La marea que inundó las calles de todo el mundo el 8 de marzo, Día de la Mujer, fue un acto reactivo y espontáneo por parte de manifestantes de todas las edades emocionadas, reconociéndose en el motivo de la protesta. Del mismo modo que emergió esta unión, están apareciendo proyectos de mujeres que altruistamente ayudan a otras de menor edad para que puedan sortear las dificultades de género. Es el caso del programa Púlsar "Mentoría de mujeres de éxito para chicas brillantes", propulsado por la Fundación everis y en el que participa la Directora de la Fundació Factor Humà, Anna Fornés.

La marea que inundó las calles españolas el 8 de marzo, día de la Mujer, fue un acto reactivo y espontáneo por parte de manifestantes de todas las edades emocionadas, reconociéndose en el motivo de la protesta. Del mismo modo que emergió esta unión, está apareciendo a la superficie miles de complicidades de mujeres que altruistamente ayudan a otras de menor edad para que puedan sortear las dificultades de género.

Las iniciativas que aquí se relatan, basadas casi todas en una mujer que ayuda a otra mujer, se ciñen al ámbito tecnológico, donde el género femenino es minoría (un 20% en carreras tecnológicas), pero son extensibles a otros campos. La novedad es que cuajan como programas definidos aquello que muchas mujeres hacían de forma informal y, por tanto, el fenómeno sale del anonimato y puede cuantificarse. Como dice Mireia Furriol, ingeniera industrial en la multinacional HP y que lleva 20 años liderando equipos, “ayudar a las ingenieras que entraban en la empresa, orientar a mis sobrinas, a las amigas de mis hijos ... es algo que siempre he hecho de forma natural. Ahora que participo en el programa de mentoría de la UPC siento mi labor apoyada y reconocida”.

Furriol ayuda a una estudiante en sus primeros pasos al mundo laboral. La ingeniera de telecomunicaciones Sandra Sans orienta, guía y aconseja a una niña de secundaria. La estudiante de bachillerato Olivia explica la ciencia y tecnología en el CosmoCaixa a pequeños visitantes. Paula Huertas y otras ingenieras de la UPC van por los institutos con su escape room de tecnología para que las niñas vean que es un área divertida. Y, finalmente, la alumna de la UPF Cristina Agell explica en centros de alta complejidad las ventajas de estudiar en la universidad. Todas son voluntarias y a algunas les mueve, además de la igualdad de género, la equidad.

El programa Mentoría M2m, enmarcado en el plan de igualdad de género de la UPC, forma parejas entre una ingeniera empresaria, directiva, académica o profesional con universitarias del campus como Judit Doral, la mentorada de Mireia Furriol, que acaba de terminar el grado de Ingeniería en Automoción y está cursando un máster. Este año se han formado 25 parejas de este tipo. “Pensé –recuerda la estudiante– que la mentoría con una mujer profesional (con larga trayectoria y en un puesto de responsabilidad) era una gran oportunidad para informarme y tomar mejores decisiones respecto al máster que realizar y trabajos que aceptar o no. Efectivamente, he optado por el máster mucho más segura, estoy mirando las opciones de trabajo y me ha ayudado en cosas tan aparentemente triviales pero importantes como la forma de vestir en una entrevista de selección en un ámbito muy de hombres”. ¿Con falda? ¿Masculinizada? ¿Neutra? Furriol le aconsejó que fuera como una mujer ingeniera, es decir, como ella misma, porque la profesión no es una identidad. “Parece un consejo de madre, pero si te lo dice alguien de fuera haces más caso”, subraya Furriol.
Se ven una vez al mes desde el inicio de curso y preparan los encuentros por objetivos. Doral, que tiene 25 años, escogió un máster en robótica en la escuela Etseib de la UPC y cursa prácticas en el taller de chapistería de la Seat. Se plantea ir dos años a Japón, con todo lo que esta decisión comporta a nivel profesional y familiar. Frases como “¿Este trabajo que te han ofrecido lo habrías buscado?” o saber que no es debilidad mostrar la inseguridad sino honestidad le allanan el camino. Para Furriol, “sus preguntas te ayudan a reflexionar sobre cómo lo hiciste tú y ves las decisiones que tomaste y por qué lo hiciste, el recorrido que has hecho hasta llegar aquí”, afirma.

