El debate para la redacción de una ley que establezca la jornada laboral los domingos en Francia genera división en todos los sectores, desde los sindicatos hasta la Iglesia Católica. La situación obliga a aplazar el proceso de discusión.

Desde la campaña electoral, Nicolas Sarkozy no se ha cansado de repetir el argumento: "¿Cómo es posible que en el primer destino turístico del mundo esté todo cerrado los domingos?". Con esta idea, unida a otra en que basó su eslogan preferido --Trabajar más para ganar más--, el presidente francés intenta sacar una ley que autorice el trabajo los domingos.

Pero se enfrenta a la izquierda, los sindicatos y a parte de su propia mayoría gubernamental. Hasta la Iglesia católica, tan discreta y silenciosa en Francia, se ha manifestado en contra. La ley está ya en la Asamblea Nacional, pero su discusión se ha aplazado al menos hasta la segunda quincena de enero.

El texto se empezó a discutir el pasado miércoles en un ambiente crispado, pero, cerca de medianoche, el jefe de la mayoría de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), Jean-François Coppé, pidió y logró la suspensión de la sesión.

Adujo que el clima era irrespirable tras dos horas de invectivas --el comunista Maxime Gremetz estuvo a punto de agredir a otro diputado--, pero, en realidad, la derecha, muchos de cuyos parlamentarios desertaron, temía que la oposición ganase en una cuestión de procedimiento que habría paralizado el proyecto de ley. El jueves, el primer ministro, François Fillon, dijo que el debate se aplazaba al 15 de enero. Pero Sarkozy montó en cólera, intentó revocar la decisión y seguir la discusión, como hizo dos semanas antes, cuando impuso, frente a los intentos de retraso, que se estudiara el miércoles. Al final, ha aceptado el aplazamiento.

Todo este vaivén ilustra lo enconadas que están las posturas. La izquierda y los sindicatos se oponen para preservar el descanso dominical y porque dudan de que la reforma cree empleo. La patronal está dividida. La presidenta, Laurence Parissot, está a favor; la federación del comercio y de la distribución pide que puedan abrir todos los almacenes, y las organizaciones de pymes y del pequeño comercio están en contra. En la derecha, gran parte se opone en nombre de los valores familiares y de los pequeños comerciantes.

Reunión en el Elíseo

Ni siquiera ha aplacado a los diputados de la derecha la rebaja que sufrió el proyecto de ley en una reunión el pasado día 15 en el palacio del Elíseo. La pretensión de que los centros comerciales de grandes ciudades pudieran abrir todos los domingos se ha abandonado, pero sigue siendo una traba que los prefectos (delegados del Gobierno) puedan decidir sobre ello en las ciudades de más de un millón de habitantes sin consultar a los alcaldes. Además de legalizar situaciones de hecho, la ley prevé ampliar las zonas turísticas en las que se puede abrir..

Ahora, ningún empresario puede obligar en Francia a un empleado a trabajar más de seis días a la semana, aunque hay muchas excepciones, de "pleno derecho", como en los servicios públicos, la hostelería y la restauración, las floristerías, las empresas informativas o los espectáculos. Los colmados pueden abrir el domingo hasta mediodía. Otras excepciones "temporales" pueden ser concedidas por el prefecto o el alcalde bajo ciertas condiciones, sobre todo en turismo y ocio. La ley extiende las excepciones en las zonas turísticas a todos los comercios. Los trabajadores obligados a trabajar en domingo deberán ser compensados con un descanso y una remuneración al menos igual al doble de la normal. Unos 7,4 millones de franceses trabajan los domingos, 3,4 de ellos de modo habitual.

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