demuestra que en cualquier ámbito la fatiga crea situaciones de riesgo.

Los críticos han tirado el sentido común por la ventana. La razón nos dice que es una locura conducir sin atarse el cinturón de seguridad. También es de locos hacer la vista gorda con los peligros de dejar trabajar a alguien sin el descanso adecuado. Los críticos vociferarán que los límites en la jornada laboral dañan a la economía por la reducción en la producción, pero los hechos indican otra cosa. Gran Bretaña, con su excepción sobre el tiempo de trabajo, está en la parte baja de la tabla de productividad de la UE. Es competitiva únicamente porque tiene un gran número de trabajadores -2,3 millones según la Trade Union Congress, el mayor sindicato- que trabaja horas extra sin cobrar.

No es la limitación en las horas de trabajo lo que hará “saltar la banca”. De eso ya se han encargado los prestamistas de las hipotecas sub-prime. La alta productividad que todos perseguimos no se logrará trabajando más horas, sino mediante unas condiciones de trabajo seguras y saludables y con el desarrollo del talento de los trabajadores. Nuestros altos estándares de vida son una fortaleza, no una debilidad. Nuestra aspiración debería ser hacer llegar ese bienestar a los trabajadores de cualquier parte del mundo; no volver hacia atrás e imponer condiciones coreanas en nuestras fábricas.

Para Europa como conjunto, la única manera de asegurar una competencia justa entre empresas es tener las mismas normas para todos, lo que incluye la jornada laboral.

¿Qué ocurre con el argumento de que las personas deberían ser libres de trabajar más horas para poder ganar más dinero? La realidad es que trabajar más tiempo fomenta un menor salario. En el sector del transporte, donde se han recortado los horarios, los salarios en realidad han subido.

De hecho, las normas no prohíben a las personas trabajar más horas –o incluso trabajar mucho más de 48 horas- en una semana. El cálculo del tiempo de trabajo se hace por años, y no de semana en semana. Por ello los temporeros, por ejemplo, podrán hacer las horas que necesiten durante la cosecha y recuperarlas luego en otro momento del año.

Las naciones europeas hemos creado una gran civilización. Pero la civilización es algo más que llenar museos de grandes obras de arte. Para muchos de nosotros lo que distingue a una gran civilización es el modo en el cual tratamos a los ciudadanos. Los europeos deberíamos tratar a nuestros trabajadores de un modo que nos honre, no que nos avergüence.

Acceso a la noticia: http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2008/dec/17/eu-working-time-limit

* Hughes, Stephen. “The British opt-out’s time is up”. The Guardian, 17/12/2008. (Artículo consultado on line: 30/12/2008)

Suscríbete gratuitamente a nuestros boletines

Recibe noticias e ideas en Recursos Humanos.
Suscripción

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una mejor experiencia de navegación por nuestra web.
Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización.