Las cuotas de género en las juntas directivas por toda Europa parece que han contribuido poco hasta ahora en los resultados empresariales o en contrarrestar la poca influencia de las mujeres situadas por debajo en la jerarquía corporativa. The Economist hace un repaso a la evolución y a los pros y contras de una medida que se ha ido extendiendo desde que se implantó por primera vez en Noruega hace diez años.

La parte principal de la ceremonia de apertura en la Bolsa de Londres del pasado 2 de febrero fue repasar una lista para honrar a 27 inversores internacionales. Fueron elogiados por haber jurado lealtad al "Club del 30%", un grupo de inversores que hace campaña para lograr precisamente esa proporción de mujeres en las juntas corporativas a nivel mundial. La membresía está muy solicitada, teniendo en cuenta la expansión de dicho club. Gigantes de los fondos de inversión como BlackRock, J.P. Morgan Asset Management y Standard Life se han unido y como accionistas están votando en contra de la reelección de consejos de dirección que no consiguen designar a más mujeres.

En gran parte de Europa occidental, tales esfuerzos siguen el empuje llevado a cabo por los gobiernos desde hace diez años. En 2008, Noruega obligó a las empresas cotizadas a reservar al menos el 40% de sus asientos de dirección para mujeres bajo pena de disolución. En los siguientes cinco años, más de una docena de países establecieron cuotas similares entre el 30% y el 40%. En Bélgica, Francia e Italia las empresas que no cumplen pueden ser multadas, disueltas o se les puede prohibir pagar a la dirección actual. Alemania, España y los Países Bajos prefieren cuotas con una legislación más blanda, sin sanciones. Gran Bretaña ha optado por establecer normas generales.

Las empresas se han apresurado en cumplir. En algunos países, la proporción de mujeres entre los directivos de grandes empresas se ha cuadruplicado o quintuplicado desde 2007. Incluso en Gran Bretaña se ha disparado hasta un 27% en 2017, más del doble que una década antes. Y no es que las medidas no hayan sido controvertidas. En Noruega, las cuotas llevaron a algunas empresas a salir de la Bolsa antes que cumplirlas; y lo mismo puede haber ocurrido en otros mercados. El regulador bursátil de Francia ha subrayado las "estrategias de evasión" utilizadas por algunas empresas como, por ejemplo, la disminución del número total de miembros de las juntas para aumentar el porcentaje de mujeres. En todos los países, los líderes empresariales protestaron cuando se presentó la iniciativa. Xavier Fontanet, ex Presidente Ejecutivo de Essilor, una compañía francesa de gafas, citó a Charles de Gaulle diciendo que "uno no puede mandar sin haber obedecido". Su argumento era que las mujeres a menudo carecen de la experiencia en gestión que caracteriza a un buen miembro de la alta dirección.

Otra objeción era que el pool de mujeres cualificadas era demasiado pequeño y que las mismas pocas mujeres, o golden skirts ("faldas doradas"), se acabarían repartiendo varios consejos de administración. Los comités de selección expresaron su preocupación por incorporar a directivos claramente no cualificados.

A diez años vista del movimiento pionero en Noruega, los peores temores no se han hecho realidad. Por ejemplo, la preocupación acerca de las faldas doradas. El exceso de cargos es un reto, admite Richard Hayden de TowerBrook, una firma de inversión en Londres. Pero les ocurre lo mismo a muchos directivos hombres. Según ISS Analytics, la rama de investigación de una firma de asesoramiento a accionistas de empresas cotizadas, el 19% de las directivas mujeres de las empresas europeas STOXX 600 -las cuales se encuentran principalmente en mercados con cuotas implantadas- se sientan en al menos tres consejos de administración. Pero también les ocurre lo mismo al 15% de los directivos hombres.

Tampoco se ha hecho realidad la amenaza de unos profesionales reemplazados por mujeres solamente por cuestiones de imagen. Poco antes de que Francia aprobara su ley de cuotas, LVMH, el grupo de lujo francés, nombró a Bernadette Chirac, la esposa de un ex Presidente, argumentando que asistía a muchos desfiles de moda. Pero otras cuatro mujeres entraron en su consejo ya que todas habían sido previamente directivas o responsables ejecutivas. Un estudio sobre las cuotas del 33% en Italia (una ley que expirará en unos pocos años) concluyó que las líderes femeninas de las empresas más grandes tenían, de promedio, más probabilidades que sus predecesoras precuotas de tener titulaciones y cualificaciones profesionales.

