Ramon Xifré, profesor y director de investigación de ESCI-UPF School of International Studies: "Si una empresa cree de verdad en la internacionalización y ha reservado recursos para esta inversión, podrá sacar adelante el proyecto en las mejores condiciones: sin ayuda ni interferencia de las entidades financieras."

Una economía es sostenible en la medida en que diversifica sus fuentes de riqueza. Nuestra economía no era sostenible cuando, por una serie de motivos, vertía recursos humanos y financieros en la construcción y en el inmobiliario. Esperábamos haber aprendido la lección, pero los últimos datos sobre la evolución de los precios de la vivienda hacen dudarlo.

En cualquier caso, algo parecido ocurre con las empresas: por norma general, las empresas que tienen mejores oportunidades de futuro son aquellas que no dependen de un número reducido de clientes. Muy pronto, si una empresa emprende este camino de diversificarse, se planteará de forma natural internacionalizarse, es decir, participar en los negocios internacionales, bien sea vendiendo, comprando o invirtiendo en el exterior. Las formas de hacerlo son múltiples y es obvio que cada empresa debe encontrar su camino y estrategia, pero hay ciertos elementos comunes. Cuando una empresa se abre al mundo, se encontrará con una serie de barreras u obstáculos a la internacionalización. En este artículo mencionaremos algunos y también posibles soluciones.

Hoy sabemos que, en muchos sentidos, dos empresas pequeñas de dos países diferentes se parecen mucho más entre sí que dos empresas de un mismo país pero de tamaños muy diferentes. Los obstáculos que las empresas pequeñas deben superar para acceder o avanzar en su proceso de internacionalización son bien conocidos y específicos. Estas barreras tienen muy poco que ver con la situación que viven las grandes empresas, que disponen de muchos más recursos y contactos, y que, muy a menudo, juegan el partido con las reglas a favor.

Cómo se lleva la empresa
En primer lugar, una de las principales barreras a la internacionalización de las pymes es lo que podríamos llamar el marco mental del empresario(a) o gestor(a); es decir, la forma de llevar la empresa. A menudo se observa que la internacionalización es una salida reactiva, que se emprende cuando las cosas no van bien en los mercados habituales y conocidos. Por lo que sabemos de los procesos de internacionalización, es tan cierto que ésta hace que la empresa mejore como que suelen ser las mejores empresas las que optan por comenzar o profundizar estos procesos. Las oportunidades de aprender que tiene una empresa cuando va por el mundo son formidables y principalmente llegan en forma de conocerse mejor y poder identificar cuáles de sus servicios y productos son los que más valora el mercado. Este conocimiento permite priorizar y reasignar internamente los recursos de forma más eficiente. Ahora bien, hay que situarse delante de la internacionalización como nos situamos ante cualquier otra inversión. Hay que prepararse, mental y financieramente, para poder sostener durante los tres o cinco años iniciales los esfuerzos de la internacionalización.

Esto nos lleva al segundo obstáculo, viejo conocido de muchos empresarios, la financiación. Si una empresa cree de verdad en la internacionalización y ha reservado recursos para esta inversión, podrá sacar adelante el proyecto en las mejores condiciones: sin ayuda ni interferencia de las entidades financieras. Muchas veces, sin embargo, el apoyo de estas entidades es imprescindible. Entonces es necesario que la entidad financiera esté bien alineada con la empresa y entienda también que la internacionalización de su cliente es la menos arriesgada de las inversiones, mucho menos arriesgada que quedarse recluido en los mercados de siempre. Las entidades financieras de nuestro país han mejorado en este aspecto y esto las hace responsables de una parte de los buenos resultados de internacionalización de Catalunya. Toda la ayuda e intermediación que pueda venir de las agencias públicas especializadas, como Acció o el ICEX, siempre será bienvenida.

El equivo de la apertura exterior
Suponiendo que la gestión de la empresa lo ve claro y que la financiación necesaria está disponible, queda por verificar que se dispone del factor clave: las personas. Cuando una pequeña o mediana empresa comienza a internacionalizarse en un mercado, por ejemplo, buscando clientes o distribuidores, lo más habitual es que el equipo que se ocupa más directamente sea muy reducido, de una o dos personas. Si las cosas se hacen bien, la empresa habrá escogido para la misión a algunos de sus mejores trabajadores, que o bien hacen 'commuting' semanal o bien trabajan uno o dos años de expatriados. Durante este periodo de tiempo, la cara de la empresa en el mundo son estos trabajadores y poca gente más. Dada la importancia de su función, es necesario que estas personas tengan el perfil adecuado. Habitualmente esto significa que han conocer muy bien el negocio que se traen entre manos, pero igualmente deben tener experiencia en los negocios internacionales. Y aquí hay que reflexionar sobre la capacidad de nuestro sistema universitario de poder ofrecer la formación y las vías de inserción laboral que nuestros graduados necesitan para afrontar con éxito estos retos profesionales. Se han hecho ya cosas, pero hay que ser creativos e imaginativos para hacer más y mejor.

Como en tantos otros ámbitos, la base comienza por la educación y la formación. Si de verdad queremos un país y unas empresas abiertas al mundo, lo primero que hay que abrir al mundo son las aulas.

 

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