Hacer más transparente la retribución de los empleados podría ser de gran ayuda para terminar con las inequidades imperantes en muchas organizaciones. Según The Economist, los países nórdicos llevan la ventaja en el tema porque hace años que hacen públicos los datos fiscales de sus ciudadanos. Sin embargo, en ámbitos como el anglosajón la cosa es mucho más compleja: la falta de transparencia salarial podría explicar gran parte del aumento de la desigualdad estadounidense en las últimas décadas.

Los suecos hablan de sus ingresos con una franqueza que espantaría a británicos y norteamericanos. Tienen pocas razones para la timidez; en Suecia puedes saber el salario de cualquiera solo con llamar a las autoridades fiscales y preguntando. La transparencia en los pagos puede ser una potente arma contra las desigualdades que aún persisten. Cuando unos hackers publicaron los e-mails de unos ejecutivos de Sony Pictures, el mundo descubrió que algunas de las mujeres más cotizadas del firmamento de Hollywood ganaban menos que sus homólogos masculinos. Dicha revelación ha ayudado desde entonces a las mujeres del sector cinematográfico a negociar por unas mejores condiciones. Sin embargo, fuera de los países nórdicos, la transparencia se enfrenta a una resistencia feroz. Donald Trump canceló recientemente una norma establecida por Barack Obama que exigía a las grandes firmas proporcionar más datos salariales a los reguladores en antidiscriminación. Incluso aquellos más reacios a las políticas de Donald Trump lo han llegado a considerar como una intrusión en un asunto privado. Es una vergüenza. A pesar de la incomodidad que la transparencia puede causar, sería mejor publicar más información.

Existe un argumento económico directo para hacer pública la retribución. Un salario es un precio -el de la mano de obra de un trabajador- y los mercados funcionan mejor cuando se conocen los precios. Los datos salariales públicos deberían ayudar a las personas a tomar mejores decisiones sobre qué habilidades adquirir y sobre dónde trabajar. Sin embargo, los experimentos con la transparencia están motivados solo en raras ocasiones por el amor a la eficiencia del mercado y, más a menudo, por la preocupación sobre la desigualdad. A principios de la década de 1990, la indignación por los crecientes sueldos de los ejecutivos llevó a los reguladores estadounidenses a exigir una mayor divulgación de los salarios de los CEOs. Pero tal transparencia no siempre funciona según lo previsto: la compensación se terminó disparando en la década de 1990, ya que a las empresas les preocupaba que los mercados interpretasen unos escasos paquetes retributivos como indicadores de la calidad de su personal ejecutivo.

A pesar de todo lo explicado, los jefes tienden a oponerse a la transparencia, por razones comprensibles. A las empresas les resulta más fácil negociar cuando saben más sobre salarios que los trabajadores. Lo que es más, poner luz sobre las brechas salariales puede envenenar la moral, ya que algunos trabajadores saben que ganan mucho menos que sus compañeros. Un estudio entre empleados de la University of California, por ejemplo, encontró que cuando los trabajadores tenían acceso a una base de datos que enumeraba el salario de cada empleado público, la satisfacción laboral entre aquellos con salarios relativamente bajos disminuía. En los sectores en los que la competencia por los trabajadores con talento es intensa, los efectos perniciosos sobre la moral de unos salarios desiguales crean un incentivo para separar las partes del negocio con sueldos más altos del resto. Otra investigación publicada en 2016 llegó a la conclusión de que la divergencia en la remuneración entre las empresas (y no dentro de ellas) podría explicar la mayor parte del aumento de la desigualdad estadounidense en las últimas décadas. Dicha divergencia, a su vez, era el resultado de una mayor segregación de los trabajadores entre empresas con salarios altos y bajos.

Sin embargo, la transparencia aumenta la insatisfacción no porque introduzca información donde antes no existía, si no porque corrige percepciones erróneas. Las encuestas determinan habitualmente que los trabajadores sobreestiman su desempeño y salario en relación con los de sus pares. Esto es cierto para todos los sectores económicos, así como dentro de cada empresa. En 2001, se publicaron en Internet los registros fiscales de Noruega, lo que permitía a cualquier persona ver fácilmente lo que otros noruegos habían ganado y pagado en impuestos. La felicidad reportada entre los noruegos ricos aumentó significativamente, mientras que el bienestar de las personas más pobres disminuyó al conocer su verdadera posición en la escala económica. Una mejor información cambia los comportamientos. Los trabajadores con salarios bajos de la University of California se volvieron más propensos a buscar nuevos empleos después de que los datos salariales se hicieran públicos. En Noruega los pobres se volvieron más favorables a las medidas redistributivas.

La transparencia podría amenazar la función de las economías capitalistas si la gente se opusiera implacablemente a las brechas salariales, pero no siempre es así. Un estudio publicado en 2015 sobre trabajadores de fábricas en India, por ejemplo, encontró que una paga desigual empeoraba la moral y llevaba a un menor esfuerzo cuando los trabajadores no podían ver las contribuciones de los demás, pero no ocurría lo mismo cuando las diferencias de productividad eran fácilmente observables.

Incluso en la economía moderna, las contribuciones individuales a menudo son muy difíciles de evaluar. La simple teoría sugiere que a los trabajadores se les paga según su productividad. Si ganaran más, sus empleadores perderían dinero; si ganaran menos, otras empresas podrían aprovecharlo llevándose a los empleados mal pagados. Pero aunque es fácil ver cuántas camisas cose un trabajador textil en una hora, es mucho más difícil evaluar la contribución del miembro de un equipo que ha pasado años desarrollando un nuevo software. Cuando es difícil observar partes importantes de un trabajo global, los economistas creen que puede ser un error tratar de vincular estrechamente las remuneraciones con parámetros muy concretos de desempeño. Los trabajadores inevitablemente descuidan tareas rebuscadas pero muy importantes en favor de aquellas que el jefe puede cuantificar fácilmente. En la economía del conocimiento, por lo tanto, la relación entre el salario y la productividad se ha vuelto a menudo débil.

Sin embargo, las brechas salariales están a menudo justificadas. Los trabajadores con habilidades únicas y valiosas pueden amenazar fácilmente con irse y, por lo tanto, pueden negociar un salario más alto. Esos paquetes retributivos de alto valor sirven a la economía al alentar a los trabajadores jóvenes a desarrollar habilidades que escasean, siempre que, por supuesto, sepan cuánto pueden llegar a ganar. Pero la dificultad para observar la productividad permite que otros factores influyan en el salario, como la política corporativa, la discriminación o la simple tendencia a silenciar las ruedas más chirriantes con aceite.

Oficinas abiertas

No todos los países optarán por una transparencia radical. Incluso los gobiernos nórdicos continúan modificando sus políticas: en 2014 Noruega prohibió la búsqueda anónima en su base de datos fiscal para que los ciudadanos pudieran ver quién había husmeado en sus finanzas. De todas maneras, una mayor apertura sobre los salarios podría mejorar tanto la equidad como el funcionamiento de la economía. Cuando el salario es público, no son las inequidades justificables las que crean la mayor incomodidad, sino que las empresas que las practican no pueden defenderlas.

 

Fuentes

 

"Firms should make more information about salaries public". The Economist, 28/10/2017 (Artículo consultado online el 26/11/2017).

Acceso a la noticia: https://www.economist.com/news/finance-and-economics/21730647-making-pay-more-transparent-firms-should-make-more-information-about-salaries

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