Entrevista de El Mundo a Juan Antonio Sagardoy, académico de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y de la Academia Iberoamericana de Derecho del Trabajo y Seguridad Social: "Entre jubilados, parados, incapacitados, etc., tenemos unos 12 millones de personas que reciben prestaciones del Estado; casi lo mismo que el número de trabajadores en el sector privado. Y en siete autonomías, hay más subsidiados que asalariados."

Su figura ha sido clave en la legislación laboral en España, Juan Antonio Sagardoy (Pitillas, Navarra, 1935) fue catedrático de de Derecho del Trabajo de la Universidad Complutense, es académico de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y de la Academia Iberoamericana de Derecho del Trabajo y Seguridad Social. Medalla de Oro al Mérito del Trabajo, conoce el mundo de la empresa. Fue consejero de Telefónica.

Movilizaciones como la de los pensionistas nos recuerdan lo que la ciudadanía espera de nuestro Estado de bienestar. ¿Se están agrietando sus pilares básicos?

El Estado de bienestar social que hemos creado, más bien se debería denominar el Estado de medioestar. No podemos pretender que desde la cuna, la persona que nace tenga asegurados con unos estándares altos, o por lo menos no bajos, la Educación, la Sanidad, una renta básica cuando no tenga medios, la jubilación... Los servicios del llamado Estado de bienestar tienen unos topes que son las posibilidades económicas. Tengo una frase acuñada desde los años 80: no todo lo socialmente deseable es económicamente posible. Al lado de todo reformador social tiene que haber un contable. Negar esta evidencia es engañar.

En semanas como esta, el contable mira el déficit de la Seguridad Social y el político escucha en la calle las exigencias de los pensionistas...

Las pensiones son un pilar indispensable de nuestra arquitectura social. Nuestra democracia, nuestra convivencia y hasta nuestra existencia no se entendería, ni sostendría sin un sistema público de pensiones. Pensemos que el 70% de los mayores de 65 años no tienen otro ingreso que su pensión. De ahí la importancia enorme que tiene el tema. Pero hay que estar en la realidad. Somos el país más envejecido del mundo junto a Japón. Estamos ante un gran problema que viene de la demografía y de la estructura de la financiación. Entre jubilados, parados, incapacitados, etc., tenemos unos 12 millones de personas que reciben prestaciones del Estado; casi lo mismo que el número de trabajadores en el sector privado. Y en siete autonomías, hay más subsidiados que asalariados.

¿Tiene solución nuestro sistema de pensiones?

Tenemos un sistema de reparto y el problema está servido.Cada vez hay menos que aportar al pastel a repartir, y sin embargo, hay más perceptores del reparto, y durante más tiempo. En 2050, el 40% de la población española tendrá más de 65 años. Serán inevitables las medidas de reducción de las cuantías de la pensión, ampliación de los períodos de cotización, etc. Pero sobre todo medidas estructurales de cambio en la financiación, combinando el sistema de reparto con el de capitalización, de modo que se monten sistemas mutuales y personales de planes de pensiones. Siento decirlo, y además sería engañoso, pero el modelo actual a medio y largo plazo es insostenible. Es necesario un Pacto de Estado que aborde la cuestión.

¿La solución al problema pasa por el fomento de los planes de jubilación privados?

Hay ir a un sistema mixto de reparto y de capitalización. Hay que fomentar el ahorro desde jóvenes con incentivos fiscales. El problema es que mientras no suban los salarios, parece un sarcasmo pedir a los jóvenes que ahorren para mañana porque no tiene para vivir hoy. Dicho esto, la cuestión es que hay que cambiar el sistema de financiación y tenemos que meternos en la cabeza que ahora mismo en España el importe de la pensión respecto al último salario es cercano al 80% y la media en Europa es el 49%, aunque es importante tener presente que los salarios son más altos en los principales países de la UE.La pensión pública inevitablemente bajará y el resto se cubrirá con mutualidades y ahorros en planes de pensiones.

¿Sería partidario de alargar la vida laboral?

Vivimos en una sociedad de viejos que además están jóvenes, en plena forma. Siempre que no se tapone a los jóvenes, me parecen interesantes las medidas encaminadas a que un jubilado pueda trabajar al 100% y cobrar su pensión. ¿Qué daño hace esto? Todo son bienes, para él y para la sociedad en la que convive, genera salarios, paga impuestos, gastos de consumo... Hay personas con 65 años que están en forma y no saben qué hacer en casa. Esto es otra cosa tremenda: España es un país que no tiene hobbies. En la cultura anglosajona, unos arreglan radios, otros hacen miniaturas de barcos... aquí se pasan toda la vida trabajando y cuando llega la jubilación, no tienen más que jugar al Mus e irse a tomar una copa con los amigos. El jubilado pasa de levantarse a las 7 de las mañana para irse a trabajar a no tener nada que hacer.