Sandra Sans es ingeniera de Telecomunicaciones, tiene dos hijos, un niño de 12 y una niña de 10 años. Y cuando en la consultora Everis propuso hace tres años un programa de mentorías entre profesionales referentes y chicas de secundaria y bachillerato con brillantes notas pero con expectativas pobres respecto a su propia capacidad o sin referentes universitarios en su entorno familiar, no lo pensó: “Hay que sumar”, dice.
El programa Púlsar consiste en una cita de una hora al mes donde la mentora y la mentorada charlan. Sans explica que la relación fluye fácil desde el primer momento y que es la oportunidad de conocer de cerca a una adolescente, “verla crecer”, reconectar con esa etapa del pasado. “Ellas lo ven como una gran oportunidad y yo me siento feliz de dar sin esperar nada a cambio porque en mi vida todo es muy transaccional, todo está medido, y esto se parece más a una aventura, un acompañamiento en el que no sabes qué va a suceder y sientes que lo que das tendrá efectos, algunos los ves y otros seguramente no sucederán hasta al cabo de un tiempo. Probablemente nunca los conozca pero no importa porque sientes que está bien lo que haces”, concluye.

Este programa propulsado por la Fundación Everis que se inició en Madrid y Barcelona en el 2014 se ha extendido a otras ciudades y países como México, Brasil y Perú. La directora de la fundación, Karla Alarcón, explica la facilidad con la que se ha extendido el programa de boca en boca, atrayendo a directivas y profesionales que nunca se habían visto impulsadas a acciones solidarias. “Las mentoras (ingenieras, profesoras, empresarias, directivas, periodistas) dicen que este proyecto tiene alma y las adolescentes, que puntúan con un 8,9 su nivel de transformación, nos reafirman que una acción puntual en la vida de una persona puede abrir muchas ventanas”, indica Alarcón para quien el nuevo reto es que las mentoradas puedan ejercer de mentoras pasados unos años.

La UPC inicia, después de Sant Jordi, un programa similar: t’STEAM, donde estudiantes de la universidad establecen una relación de mentoría con niñas de secundaria. Precisamente de esta misma universidad procede Paula Huertas, de 25 años, estudiante de Ingeniería que ha fundado con otras ingenieras de distintas especialidades (telecomunicaciones, industriales, caminos, aeronáutica) una asociación sin ánimo de lucro, 'YoungITGirls', para fomentar la tecnología en los colegios, hartas de ser el género minoritario en las clases. “No queremos hablar de ingeniería, queremos que las niñas se diviertan con ella”, explica Huertas. Para ello han diseñado un escape room para la edad de primaria con retos matemáticos y tecnológicos, en las que se necesitan robots, gafas de realidad virtual y mucho ingenio para superar las pruebas y volver a activar la máquina del tiempo. “Me gusta enseñarles a las niñas lo chulo que es la tecnología para que no tengan prevención. La sociedad será digital y tecnológica y no se puede dejar aparte a la mitad de la población”, sostiene.

Prevención es lo que sentía Olivia Dove, de 17 años, alumna de bachillerato del instituto Costa i Llobera con excelentes notas en su expediente, especialmente, en ciencias, y con el deseo de estudiar una carrera científica como Genética. “Antes de integrarme en el programa Explainers de CosmoCaixa –indica– pensaba que los científicos eran todos unos frikis. Yo no quería formar parte de un grupo como los que se ven en las series de televisión, aunque me gustara la ciencia. Por otro lado, siempre he jugado con juegos de química y tecnológicos. Por eso fue un acierto apuntarme a este proyecto”. Explainers es un poco conocido programa que ofrece CosmoCaixa a las escuelas, inspirado en la idea de Frank Oppenheimer, físico americano fundador del museo de ciencia Exploratorium de San Francisco en 1969 y que ha dado lugar a numerosas vocaciones científicas. Los jóvenes “explican” a los más pequeños las propuestas del museo de la ciencia. Previamente reciben formación científico-tecnológica, comunicación y conocen a fondo las instalaciones. “Los científicos que he conocido son gente normal, igual que mis compañeros explainers. Pienso que si las niñas me ven entusiasmada con lo que hago no pensarán que la ciencia es sólo de frikis”, afirma Olivia.

En un campo ni tecnológico, ni científico, Cristina Agell, de 20 años, estudiante de Derecho y Políticas en la Universitat Pompeu i Fabra (UPF) se apuntó al programa Horitzons 2017-2018 a través del que da charlas a institutos de Ciutat Vella donde solo el 15% de los chavales de bachillerato continúan su formación superior. “Muchos piensan ‘la universidad no es para mí’ y me gustaría que vieran que está a su alcance, que las ventajas son mayores que los inconvenientes y que todos pueden”. Esas clases son mayoritariamente femeninas (de 15 chicas a 3 chicos). “Soy consciente de que mi presencia es un factor de confianza para que las alumnas participen en la charla y que por ser mujer ejerzo un rol de referencia”.

 

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