Siete de cada diez jóvenes creen que tendrán que trabajar en el extranjero. Pero además, hay un gran resignación respecto al mercado laboral, el 32% de los bachilleres no espera encontrar un puesto acorde a su profesión y el 40% considera que la carrera no prepara para trabajar. 

La radiografía de las expectativas laborales de los jóvenes catalanes que ahora tienen entre 16 y 19 años es desalentadora. Siete de cada diez creen que terminarán trabajando fuera de España. Y una parte minoritaria pero significativa piensa que no encontrará trabajo para la profesión que se va a formar y que, además, esta formación no lo va a preparar adecuadamente para el mercado laboral, un aspecto este más acusado entre los que van a estudiar a la universidad que los que quieren cursar un ciclo de grado superior de formación profesional (CFGS).

Estos son algunos de los resultados de una macroencuesta a 12.000 jóvenes españoles (casi 500 catalanes) realizada por el Instituto GAD3 con el patrocinio de la Fundación AXA que ayer presentó en Barcelona el presidente de Educa 20.20, Fernando Jáuregui.

“No sabemos si creen que tendrán que irse o si esperan irse por iniciativa propia”, aseveró Jáuregui. De una forma u otra, si se hiciera realidad la expectativa que expresan los jóvenes en la encuesta dejaría a Catalunya sin una parte importante de juventud. Sólo tres de cada diez espera quedarse a trabajar cuando termine sus estudios universitarios siendo más acusado en carreras sanitarias, en las de ciencias y en las de artes y humanidades.

En todo caso, los catalanes parecen estar más preparados para ese devenir que el resto de españoles (en la muestra de toda España un 60% cree que se tendrá que ir). Presentan un nivel de idiomas más alto que el resto de españoles no sólo en el conocimiento de inglés (el 75% tiene un nivel medio o alto) sino que además tienden a ser más políglotas con nociones de francés (al menos la mitad tienen algún conocimiento, aunque sólo lo habla el 18%), y hay más alumnos que en otras comunidades que dicen hablar alemán o chino.

En lo que sí se muestran pesimistas de forma explícita es respecto al mercado laboral sobre el que muestran una resignación anticipada. El 32% de los bachilleres no espera encontrar un puesto acorde a su profesión y el 40% considera que la carrera no prepara para trabajar. Además, la percepción de que el mercado laboral habrá mejorado para cuando estén a punto de entrar en el mismo, sólo la tiene el 34% de los jóvenes (y la mitad de los que quieren estudiar FP). El resto no cree que dentro de cinco, seis o siete años vaya a variar respecto a la situación actual en la que el 42% de los jóvenes está en situación de paro.

“El estudiante catalán es más europeo que la media nacional”, manifestó Jaúregui, “y no sólo se ve trabajando fuera en mayor medida sino que se plantea estudiar en el extranjero y tiene un carácter emprendedor más acentuado”. A la pregunta de si en alguna ocasión el alumno se le ha pasado por la cabeza “montar su propia empresa”, el 56% de los catalanes responde que sí frente al 50% del conjunto de España.

Pero a la hora de definir el lugar de trabajo no es en la empresa propia en la que piensan sino en el funcionariado o en ser asalariados por cuenta ajena. Así, frente al 13% que aspira a crear su propia empresa, después de ir a la universidad, contrasta con el 28% que quiere ser funcionario trabajando en el sector público, o el 35% que aspira a ser empleado de una multinacional. “Creemos que estas expectativas de futuro tan conservadoras se basan en la influencia de sus padres a los que les falta visión de innovación”, señaló Jáuregui. Los padres son, junto a los profesores, las personas que más influyen en sus percepción de futuro, según expresaron los estudiantes en la encuesta.

