La crisis y las diferentes culturas laborales han acentuado los problemas del sur de Europa. The New York Times muestra el ejemplo de Fiat que trata de llevar a sus empleados italianos hacia una nueva cultura laboral para mejorar su competitividad.

En un país lleno de coches Fiat por las calles, los italianos hace mucho que utilizan el proverbio: “Cómo va Fiat, va Italia”.

Los esfuerzos del gigante automovilístico para hacer más productivos a sus trabajadores de la planta del norte de Nápoles, están poniendo a prueba dicha afirmación como nunca antes, y pueden ser signo de si los italianos están dispuestos a adoptar el cambio necesario para que Italia pueda eludir la ruina financiera y ser más competitiva con los países del norte de Europa y del resto del mundo.

Incluso algunos empleados de Pomigliano, donde se encuentra la planta de Fiat menos productiva, se quejan de algunos malos hábitos arraigados, como el de los compañeros que llaman para decir que están enfermos para no ir a la planta mientras están trabajando en otro sitio, o los que eluden ir a trabajar con bajas médicas falsas, especialmente cuando el equipo de fútbol local tiene que jugar.

Ahora, fresco tras haber rescatado a Chrysler en Estados Unidos, Sergio Marchionne, Director Ejecutivo de Fiat, está promoviendo que estos trabajadores se entreguen más a sus trabajos, como reflejo al esfuerzo general del gobierno italiano por mejorar la competitividad de Italia y reducir su deuda mediante medidas de austeridad.

Pero cambiar una cultura hacia el trabajo y cerrar la brecha con sus vecinos del norte no será fácil. Se ha arraigado aquí durante generaciones, y también en otras partes del a menudo sofocante sur de Europa, un estilo de vida que valora la flexibilidad para los trabajadores.

Para algunos críticos en cambio, Fiat está deshumanizando la vida laboral de la empresa. “Marchionne quiere imponer los estándares del estilo americano,” dice Nello Niglio, un trabajador de la fábrica, acerca de los requerimientos de Marchionne para trabajar más horas y para reducir las ausencias. “Pero demasiado trabajo va a terminar con nuestros trabajadores.”

Mucho se juega Italia en ser capaz de persuadir a su gente para cambiar de hábitos laborales y lograr así mejorar su futuro financiero, tanto a nivel individual como colectivo.

Incluso si Italia escapa del tipo de crisis de deuda soberana que implicó recientemente a Grecia -y eso no está muy claro-, tiene ante sí una montaña de deuda que necesita reducir durante los próximos años. Aunque su déficit es bajo, del 5% del PIB, la deuda es del 115%, igual que la de Grecia. Para reducirla, Italia necesita un crecimiento económico fuerte que impulse los ingresos del gobierno.

Darle la vuelta a Italia, que ostentaba el indeseable título de “enfermo de Europa” hasta el año pasado, se convierte en algo más crucial a medida que Europa se atranca en una recuperación a dos velocidades, donde Italia, Grecia y otros países del sur quedan por detrás de Alemania, Francia y otras economías más productivas del norte. Previsiones recientes han reducido los pronósticos de crecimiento para toda la zona sur europea.

Los economistas temen que, si no se controla, la brecha financiera que tanto tiempo ha existido entre el norte y el sur de Europa podría conducir a la larga a la inestabilización del club de las 16 naciones de la zona euro.

“Tener una gran separación entre el norte y el sur penaliza en el sentido de que si una región concreta tiene un rendimiento bajo, puede dañar la estructura macroeconómica del conjunto,” afirma Davide Stroppa, Economista del banco italiano UniCredit. “Si tienes a gran parte de la zona euro con un bajo rendimiento económico, claramente tienes un problema.”

El Primer Ministro de Italia Silvio Berlusconi está combatiendo el problema con un paquete de austeridad introducido el pasado mayo que incluye alinear el salario público con la productividad, elevar la edad de jubilación y rebajar drásticamente el gasto público. Aunque los italianos no niegan que la austeridad sea necesaria, se estima que un millón de personas fueron a la huelga el pasado junio para protestar por los recortes laborales.

En Pomigliano, como en el resto de Italia, muchos trabajadores reconocían en entrevistas recientes que el país debe llevar a cabo un cambio. “La competitividad en el mundo entero está cambiando,” según Gennario Nacco, un veterano con 21 años de trabajo en la planta de Fiat.

Esta fábrica del norte de Nápoles que produce Alfa Romeos es, en muchos sentidos, un ejemplo extremo de los problemas de Italia. Sus 5.200 empleados han estado operando en la planta al 32% de capacidad durante los últimos dos años, desde la caída de la demanda por la crisis económica.

