Si a nivel internacional la referencia es McDonald's, a nivel estatal empresas como "la Caixa" o everis tienen propuestas formativas de alto nivel con programas 'ad hoc' o colaboran con escuelas de negocio para que sus empleados reciban una información específica. Porque hoy en día, para retener el talento es necesario enamorarlo y ofrecerle la posibilidad de desarrollar su carrera profesional.

Fueron los reyes del Big Mac los primeros que vieron la necesidad de crear una universidad corporativa donde formar a sus empleados y transmitirles los valores de la compañía. Así nació en el año 1961 la universidad de la hamburguesa, con el sello de McDonald's. Después vendrían otras muchas, Disney, Boeing, Motorola, General Electric..., pero todas con un objetivo común: mejorar los resultados a través de la formación.

En España el fenómeno de las universidades corporativas es, sin embargo, mucho más reciente. No fue hasta el año 2000 cuando Gas Natural puso en marcha su propio campus. Después, otras compañías, casi todas del Ibex, se sumaron a esta iniciativa y, en la actualidad, hay unas 50.

Pero, ¿en qué se diferencian de las universidades tradicionales? Aunque tienen también planes de estudio e incluso, en algunos casos, su propio campus, "la misión de la universidad corporativa no es cubrir el 100% de la formación de los trabajadores sino preocuparse porque esa formación dé respuesta a las nuevas necesidades de la organización y, sobre todo, consiga alinear los objetivos de formación con los objetivos de negocio", sostiene Toni Ramos, consultor corporativo de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y coordinador del libro Universidades corporativas: 10 casos de éxito.

Universidad corporativa vs tradicional

Las universidades corporativas nacen, precisamente, para llenar el vacío que dejan los centros universitarios tradicionales. Los alumnos que salen de la universidad no siempre cumplen las expectativas de las empresas. "Las compañías ven que les llegan trabajadores con una titulación oficial pero que no siempre responde a los perfiles que están buscando, o que no tienen las competencias que ellos esperan. Y, por eso, deciden crear su propia universidad, que no es más que una organización dentro de la propia empresa que se encarga de la formación de todos los trabajadores", explica Ramos.

Una formación que tiene que servir para capacitar a los trabajadores con los objetivos estratégicos que se ha marcado la compañía. Y que no va dirigida sólo a determinados perfiles sino a todos los empleados, porque todos son necesarios para el buen funcionamiento de una empresa.

Su modo de funcionamiento es sencillo. Estos centros tienen consultores que tienen contacto con las distintas unidades de negocio. De este modo, conocen las necesidades de cada departamento y pueden prever cuáles van a ser sus necesidades. A partir de ese momento diseñan programas 'ad hoc' o colaboran con escuelas de negocio para que sus empleados reciban una información específica. "Lo que se espera de las universidades corporativas", señala Ramos, "es que con sus programas de formación logren mejorar los resultados de cada unidad de negocio". Por ejemplo, aumenten las ventas, mejore la atención al cliente, consigan posicionarse mejor en un determinado mercado, etc.

Formación alineada con la estrategia de la compañía

Dependiendo de lo grande que sea la empresa y sus necesidades, estas universidades pueden dividirse en escuelas (técnica, de idiomas, de liderazgo, etc) y la formación tendrá una duración más o menos larga. De media, los trabajadores suelen recibir entre 30 y 50 horas de formación al año presencial u online o una mezcla de ambas modalidades. Y aunque lo ideal es que la formación se dé en horario laboral, no siempre es así, y a veces los alumnos van a trabajar por la mañana y a una escuela de negocios por la tarde.

Las universidades corporativas tampoco se pueden equiparar a los departamentos de formación que hay en la mayoría de las empresas. Mientras que estos últimos tienen un carácter más reactivo, es decir, tratan de dar respuesta a las necesidades que surgen en un momento determinado en la compañía; "las primeras mantienen una relación continua con las unidades de negocio y con el retorno de esa inversión. En definitiva, son más proactivas e intervienen en la estrategia de la empresa tratando a través de la formación de mejorar los resultados. Esto es, van un paso por delante y no piensan tanto a corto plazo sino que tienen una visión más de futuro", subraya Ramos.

Aunque hay compañías en las que no existe una universidad corporativa como tal, sí tienen unos planes de formación y un presupuesto alineado con la estrategia de negocio y, por tanto, actúan como si lo fueran como ocurre en CaixaBank. Otras, por el contrario, sí han puesto en marcha universidades punteras como Repsol, BBVA, Gas Natural, el Banco Santander, Endesa, Ferrovial, Acciona, Everis, etc, conscientes de que apuestan por la formación o se quedan atrás. "Es importante dotar a los trabajadores de las competencias que se requieren en cada momento. No sólo estarán más satisfechos y motivados sino que esto también será bueno para su empleabilidad. Mientras mejor formado estés, más fácil lo tendrás en el mercado laboral", señala Ramos.

Ninguna compañía puede conformarse ya con atraer talento, tiene que conseguir retenerlo, enamorándolo y ofreciéndole la posibilidad de desarrollarse profesionalmente. Si no lo hace, el trabajador se marchará en busca de nuevos desafíos.

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