Otro aspecto destacable es que los estudiantes se ven en trabajos concretos que ya existen en el mercado y no esperan, por ejemplo, que la revolución tecnológica vaya a revolucionar la forma de trabajar el día de mañana. “Cuando se sabe que el 70% de los trabajos actuales desaparecerán en el futuro sólo un 5,6% de los chicos está convencido de que hará algo que hoy no está creado”. Sería el ejemplo de piloto de drones, que hace unos años era una profesión inimaginable. En este sentido, la mitad de los encuestados no cree que el mundo cambie tanto como para desarrollar una tarea que hoy no existe. “Quizás haya que modificar –recomendó el presidente de Educa 20.20– la orientación de los jóvenes que se están preparando más para ser opositores cuando lo que se va a necesitar es otra cosa”.

Por su parte, Josep Alfonso, director de la Fundació AXA, señaló las carencias del sistema educativo en formar especialistas en tecnología que den respuesta a los desafíos del futuro. En línea con su comentario resulta curiosos que en la encuesta un 16% de los catalanes considere que las nuevas tecnologías no serán decisivas en el futuro profesional. Así lo cree parte de los futuros médicos, enfermeros, abogados, jueces y sociólogos. Pero consideran que serán fundamentales los aspirantes a formar parte del ámbito de las artes y humanidades, la ingeniería y arquitectura y carreras científicas. De todos modos, y pese a sus creencias, el uso de los dispositivos electrónicos y digitales es ya muy alto entre los adolescentes que cursan bachillerato o grado medio de formación profesional.

Finalmente, la encuesta pregunta sobre las personas de referencia de los chavales. Tanto chicos como chicas sitúan en primer lugar a la figura de su propio padre y, sorprendentemente, a Amancio Ortega en segundo lugar. Fundador de Zara es el hombre considerado más rico de España y entre los más ricos del mundo. Para ellos, el fundador de Microsoft, Bill Gates, está en tercer lugar. Para ellas, la actriz feminista, Emma Watson.


Más optimistas en la FP

Los alumnos que quieren cursar un grado superior de formación profesional se muestran más optimistas respecto a su futuro laboral y presentan una seguridad y arrojo que no tienen sus compañeros que aspiran a ir a la universidad. Así, el 64,2% ha fantaseado con construir una empresa en alguna ocasión (frente al 50% de los futuros universitarios), aunque de la fantasía a la concreción va un trecho. Una vez se les pregunta a qué les gustaría dedicarse cuando terminen el grado, sólo dos de cada diez encaminarían sus pasos hacia una actividad de empresario, lo cual es, también, una cifra superior respecto a los de bachillerato (13%).

Una mayor propensión a asumir riesgos también se advierte en la menor disposición a formar parte del sector público, una aspiración para sólo el 17% de los futuros estudiantes de FP superior, frente a la del citado 28% de los que obtendrán el título universitario.

En la relación con su futuro empleo, la seguridad es también mayor si comparamos las respuestas de ambos grupos. Esto probablemente tiene que ver con las cifras de inserción laboral que son muy superiores para los que acaban FP con respecto a los de carreras. El 80% cree que encontrará trabajo de lo suyo y casi nueve de cada diez cree que el grado superior le da suficientes conocimientos para ejercer adecuadamente su profesión.

Asimismo, más de la mitad espera que la búsqueda de trabajo será, en general, más sencilla que en la actualidad porque cambiará la situación económica ahora presidida por la crisis económica. Y si el 66% de los universitarios se encontraba convencido de que tendría que irse del país, la cifra baja a la mitad entre los que cursarán FP.

Sin embargo, son menos internacionales. Si el 21% de los que pasarán por los campus esperan estudiar fuera, esta cifra baja nueve puntos en el caso de los de FP.

En líneas generales, el alumnado catalán se dividirá en dos grandes grupos, los que en los próximos años irán a la universidad (el 50%) y los que irán a FP (39%). El resto cree que, terminado el grado medio o el bachillerato que cursan actualmente, buscará un empleo para trabajo.

Resulta curioso el dato sobre la elección del tipo de estudios que, nuevamente, es singular en el caso de Catalunya. Si la formación más escogida para estudiar en los campus es administración y dirección de empresas, en el caso de los estudiantes de FP son áreas de conocimiento empresarial como administración y finanzas, gestión comercial y marketing y comercio internacional. Pero esto no es así para el resto de España, cuyas formaciones son de medicina, derecho y psicología.

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