Pero en otros aspectos, los resultados son dispares. Muchos nuevos directivos son más jóvenes y, por lo tanto, tienen menos o ninguna experiencia como directores o responsables ejecutivos, declara Lisa Barlow de Egon Zehnder, una firma de selección de ejecutivos, en París. En Italia, Francia y otros países, algunas mujeres se han formado para el trabajo en programas dirigidos por asociaciones de miembros de juntas. En Alemania, la escasez de mujeres cualificadas provocó una oleada de foráneas en los consejos de supervisión (todavía no existe una cuota germana para los consejos de administración). Eso podría resultar problemático, según Bernhard Stehfest de la Federación de Industrias Alemanas, porque los extranjeros están menos familiarizados con las compañías o las regulaciones alemanas.

Si bien las cuotas no han sido tan malas como se temía, hasta ahora tampoco han logrado lo que los gobiernos habían prometido que lograrían. Cuando se ponen sobre la mesa las cuotas, sus defensores a menudo producen estudios "instantáneos" que demuestran que las empresas con más mujeres en sus juntas tienen más beneficios y es menos probable que se vean golpeadas por el fraude o por las guerras entre accionistas. Pero la causalidad es difícil de probar. Quizás unas empresas mejor administradas tienen más posibilidades de promover la diversidad. Del mismo modo, cuando los estudios se llevan a cabo antes y después de la imposición de cuotas, los resultados en términos de desempeño corporativo no son concluyentes. Algunos estudios encuentran efectos positivos; otros lo contrario o directamente ningún efecto.

Tampoco existe evidencia de que tener más mujeres en los consejos esté cambiando el estilo de la toma de decisiones. Según la experiencia de Lawton Fitt, una veterana miembro de juntas directivas en Estados Unidos y Gran Bretaña, las mujeres no necesariamente expresan puntos de vista particulares o desempeñan un papel predecible en las salas de juntas. Un estudio en Francia de 2015 basado en entrevistas con 24 miembros de consejos concluyó que el nuevo sistema de cuotas del país había conducido a cambios en los procesos de toma de decisiones de la alta dirección. Pero no había cambios en la sustancia de dichas decisiones como, por ejemplo, en la aprobación o no de despidos. También descubrió que el proceso no había cambiado porque los nuevos miembros fueran mujeres. Era porque había mayor probabilidad de que fueran personas externas.

Tal vez la limitación más desconcertante de las cuotas es que no han tenido ningún efecto beneficioso discernible sobre las mujeres en los niveles inferiores de la jerarquía corporativa. La expectativa era que alentarían a las empresas a promover más mujeres para ocupar cargos más altos más rápidamente. Eso, a su vez, ayudaría a reducir la brecha salarial de género.

Pero un estudio llevado a cabo en Noruega descubrió que las cuotas no tenían ningún efecto en la representación de las mujeres en los puestos de responsabilidad de las firmas donde se aplicaba. La brecha salarial de género se redujo solo para las mismas golden skirts. En Noruega, solo el 7% de las empresas más grandes tienen líderes mujeres. En Francia, un irrisorio 2% en comparación con un (igualmente miserable) 5% en unos Estados Unidos sin cuotas. Y en Alemania, las mujeres representan solo el 6% de los directivos en los consejos de administración.

Tampoco es que haya más mujeres escalando por la jerarquía corporativa. En Francia, Alemania y los Países Bajos, entre el 10% y el 20% de los puestos de gestión están ocupados por mujeres, un porcentaje que apenas se ha movido en los últimos años, según datos de la consultora Korn Ferry.

Quizás debido a que las cuotas no han sido el desastre que muchos esperaban, ni el disruptor que los ejecutivos temían, los líderes empresariales las han ido acogiendo mejor. "Se necesitan al menos diez años más" de cuotas, argumenta Francesco Starace, Jefe de Enel, un gigante energético italiano. El Ministro para la Mujer de Alemania ha amenazado con exigir una cierta proporción de mujeres en los consejos de administración. El 'Club del 30%' ahora está presionando por esa misma proporción de mujeres en todos los roles directivos. Las cuotas pueden no haber demostrado aún su valor, pero parece que están aquí para quedarse.

 

"Ten years on from Norway's quota for women corporate boards". The Economist, 15/2/2018 (Artículo consultado online el 18/2/2018).

Acceso a la noticia: https://www.economist.com/news/business/21737079-gender-quotas-board-level-europe-have-done-little-boost-corporate-performance-or

 

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