Entrevista de "La Contra" de La Vanguardia a Christophe Dejours, psiquiatra, investiga la relación entre trabajo y salud mental: "La evaluación individual provoca la competitividad generalizada, lo que altera profundamente las relaciones en el trabajo donde la ayuda mutua desaparece."

Tengo 68 años. Parisino. Catedrático de Psicoanálisis-Salud-Trabajo en el Conservatoire National des Arts et Métiers, donde dirijo el laboratorio de Psicología del Trabajo. Casado, tres hijas. La degradación del trabajo que ha instaurado el modelo neoliberal nos enferma. Soy agnóstico.

¿El trabajo es parte esencial de nuestra identidad?

Sí, y por tanto puede ser el vehículo para nuestra realización o para nuestra destrucción.

Usted estudia lo segundo.

Desde finales de los años noventa se ha dado una transformación muy profunda de la organización del trabajo. Los técnicos e ingenieros han sido reemplazados por gestores.

Que no necesariamente entienden de la materia que deben gestionar.

En absoluto. Se encargan de la gestión de costes: de stocks, del tiempo, del personal; y sus herramientas, la evaluación individual del trabajo, los criterios de certificación, las normas ISO..., ya no miden la calidad del trabajo sino la cantidad.

¿Y eso qué provoca?

La evaluación individual provoca la competitividad generalizada, lo que altera profundamente las relaciones en el trabajo donde la ayuda mutua desaparece.

Es el sálvese quien pueda.

Sí, instalando la desconfianza y el miedo, lo que provoca diversas patologías. Los trastornos musculoesqueléticos son la enfermedad profesional que más aumenta en Francia.

¿No se debe a una mala postura?

No, se trata de tensión, afecta a todo tipo de trabajadores y es una catástrofe en la salud pública. También aumentan el burn out y el karoshi.

¿Muerte súbita?

Ocasionada por una hemorragia cerebral sin que hubiera ningún factor de riesgo cardiovascular. Y se ha disparado el consumo de drogas para aguantar el ritmo de trabajo. Sabemos que en las cadenas de montaje se consume cocaína.

Aumentan los suicidios en el lugar detrabajo.

La estandarización a través de la aplicación de protocolos crea entre los profesionales mucho sufrimiento ético. Comerciales, médicos, jueces, anestesistas... los aplican sabiendo que en muchos casos las repercusiones serán nefastas.

¿Un fenómeno nuevo?

Apareció en el año 2000 y se da en todos los países occidentales. En France Télécom en seis meses en el 2009 se suicidaron 35 personas, y un total de 60 entre el 2007 y el 2010 .

¿Lo ha investigado?

Sí, se manifiesta en personas dedicadas, sólidas y bien estructuradas cuya organización los impulsa a contribuir en prácticas que ellos condenan: empleados de centros de llamadas que se ven obligados a mentir al cliente; médicos a los que se les pide que detengan la reanimación de un paciente para recuperar los órganos para trasplantes para aumentar el rendimiento de un hospital...

¿El trabajador es más manso que nunca?

Sí, porque la evaluación personal ha destrozado la solidaridad y la confianza. En las multinacionales ves que los ingenieros con mesas continuas prefieren comunicarse por e-mail. La gente tiene miedo los unos de los otros.

Vivimos en la inseguridad.

La presión es tan grande que nunca se habían visto tantas prejubilaciones. En los hospitales en Francia hay miles de puestos vacantes para médicos jefes de servicio.

¿Por qué lo toleramos?

Destruida la solidaridad, las estrategias que desarrollamos para defendernos de esa presión laboral a nivel colectivo pasan por intentar integrar el sufrimiento.

Póngame un ejemplo.

Hoy la mano de obra se basa en la subcontratación en cascada, el trabajo precario. Los obreros le dan la vuelta asumiendo el riesgo laboral como un juego. Son habituales las novatadas, en las que obligan al nuevo a trepar sin arnés al edificio en construcción y allí lo suspenden colgando de una grúa y lo columpian en el aire.

¿Tiene usted alguna solución?

Debemos organizar el trabajo de otra manera. Desde nuestro laboratorio hemos puesto en marcha hace ya diez años otro modelo de gestión que está funcionando muy bien.

¿Qué propone?

La cooperación horizontal, vertical, con los clientes, y transversal (entre médico y paciente, profesor y alumnos, productor y consumidor). El resultado es una mayor productividad porque optimiza el tiempo, la eficacia y la calidad.

Escribió usted un informe al respectopara el Gobierno francés.

Sí, con un comité de expertos, pero fue archivado.Las multinacionales y los estados prefieren perder en calidad y en salud mental y ganar en dominio y control, porque eso debilita la posibilidad de que la gente se organice y proteste. ¡En Francia ya no hay huelgas!

No parece que el sistema vaya a cambiar.

No, pese a que hay señales claras de que el modelo está en crisis y que destruye el tejido social y la democracia, de ahí la ascensión de la derecha en toda Europa.

Pero este modelo se impone porque muchos colaboran.

Sí, ejecutivos, gerentes, personal de recursos humanos, supervisores y técnicos que contribuyen a la flexibilización del trabajo, el abuso y la precariedad sabiendo que es moralmente reprobable. Su manera de aguantar es no pensar centrándose en el trabajo y obedeciendo.

¿Y a ellos no les afecta?

Muchos padecen estrés y trastornos cognitivos: no pueden distinguir lo que es justo y lo que es injusto, e incluso lo que es verdad de lo que es falso en la propia naturaleza del trabajo.

 


Inoperante

Lleva tres décadas investigando cómo afecta el trabajo en nuestra salud y tiene escritos varios libros. El panorama que describe es desolador: la cantidad ha sustituido a la calidad; la gestión del trabajo, ejercida por directivos que poco saben de lo que deben gestionar y sus herramientas de evaluación, la precarización y la inseguridad convierten trabajar en un infierno lleno de enfermos y hacen el sistema poco productivo... “Pero las elites económicas y los estados prefieren el control que ejercen a través del miedo a la productividad”. El resultado es un tejido social enfermo y una tendencia a los sistemas totalitarios. Ha impartido una conferencia en la Sociedad de Estudios Psicosomáticos Iberoamericana (SEPIA).

 

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