Esta dedicación casi exclusiva al trabajo en los años de vida laboral conecta con otra de las reivindicaciones sociales que se ha colado en la agenda política tras el 8 de marzo, el de la conciliación.

Uno de los hechos más relevantes de la historia laboral es la incorporación masiva de la mujer al mundo del trabajo en el siglo XX y el fenómeno es imparable. Pero en esta cuestión, hay mucho apasionamiento y poca seriedad. Hay quienes defienden a ultranza la igualdad de la mujer y el hombre en el seno de la familia y mantienen sin ningún matiz que una vez nacido un hijo su cuidado es totalmente indiferente que lo haga la mujer o el hombre. Otros, defienden posturas más matizadas, al menos en los primeros años de vida de los hijos. Pero lo que no hay duda es que el embarazo, el parto y los cuidados del hijo al principio tienen especial repercusión en el trabajo de las mujeres. Y por eso la legislación laboral dicta muchas normas protectoras de la mujer, que tienen una incidencia clara en los costes laborales para la empresa.

Pese a todo, las estadísticas hablan de una brecha salarial que se acentúa con la maternidad...

Esto es algo tan evidente y justo que no tiene discusión. Tan es así que el artículo 14 de la Constitución y los artículos 4, 17 y 28 del Estatuto de los Trabajadores son claros y contundentes en que a igual trabajo igual salario. No puede decirlo más claro. Por ello, el tema es de cumplimiento, de inspección de trabajo.

Más allá del tema salarial, ¿qué puede hacer la legislación laboral para garantizar que la mujer tenga igualdad de oportunidades en su carrera profesional?

La incorporación de la mujer al mundo laboral es deseable y es lógica. Pero es un tema complicado y profundo. Conozco casos dramáticos para mujeres que les cae todo lo del trabajo y todo lo de casa. Pero no podemos entrar en frases demagógicas del 'yo igual que tú' y 'tú igual que yo'. Hay que ver la realidad, cómo se concilia y qué se hace para que la empresa no rechace a las mujeres por las cargas que se le suponen. Tiene que ser un tercero -que podría ser la Seguridad Social- el que cargue con los costes de la conciliación. De lo contrario, es humano que el empresario contrate a hombres. Y eso no es ir contra la mujer.Es lógico que el empresario elija lo que le cueste menos. Las medidas de conciliación tienen un coste para la empresa en descansos y para que el empresario no tenga preferencias por un sexo, ese gasto debe afrontarlo un tercero.

Este asunto afecta directamente a la familia, un asunto al que usted ha dedicado varios escritos...

La familia es la piedra angular de la sociedad. Pero está en crisis.Primero, porque la baja natalidad ha cambiado el modelo español. Pero también por otros fenómenos.Existen más familias monoparentales que hace unos años; se han incrementado los divorcios; el trabajo de los padres ha dejado un hueco en la educación familiar de los hijos... A pesar de todo en España la familia sigue ocupando un papel primordial. Las encuestas dicen que lo que los españoles valoran por encima de todo es la salud y la familia.

¿Y los poderes públicos le prestan la atención merecida?

No. Y es una pena. Es un tema en el que pesa mucho la demagogia. La ayuda a la natalidad, la familia numerosa... son asuntos que se abordan con un halo de franquismo y uno se queda perplejo. Tener hijos no es franquista, esto es algo de sentido común.

Usted ha jugado un papel protagonista en las relaciones laborales de este país desde la Transición. ¿Qué nos dice de España su mercado laboral?

La historia del mercado laboral pesa mucho en el presente. Tenemos que ser conscientes de ello. Yo estoy a caballo entre dos épocas: la dictadura y la democracia. Durante 40 años, tuvimos un régimen laboral muy intervencionista, muy proteccionista y absolutamente dispar de lo que era el modelo europeo. Hoy diría que España es un país muy homologable al resto de Europa en normativa y hábitos, aunque destacaría, en lo negativo, los horarios tan irracionales, el culto a la presencia física en el trabajo y el nomadismo que impone la excesiva temporalidad.

