Fomentar una mejor conciliación entre vida laboral y personal no conlleva necesariamente una mejor valoración de una organización por parte de sus empleados. Al menos así lo afirma Financial Times, a partir de datos del portal Glassdoor que recoge en su ranking de los CEOs mejor valorados a algunos que no se caracterizan precisamente por preocuparse por la vida de sus empleados fuera de la oficina.

Lo sentimos: no has pasado el corte para entrar en la lista de los directores generales mejor valorados por su propio personal en 2017.

Quizá tus empleados te hayan juzgado como “vago”, “grosero” o “poco profesional”, todos ellos calificativos publicados en el portal Glassdoor, que elabora sus clasificaciones a partir de las reseñas de trabajadores.

O quizá ignoraste el consejo de los jefes más populares de la lista del año pasado. “Sé real. Sé vulnerable. Sé cuidadoso,” sugería uno. “Sobrecomunica,” aconsejaba otro. “Crea un sentido de propiedad colectiva,” decía un tercero.

Resiste la tentación de intentar llegar a la cima de estos rankings prodigándote al explicar tus poco agradecidas políticas de conciliación entre la vida laboral y personal. El análisis de Glassdoor de sus propios datos sugiere que los directores generales mejor valorados son más comunes entre las empresas que ofrecen peor conciliación.

Toma el ejemplo de Lloyd Blankfein, el pícaro Director General de Goldman Sachs. Su banco de inversión obtiene solo 2,7 estrellas de las 5 posibles en el parámetro de equilibrio vida-trabajo (“Prepárate para decir adiós a la vida familiar, a las rutinas de ejercicio o a tus hobbies,” comenta un exempleado en tecnología de la entidad). Como referencia, lo de Goldman Sachs queda un peldaño por debajo de Sports Direct, una cadena británica de tiendas de deporte denunciada el año pasado por imponer “condiciones laborales de la época victoriana” al personal de sus establecimientos.

No obstante, Blankfein logra regularmente un 93% de aprobación y se coloca entre los 100 directores generales más valorados de Estados Unidos.

Bienvenidos a un mundo de cristal transparente, donde unos currantes saturados se amarran a sus escritorios todo el día, vuelven a casa para desahogarse con cualquiera o gritar a los niños para que se acuesten y, luego, terminar el día con su portátil para valorar a sus jefes como los mejores.

Sería peligroso desarrollar una teoría completa de satisfacción laboral a partir de datos recogidos más por los intereses del marketing que de la ciencia. Las encuestas internas de trabajadores son propensas a la autoselección y al autoengaño y, aunque los análisis de Glassdoor están abiertos a los exempleados y son teóricamente más independientes, comparten algunas de esas mismas carencias.

Sin embargo, la aparente contradicción entre un director general popular y unas malas condiciones de trabajo refleja una verdad incómoda. La evidencia de que no son tan claros los beneficios de la conciliación entre el trabajo y la vida personal para que la gente trabaje más.

Fomentar un mejor equilibrio entre trabajo y vida no conduce a una mayor productividad, según los académicos de la London School of Economics. Pero tampoco lo logras forzando a los trabajadores a una miserable servidumbre. Así lo asegura un estudio de Alex Edmans, actualmente en la London Business School, que encontró una relación directa entre la satisfacción laboral y el valor de las compañías.

Como director general, entonces, tienes muchas razones para atender el bienestar de tu plantilla: el equilibrio entre la vida laboral y privada es una herramienta poderosa para el reclutamiento, particularmente entre los candidatos más jóvenes; unas políticas laborales adecuadas a los asuntos familiares animan a las mujeres a unirse y a quedarse. Es lo más correcto y justo y una mejora de las condiciones no puede empeorar las cosas.

Pero ocuparse de la conciliación de tu plantilla no es el único, ni siquiera el mejor camino para ganarse su aprobación.

Una hipótesis propuesta por los investigadores de Glassdoor es que las personas que trabajan para directores generales bien valorados están “dispuestas a sacrificar la conciliación a cambio de un gran liderazgo por parte del CEO,” particularmente en “entornos laborales de rápido crecimiento y de alto rendimiento.”

Esto suena plausible, aunque pienso que exagera el grado en que a los trabajadores de primera línea les preocupa el liderazgo de su director general. Los jefes de equipo son los principales conductores del buen liderazgo. Es por eso que los peores comentarios en Glassdoor mencionados al inicio de este artículo se refieren a los managers de Sports Direct, no a Mike Ashley, el Director General de la cadena de venta de productos deportivos. Él tampoco es popular, pero cuando sus empleados critican la manera en la que son gestionados, generalmente se refieren a sus responsables inmediatos.

Por contra, los análisis sobre Goldman aplauden frecuentemente a sus managers, incluso a pesar de que se quejan sobre los largos horarios que tienen que trabajar.

La buena gestión es la causa oculta tras una mejora de la productividad, dicen los investigadores de la London School of Economics. En pocas palabras, creo que a los trabajadores les gustan los líderes que tienen éxito, a menudo independientemente de lo duro que les hagan trabajar.

Etsy, un portal de comercio electrónico centrado en artículos hechos a mano, nos ha proporcionado un duro contraejemplo. El 21 de junio despidió a más de un 15% de la plantilla, un mes después de haber sustituido a su Director General, Chad Dickerson.

Su índice de aprobación había llegado a un máximo del 97% justo antes que se marchara en mayo, tras una caída en las ventas. Dickerson era un firme defensor de la conciliación entre la vida laboral y vida privada. “Vuestro trabajo es muy importante, pero también sois personas completas con otras responsabilidades en la vida,” declaraba el año pasado. Él era real, él era vulnerable, él era cuidadoso.

Soy el primero que aplaude dicha actitud y que lamenta cómo ha actuado Etsy. Pero supongo que la plantilla despedida este año hubiera preferido tener un pobre equilibrio entre vida privada y laboral en su trabajo antes que, simplemente, no tenerlo.

 

*Hill, Andrew. “Why overworked staff still love their bosses”. Financial Times, 26/06/2017 (Artículo consultado el 28/06/2017).

Acceso a la noticia: https://www.ft.com/content/d2abdacc-574e-11e7-80b6-9bfa4c1f83d2

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