Ser una superestrella en tu trabajo no garantiza nada. Hay argumentos que prueban que las empresas no tienen miramientos al prescindir de sus 'prima donna'. ¿Demasiadas estrellas en el equipo? Si eres un profesional de alto rendimiento y, como tú, proliferan las prima donna en tu compañía, quizá debes preocuparte, porque ser una estrella no te garantiza el puesto de trabajo. Algunos argumentos aconsejan cierta prudencia.

Para empezar, un reciente estudio elaborado por la escuela de negocios Insead de Fontainebleau y la Universidad de Columbia en Nueva York -con ayuda de la National Football League (NFL), y la National Basketball Association (NBA) en Estados Unidos, o la FIFA, que rige los destinos mundiales del fútbol profesional- determinó que el talento tiene un punto de inflexión más allá del cual demasiados grandes jugadores se vuelven perjudiciales para el éxito de un equipo.

En el caso del fútbol y el baloncesto profesional, la investigación concluye que añadir superestrellas al equipo resulta productivo hasta cierto punto. Una vez que el grupo cuenta con dos tercios de prima donna, el rendimiento empieza a decaer. La investigación concluye asimismo que "deportes como el baloncesto y el fútbol requieren de la interdependencia del jugador, de la comunicación y la sublimación del ego, que no son habilidades en las que las superestrellas sobresalgan precisamente. Con la excepción del béisbol, que es esencialmente un deporte individual en un escenario de equipo, que permite que varias superestrellas coexistan con éxito".

  • La primera idea es por tanto que no se ponga a las prima donna a competir entre ellas, porque pueden ser autodestructivas. Es mejor rodearlas de profesionales discretos que no busquen tanto protagonismo. Así es más fácil conseguir equipos ganadores. Nadie es insustituible, y una organización que genera muchas personas imprescindibles puede provocar un gran número de frustraciones una vez que alguna de ellas desaparece.

  • Algo de ego es bueno, pero éste nunca se ha de entender como narcisismo. Se trata más bien de una mejora en la autoestima para equilibrar el buenismo que lleva a pensar más en el bien ajeno que en el propio. El profesional prima donna tiende a requerir niveles de exposición muy altos, y también mucho protagonismo. Pero estos profesionales, bien gestionados, aportan valor al grupo. El ego lleva siempre aparejado una connotación peyorativa, aunque puede verse como algo positivo en aquello que tiene que ver con la autoconciencia de uno mismo, es decir, en la habilidad para detectar las propias capacidades y el impacto que éstas generan a tu alrededor.

  • Para algunas organizaciones, prescindir de ciertos profesionales estrella no sólo no es malo, sino que supone una liberación. Si eres muy bueno debes tener en cuenta que si la marca de la compañía en la que trabajas está bien concebida y mantiene valores claros, no tiene por qué afectar que te vayas.

  • Hay quien piensa que la convivencia con determinadas prima donna es un error para la organización, y que su presencia puede resultar perjudicial para la gestión del equipo. A muchas empresas no les supone ningún trauma perder a estos profesionales.

  • De forma general, este tipo de empleados estrella se preocupan más por sus intereses que por los del equipo. Y determinados profesionales prima donna no tienen un perfil equilibrado, por lo que pueden dañar a la organización y a la marca. Hay que tener en cuenta que los intereses compartidos han de estar por encima de la brillantez individual.

  • Por lo que se refiere a la arrogancia que acompaña el quehacer de ciertos profesionales prima donna, no se puede olvidar que cada vez hay menos puestos individuales, esto es, que no dependen de los demás y de ciertas especialidades.

  • Ser muy bueno en algo no es para siempre, y el que es un gran experto y sabe casi todo sobre determinado sector o actividad hoy puede quedar obsoleto mañana, porque nunca se termina de aprender. El conocimiento que puede tener un verdadero experto que es considerado una superestrella en su trabajo no está sólo en su cerebro, sino en el de muchas otras personas. Y aquí entra en juego la inteligencia compartida.

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