Seis años después de la reforma laboral de 2012, ¿qué balance hace de sus medidas?

La reforma laboral de 2012 era inevitable en un mundo globalizado y competitivo. En mi opinión, ha tenido como gran dato positivo la flexibilidad en las condiciones de trabajo, de modo que la empresa puede adaptarse a los cambios del mercado. El empresario pide al legislador que entienda sus problemas y se los resuelva. Cuando la empresa no tiene mercado y tiene dificultades para colocar sus bienes y servicios, la ley no puede desconocer esa realidad y tratarla igual que cuando vive una época de euforia. Esa flexibilidad para ajustar plantillas en épocas difíciles no existía en la legislación española. En el año 12, la gran novedad no fue el despido, que quedó parecido a antes. La gran modificación es que se dio al empresario instrumentos y mecanismos para que cuando la empresa tenga problemas o quiera ser más competitiva pueda actuar en sus relaciones laborales.

La izquierda no acogió bien esa «flexibilidad»...

Los partidos políticos abrazan tesis que luego en privado no defienden con tanta firmeza. La preservación del empleo muchas veces requiere sacrificios a los que la izquierda se opone desde el punto de vista ideológico porque tiene que hacerlo, pero no porque sea lo más racional. Lo hemos visto cuando elPSOE ha gobernado en España. En el año 94, hizo una reforma muy importante del Estatuto de los Trabajadores en la que se amputaron, por decirlo de alguna forma quirúrgica, derechos de los trabajadores.Pero fue muy positivo lo que se hizo.

¿Cree que los trabajadores españoles han jugado un papel importante en la salida de la crisis?

Los grandes sufridores de la crisis han sido los trabajadores y los pequeños empresarios. Muchos trabajadores, además de perder su empleo, han sufrido un importante deterioro en sus retribuciones, hasta el punto que, según diversos estudios, España, que encabeza la recuperación económica de la UE, es el país (sólo superado por Holanda y Finlandia) en el que los salarios tienen peor poder adquisitivo. Ha sido y sigue siendo una travesía muy dura. Ahora hay un clamor por el incremento de los salarios, encabezado por la Organización Internacional del Trabajo. Pero desde luego en la salida de la crisis ha sido decisivo el sacrificio que han hecho los trabajadores españoles aguantando el estancamiento y en muchos casos, bajadas de sus salarios. Ha sido algo heroico y que debe reconocerse a ellos y a sus representantes sindicales.

¿Siguen siendo necesarios los sindicatos?

Si los sindicatos no existieran, habría que inventarlos. Todas las organizaciones tienen claroscuros en sus actuaciones, pero que los trabajadores tengan una voz potente a través de sus sindicatos es algo esencial en el conflicto de intereses entre empresarios y trabajadores inherente a las sociedades modernas. Es el modo institucional de superar el conflicto. EnEspaña, los sindicatos han promovido huelgas para pedir mejoras que en España han sido importantes, pero siempre con responsabilidad y con acierto en el modo y el momento. Pero los sindicatos no pueden tener en el siglo XXI los mismos caracteres que en el XIX y XX. El siglo XIX fue el siglo de las máquinas; el XX de la técnica y el XXI de las personas. Los recursos humanos han cobrado un gran protagonismo y los sindicatos deben avanzar en su presencia entre los trabajadores cualificados. Hay, por ejemplo, en Alemania, congresos sindicales en los que se da relevancia al medio ambiente. Los sindicatos deben estar atentos a los trabajadores más allá de su contrato de trabajo.

¿Han perdido credibilidad porque en ese conflicto han estado demasiado próximos a la política?

Los sindicatos siempre han tenido un sesgo político y normalmente hacia partidos de izquierda, aunque también, en ocasiones, han sido confesionales, católicos...Esa ligazón entre sindicatos y política ha existido siempre y para ellos no es positivo.Pero lo saben y han ido separándose de esa servidumbre.

¿Cómo está cambiando la economía digital las relaciones laborales?

La economía digital se enfrenta a muchos los retos. Empresas virtuales, formas de trabajo cada vez más flexibles, desarrollo del trabajo autónomo, una población trabajadora cada vez más envejecida, el auge de los robots... Son nuevas realidades que exigen repensar las ideas clásicas de trabajo y, por extensión, de los sistemas de protección social y del justo reparto de la riqueza. Esta reflexión debe realizarse de forma inmediata pues lo cambios son vertiginosos y requieren también de soluciones rápidas porque están en juego muchos miles de puestos de trabajo.

 

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