Falta de flexibilidad horaria, cultura de echar horas sin mirar la productividad... el presentismo creció cerca de un 6% el año pasado. ¿Por qué? A partir de datos de un estudio a nivel estatal publicado recientemente, este artículo del Diari de Tarragona ha contado con la colaboración de Anna Fornés, Directora de la Fundació Factor Humà.

Echar horas en el trabajo sin ser productivos. Alargar la jornada de forma innecesaria o prescindible. El presentismo o, mejor dicho, las prácticas presentistas, aumentaron un 5,7% el año pasado en España según la cuarta Encuesta Adecco sobre presentismo laboral, hasta alcanzar ya al 56% de las empresas españolas.

Entre las principales prácticas están la utilización de Internet, e-mail y redes sociales para usos personales, en un 94% de los casos, seguido de los cafés, almuerzos y desayunos excesivamente largos (89%), el incumplimiento del horario laboral (87%), el tabaquismo (84%) y las ausencias breves y repetitivas (81%).

¿Qué motiva estas prácticas? La falta de flexibilidad horaria está en la base, y no es atribuible al comportamiento de ningún empleado, sino a las propias organizaciones. Anna Fornés, directora de la Fundació Factor Humà, que agrupa a más de 60 empresas e instituciones dedicadas a la gestión de personas, cree que «entender el presentismo como el hecho de que dentro de tu jornada laboral dediques ratos a no hacer lo que te toca, después de la crisis es algo que ya no sucede demasiado».

Liderazgos

«Es algo muy negativo -precisa Fornés-, pero no es sólo culpa del trabajador, es también del liderazgo». Aquí, esta profesional de la gestión de personas da con una de las claves: el perfil del presentista es hoy, según Adecco, el de un «hombre o mujer indistintamente, mayor de 35 años, directivo o alto cargo y con contrato indefinido a tiempo completo».

«Si tú quieres el compromiso de las personas de tu organización -explica Anna Fornés-, tienes que merecértelo. Aquí, la palabra clave es ‘confianza’. Y, por desgracia, la confianza baja».

Fornés no está de acuerdo en que no haya diferencias entre ser hombre o mujer. «Hoy por hoy, todavía tiene mucho que ver con ser hombre, y con tener una cierta edad. La gente joven se ríe de nosotros, de los que tenemos más de cincuenta años, con nuestros horarios. Pero es que estos horarios maratonianos de los jefes son un desastre».

Horas improductivas

Falta de flexibilidad horaria y horarios extensivos en los que el jefe es el primero en llegar y el último en irse, arrastrando con él a toda la organización. Fomentando el presentismo. «Es evidente que con estos horarios tan largos e irracionales, esos jefes que trabajan tantísimas horas, no todas esas horas las trabajan: no tiene ningún sentido», analiza Anna Fornés.

«A partir de las ocho horas de trabajo -prosigue-, la productividad baja en picado. ¿Qué sentido tiene seguir ahí? Pero ‘echar horas’ todavía está bien visto por la gente de cierta edad».

Junto a estos manifiestos problemas directivos hay dos escenarios que, según el informe de Adecco, explicarían el por qué las prácticas presentistas siguen creciendo. Se trata de dos escenarios completamente opuestos entre sí. El primero de ellos es que el empleado se sienta hoy más seguro con la coyuntura económica y laboral, y que eso le empuje a dedicar más tiempo a quehaceres ajenos a sus obligaciones.

El segundo escenario es el contrario: empleados que no acaban de sentirse seguros en sus puestos de trabajo, y que por eso alargan al máximo su presencia en la empresa, para ‘ser vistos’, rellenando ese tiempo con tareas ajenas a su empleo.

El factor emocional juega también aquí un papel relevante: hay una creciente desvinculación emocional entre los trabajadores y las empresas que les proporcionan empleo. «La crisis ha llevado a unas condiciones laborales que han empeorado -analiza Fornés-, con muchísima temporalidad. Es así como la gente que está muy poco motivada acabará fumando».

Además, hay un aspecto generacional vinculado a esa crisis: «La gente de 46 años hacia arriba está educada en que haciendo muchas horas eres alguien muy comprometido. Pero las nuevas generaciones están muy en contra. Tienen claro que pueden hacer perfectamente lo mismo con siete horas y media, y que hay cosas como por ejemplo comer que se pueden hacer en media hora. Además, han visto que sus padres, después de 30 años dando la vida por la empresa de esta manera, han acabado yendo igualmente a la calle con la crisis».

Prácticas de hace dos siglos

La evaluación por objetivos, la flexibilidad horaria o la mera confianza en la responsabilidad del trabajador siguen siendo residuales. Entre aquellas empresas que aplican algún método para evitar el presentismo y aumentar la productividad (un 20% de las empresas españolas ni siquiera identifica que dicho fenómeno exista), la mayoría se decanta por propuestas de hace dos siglos.

Frente al 77% que aplica métodos de control de los horarios de entrada y salida, apenas un 3% ha incorporado prácticas mucho más contemporáneas  como el apagado de luces a una determinada hora (un 3% de esas organizaciones lo hace) o la fijación de horas límite para empezar (y también terminar) reuniones, con apenas el 5%.

Todavía menor es la penetración de otras prácticas como la sustitución de ese control horario mayoritario en las empresas por una evaluación por objetivos, la flexibilidad horaria o la mera confianza en la responsabilidad del trabajador.

Poniendo el foco en la flexibilidad horaria, la aplicación de medidas que la favorezcan es realmente escasa. Un 17% de las empresas consultadas en la última Encuesta Adecco sobre presentismo laboral no ofrecen ningún tipo de flexibilidad a sus trabajadores, mientras otro 26% lo hace a menos del 10% de la plantilla y un 16% únicamente lo ofrece a entre un 10% y un 25% de los empleados.

«El presentismo lo está provocando la propia organización, lo cual no quiere decir que no tengas un 5% o un 10% de gente con jeta», explica Anna Fornés, directora de la Fundació Factor Humà. «La mala gestión del tiempo explica muchas cosas -insiste-, y por eso se impone controlar el tiempo y qué uso se hace de él en asuntos como las reuniones».

«Se necesita generaosidad por parte de todos -remacha-, porque se puede trabajar mejor de manera más ordenada. ¡Valora mi tiempo!».

Suscríbete gratuitamente a nuestros boletines

Recibe noticias e ideas en Recursos Humanos.
Suscripción

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una mejor experiencia de navegación por nuestra web.
Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización.