Comunicar que se abandona la empresa requiere una estrategia de salida meditada. Hay que tener claro el discurso y evitar centrarse en el pasado o en lo que no ha funcionado. Una vez anunciada la renuncia, el que se va empieza a ser visto como un intruso y la relación cambia.

El inicio de las vacaciones de verano. El final de las vacaciones de verano. El cumpleaños. Enero. Muchas son las fechas en las que la mayoría echa la vista atrás y evalúa el estado de su vida. A veces el examen termina con una sonrisa y, en otras ocasiones, la decisión es que ha llegado el momento de dar volantazo y cambiar de dirección, lo que a veces significa despedirnos de nuestro puesto de trabajo. Tanto si se está al final de un callejón sin salida profesionalmente, como si se ha recibido una oferta que no se quiere dejar escapar, es importante tener en cuenta algunos consejos antes de despedirse definitivamente del actual puesto de trabajo.

Una montaña rusa de emociones

Dejar un puesto de trabajo es, a la vez, ilusionante y terrorífico. Hay que estar preparado para la montaña rusa de emociones que se van a experimentar desde que se toma la decisión hasta que finalmente uno se incorpora a la nueva empresa. Decir adiós a la empresa y los compañeros que se han tenido durante varios años no es fácil, ni siquiera cuando se está deseando dar un portazo y no volver a pisar nunca el edificio.

El jefe, el primero en saberlo

Una vez tomada la decisión, el primero al que se le debe anunciar es al superior inmediato. Hay que tener claro el discurso y evitar centrarse en el pasado o en lo que no ha funcionado en la relación profesional. Al igual que pasa en muchas rupturas sentimentales, es posible que la otra parte no esté de acuerdo; para evitar situaciones incómodas, lo aconsejable es centrarse en comunicar la decisión de abandonar la empresa, ser agradecido con la misma y con los compañeros y ofrecerse a ayudar a que la transición sea lo más fluida posible. Es probable que se reciba una contraoferta, ya que para la mayoría de empresas es más barato ofrecer un aumento de sueldo que formar a un nuevo empleado, pero si la decisión que se ha tomado está clara, no hay que dejarse seducir para volver a encontrarse en la misma situación unos meses más tarde. Una vez que se hace partícipe al supervisor de la intención de abandonar el puesto, es él quien toma el control de la situación y decide cómo se comunica la noticia al resto del equipo.

Estrategia y flexibilidad

En la mayoría de los casos, lo normal es avisar de la partida con al menos un par de semanas de antelación. De todas formas, es posible que un periodo más largo sea necesario, así que es prudente disponer de cierta flexibilidad en la fecha de salida. Hacer partícipe al supervisor de esta disponibilidad siempre estará bien visto y será una muestra más de solvencia profesional. No obstante, tampoco es conveniente alargar mucho este periodo de transición. Una vez anunciada la renuncia, el que va a ausentarse empieza a ser visto como un intruso y las relaciones dentro del equipo adquieren una dinámica diferente. Así, pues, el tiempo recomendable suele estar entre las dos semanas y el mes. No importa si uno abandona por hartazgo o porque ha encontrado una oferta mejor, es necesario no olvidar que hasta el último día se tiene una responsabilidad para con la empresa y, por eso, es necesario que la transición se haga de forma ordenada y positiva. Hay que cerrar todos los proyectos que se tengan pendientes, limpiar el correo electrónico y no dejar ningún problema encima de la mesa. El objetivo es que tanto el jefe como el resto del equipo tengan solo cosas buenas que decir acerca de la profesionalidad del que se va.

Evitar los rumores

Aunque no es necesario divulgar todos los detalles del próximo destino profesional, en el mundo hiperconectado en el que vivimos, es muy probable que algunos datos se acaben sabiendo. Lo mejor es ser honesto acerca de cuál va a ser el nuevo puesto y la nueva empresa para la que se va a trabajar. Cuanto más transparente se sea, mayor es la probabilidad de que las relaciones que se han construido hasta la fecha permanezcan intactas, por eso también es conveniente evitar los cotilleos y contar solo una versión de la historia. Como explica el profesor de Harvard y coautor del libro Comience (Just Start) Len Schlesinger: “Aprende de los políticos: existe solo un relato, contado de manera única, y a esto es a lo que uno se debe aferrar”.

La entrevista de salida

Hay que cerciorarse de que se produce esta entrevista antes de abandonar la empresa, no solo para hablar sobre los motivos de la marcha, sino también para garantizar que se obtienen todos los beneficios (seguro médico, días de vacaciones, etc.) a los que se tiene derecho. También es conveniente recordar que no se trata de una entrevista para desahogarse. Aunque hay que tratar de ser honesto, este no es el momento de hacer un listado de todo lo que no funciona bien dentro de la compañía. Si la relación ha sido grata y provechosa, esta es una muy buena ocasión para expresarlo. Se debe evitar dañar la relación que se tenga con el resto de compañeros, así que lo aconsejable es no despotricar de nadie ni jactarse de que uno se va, por muchas ganas que se tengan.

Ser agradecido

Aunque se esté deseando empezar el nuevo trabajo, es conveniente adoptar una mentalidad elogiosa y de agradecimiento para con la empresa que se está a punto de abandonar. Hay que intentar recordar las situaciones positivas y agradecer la ayuda a todos aquellos que han contribuido al progreso profesional. Cualquier muestra de agradecimiento será siempre bien recibida, y nunca se sabe cuándo los caminos se volverán a juntar. También es recomendable que, transcurridos unos meses de la marcha, uno se ponga en contacto con los antiguos compañeros y con el ya ex jefe, para ver cómo van las cosas y seguir manteniendo viva la relación. No importa lo bien o lo mal que se esté en el trabajo, siempre llegará el día en el que, por un motivo u otro, habrá que decir adiós. Lo fundamental, llegado ese momento, es que la partida se haga con elegancia, profesionalidad y, sobre todo, sin rencor. Como recuerda Schlesinger: “Los sujeta libros –o cómo se empieza y se abandona un puesto de trabajo– son las partes más importantes de una relación profesional”.

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