Mantener la planta abierta podría parecer que no tiene mucho sentido económico. Pero Fiat, que genera cerca de la mitad de la actividad económica de la región donde se encuentra Pomigliano, se enfrentó a presiones políticas para salvaguardar el sustento de 15.000 familias en un área empobrecida y presa del crimen organizado. Las tasas de desempleo y crecimiento de la zona están entre las peores del país, mientras que la productividad es alrededor de un 20% más baja que en el resto.

Marchionne, que diseñó un cambio organizativo impresionante en Fiat en 2006, sacándola del borde de la bancarrota, ha hecho un llamamiento a los empleados para que cambien radicalmente su cultura del trabajo para competir en el mercado global. Si así lo hacen, ha prometido librar a la planta del cierre y traer de Polonia la producción del popular modelo Panda.

“Cuanto menos trabajan, más felices son,” señala Vittorio di Giola, propietario de la Caffetteria Vicky, un lugar muy frecuentado por los trabajadores de Fiat en la Viale Alfa Romeo, la avenida principal de Pomigliano.

Esta visión es compartida por algunos trabajadores, miembros de los sindicatos e incluso por el alcalde de la ciudad, Raffaele Russo. “Hay quien no pierde oportunidad para librarse del trabajo,” reconoce Russo.

Hace poco, Fiat montó grandes pantallas de televisión dentro de la fábrica cuando Italia jugaba en el Mundial para motivar a los empleados a que fueran al trabajo aunque hubiera partido, afirma Gennario Nacco, el trabajador veterano. Pese a todo, algunas personas no se presentaron. “Y Fiat nos estaba pagando por ver el partido,” explica.

Pero por cada trabajador que se resiste al cambio, muchos otros han decidido que tener un trabajo es mejor que ir al paro. Tras meses de tensión, el 63% de los empleados votaron en junio aceptar el plan de Fiat para penalizar a los empleados que abusen de las ausencias por enfermedad, dándoles menos tiempo para comer y no permitiéndoles ponerse en huelga durante periodos de gran demanda.

A cambio, Fiat invertirá más de 700 millones de euros en la fábrica, que operará 24 horas al día, seis días a la semana. Un tercer turno diario habrá doblado la producción el verano que viene hasta 280.000 coches anuales.

Fiat declinó que Marchionne o cualquier otro ejecutivo hiciera declaraciones sobre este asunto para The New York Times.

Según la perspectiva del trabajador Nello Niglio y de otros miembros del sindicato FIOM, el único de los cinco sindicatos presentes en la empresa que ha votado en contra del plan, Marchionne está haciendo marchar a Italia por el mismo camino que China. “En China, trabajan turnos larguísimos que llevan a unas altas tasas de suicidios y los trabajadores ya no son personas, sino máquinas.” Niglio dice que Fiat está aplastando su derecho a la huelga y advierte que trabajar más horas puede menguar la calidad del trabajo. El absentismo, insiste, no ha sido un problema en la fábrica durante años.

Muchos otros trabajadores de Fiat, no obstante, afirman haberse quejado durante largo tiempo a sus jefes sobre los empleados que regularmente faltaban a sus turnos, un problema que dicen persiste hoy. “Cuando una persona falla, disminuye la velocidad de todo el equipo y entre todos los demás tienen que hacer su trabajo,” afirma Gennario Nacco. “La producción de 200 coches, por ejemplo, disminuye a 160 si una persona se va. Imagina cuando esto se multiplica por toda la fábrica.”

El absentismo ha caído hasta aproximadamente un 3% desde el 30% que había hace sólo dos años, afirma Crescenzo Auriemma, Secretario de la agrupación regional de sindicatos del automóvil. Sin embargo, los directivos están tomando otras duras medidas, como enviar un médico a casa de los trabajadores que no aparecen en el trabajo.

El veterano Gennario Nacco, junto con otros que han rechazado identificarse con su nombre para la noticia y no provocar más tensiones en la fábrica, dicen que la resistencia no desaparecerá de la noche a la mañana. Pero Nacco espera que los últimos pasos tomados garanticen un futuro para la fábrica que ha dado empleo a “mi padre, tíos, sobrino, hermana y espero que, algún día, a mi hijo.”

Acceso a la noticia: http://www.nytimes.com/2010/07/23/business/global/23fiat.html?pagewanted=1&_r=4&ref=business&src=me

* Alderman, Liz. “Fiat pushes work ethic at Italian plant". The New York Times, 22/07/2010 (Artículo consultado consultado on line: 01/09/2010).

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