Exagerar o embellecer la vida laboral puede llamarse de muchas maneras, aunque el no decir la verdad en el currículo, por exceso o por defecto, es una costumbre que frecuentan desde jóvenes inexpertos en busca del primer empleo hasta altos ejecutivos.

Hay casos famosos, y la política nacional es un vivero de engordadores, desde Luis Roldán hasta los «estudios de Economía y Derecho» de José Montilla, pasando por la supuesta formación de José Blanco, las imprecisiones curriculares de Celia Villalobos o las de Bernat Soria, entre las que se cuenta un periodo de formación investigadora (1979-1980) junto a Erwin Neher y Bert Sakmann (Premio Nobel de Medicina), con los que el ministro de Sanidad no coincidió.

Pero no es el único. Robert Irvine, chef estrella del canal de televisión por cable Food Network, perdió su trabajo, su fama y su prestigio cuando se descubrió que nunca había cocinado para Ronald Reagan ni para George Bush (padre) en la Casa Blanca, y tras quedar comprobado que las referencias facilitadas por la Familia Real británica no coincidían con su currículo: ni era Sir, ni repostero de Su Majestad, ni dueño de un castillo regalado por Isabel II.

Precisamente las referencias, junto con la documentación que se solicita son, a juicio de Eduardo Vizcaíno, consejero delegado de Sales Hunters, los principales mecanismos de control en un escenario en el que "se suele mentir más en los perfiles menos cualificados y en el que lo más habitual, además de en idiomas, es faltar a la verdad en experiencia y funciones desarrolladas".

María Hurtado, consultora senior de Randstad, añade a los mecanismos de control "la entrevista inicial –un filtro para comprobar hacia qué trabajo orientamos al candidato– y, posteriormente, la entrevista más especializada». Hurtado explica que en caso de engaño respecto a los títulos académicos «las empresas exigen determinados estudios, y al pedir el título correspondiente muchos candidatos se retiran por su cuenta del proceso".

Las consecuencias

La exageración en los títulos ha terminado con las carreras de directivos como Gregory Probert, presidente de Herbalife Ltd., que tuvo que renunciar en abril de 2008; o con la de la decana de admisiones del Massachusetts Institute of Technology, Marilee Jones. Sin olvidar el disparo en el pie que supuso para James Minder, presidente del fabricante de armas Smith & Wesson, el haber ocultado en su currículo una estancia en prisión en la década de 1950; ni el descrédito que sufrió el CEO de Bausch & Lomb, Ronald Zarrella, al descubrirse que nunca había cursado un MBA, a pesar de lo cual la compañía le permitió seguir en su puesto.

Según un estudio realizado por Gabriel Giordano, profesor del IESE, un 40% de los currículos que reciben las empresas contiene datos erróneos, o que no son verdad.

Alfonso Medina, socio director de Dopp Consultores, explica que "siempre ha habido candidatos que no responden a la verdad cuando se abordan temas delicados", y añade que las "mentiras" se refieren sobre todo al historial profesional –ocultar experiencias negativas, periodos de inactividad o trabajos que han durado poco–; a responsabilidades, adaptando éstas a lo que se cree que quiere el interlocutor; o a inflación de conocimientos, en idiomas e informática casi siempre. Medina cree que en tiempos de crisis "también se rebajan las retribuciones y las responsabilidades ( 'soy responsable de administración ' en vez de decir 'soy director financiero '). Estamos en un escenario en el que se inflan los currículos, pero también se da, en el caso de altos directivos, el desinflar la trayectoria profesional".

Dolors Poblet, directora de negocio de selección en Manpower Professional, afirma que el conocimiento de idiomas es "el engaño típico", y sostiene que para verificar estos conocimientos se suelen hacer pruebas de nivel. "Antes de la comprobación algunos candidatos te confiesan que no saben tanto como decían".

Un cambio de tendencia

Jesús Echevarría, director nacional de selección de Adecco Professional, asegura que la manipulación del currículo entre aquellos que optan a trabajos menos cualificados se refiere principalmente a experiencias que no se han realizado, mientras que los más cualificados faltan a la verdad en funciones y responsabilidades, básicamente.

Echevarría asegura además que en el escenario actual de crisis, con menos ofertas y cifras de paro crecientes, "las candidaturas se basan en la estabilidad. Nadie se mueve de su puesto; y la gente que está en paro se enfrenta a una situación de mayor competencia, por lo que hay candidatos que tienden a 'manipular ' su currículo".

Marta Merino, directora general de Ábaco Siglo XXI, coincide en que "ahora la mayoría de los candidatos –entre los que destacan los hombres con edades superiores a 45 años que provienen de los sectores industrial, automoción, construcción, servicios y márketing, con un nivel de formación y experiencia bastante alto– están desempleados o temen por su puesto de trabajo, mientras que antes la mayoría de los currículos que nos llegaban eran de personas interesadas en cambiar de empleo o de ciudad, con ganas de mejorar y de dar un giro a su vida. Este año ha crecido el número de parados y de personas que se enfrentan o temen que se produzca un expediente de regulación de empleo (ERE) en su empresa".

A la toma de referencias para detectar los engaños, Echevarría añade la entrevista de incidentes críticos, que sitúa en un contexto real la experiencia del candidato.

Luis Goyanes, gerente de Psicosoft, habla de la importancia que tiene la identificación del potencial y afirma que "es posible que el hecho de falsear un currículo, por exceso o por defecto, haya ocurrido siempre, porque hay gente que considera que tiene una competencia por encima o por debajo de lo que en realidad posee". Goyanes insiste en "la importancia que tiene la coherencia cronológica, en fechas y en lógica de hechos, que lleva a preguntar por qué se entra o se sale de una empresa o qué aporta determinada experiencia. De ahí se va al perfil de competencias y es entonces cuando se pueden identificar las carencias".

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