El FMI relaciona en su último informe el auge del populismo con la caída de las rentas del trabajo frente a las del capital en todas las economías. Además, advierte que la implacable caída de las rentas del trabajo desde los años de Margaret Thatcher y Ronald Reagan ya empieza a tener repercusiones políticas preocupantes.

Hasta la crisis del 2008, solo instituciones como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se preocupaban por las repercusiones del estancamiento de los salarios y las subidas progresivas de los beneficios de las grandes corporaciones multinacionales. Pero, conforme la inestabilidad económica de los últimos años abre paso a una grave inestabilidad política, hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI) empieza a preguntar si el péndulo se ha desplazado demasiado hacia el lado del capital.

En un nuevo análisis, titulado La tendencia a la baja de las rentas del trabajo, el FMI analiza por qué el trabajo ha perdido tanto terreno en los últimos 40 años en su pulso histórico con el capital. Las rentas del trabajo, principalmente salarios, hace décadas que no suben tanto como la productividad. El porcentaje del PIB correspondiente al trabajo ha caído del 55% en 1975 al 51% en 2014. Dicho de otro modo, las rentas del capital –beneficios, plusvalías, intereses- han subido del 45% al 49%.

“La cuota del PIB mundial correspondiente a las rentas del trabajo inició una tendencia a la baja en los años ochenta, cayendo cinco punto porcentuales hasta tocar fondo en el 2006”, señala el FMI. Desde ese año, las rentas del trabajo se han recuperado 1,3 puntos porcentuales “bien por motivos cíclicos o bien estructurales relacionados con la crisis global financiera”, se explica en el informe.

La caída de la renta del trabajo en relación con el PIB es más acentuada en el sector manufacturero y del transporte. En alimentos, hostelería y agricultura, en cambio, ha subido. Los más perjudicados por el declive son los trabajadores industriales de baja o media cualificación. Entre 1995 y 2009 los menos cualificados registraron una caída de su porcentaje del PIB del 7% –principalmente debido a la caída de sus salarios relativos– frente a una subida del 5% de los más cualificados. Se ha producido una caída de las rentas del trabajo como porcentaje del PIB en 29 de las 50 economías mas grandes entre 1991 y 2014. Ocurre en todo el mundo, incluso en países en desarrollo. China es el país que ha registrado el descenso más grande de las rentas del trabajo frente a las del capital.

El FMI advierte que la implacable caída de las rentas del trabajo desde los años de Margaret Thatcher y Ronald Reagan ya empieza a tener repercusiones políticas preocupantes. “Existe un reconocimiento cada vez más amplio que los beneficios del crecimiento se están repartiendo de forma desigual (…) esto ha reforzado una reacción contra la integración económica y refuerza las políticas que miran hacia dentro (nacionalistas)”.

Otros economistas han destacado también la importancia del descenso de las rentas del trabajo en relación con las del capital para explicar los últimos eventos políticos en Europa y EE.UU. “Hasta los setenta, las rentas del trabajo habían subido demasiado en relación al PIB; desde entonces, el péndulo se ha desplazado hasta el otro extremo en favor del capital; y el Brexit es el resultado”, dijo Paul Ormerod, el autor de Butterfly economics ( El efecto mariposa en la economía).

¿Por qué “se ha detenido la marcha hacia adelante del trabajo”, según la frase formulada ya en 1978 por el historiador Eric Hobsbawm? La respuesta estriba en “los avances rápidos de la tecnología, y la globalización del comercio y del capital”, responde el FMI.

Los avances tecnológicos han reducido los costes de inversión en capital y, por tanto, han elevado la capacidad de sustituir mano de obra por máquinas. Esto, según se sostiene, reduce las rentas del trabajo. Así mismo, la mayor integración comercial y financiera a escala global aumenta las presiones competitivas sobre las empresas nacionales que “aumentan su capacidad para deslocaliza y merma la capacidad de negociación del trabajo”, asegura el FMI. “La automatización, la competencia de productos importados y el offshoring (deslocalización de inversiones) ha provocado una pérdida a largo plazo de los empleos de cualificación media y baja”

Pese a esto, el Fondo hace un balance positivo de la tecnología y la globalización, ya que “han contribuido al crecimiento y la prosperidad global facilitando una convergencia de renta entre los países en desarrollo y las economías avanzadas”. Así mismo, “los beneficios de la integración comercial y financiera en economías en desarrollo han facilitado una mayor convergencia económica, aumentos de renta, un mayor acceso a bienes y servicios y han sacado a millones de personas de la pobreza”, insiste el FMI.

Sin embargo, se reconoce en el informe que existe un fallo importante en las tesis económicas favorables a la globalización. Según las teorías tradicionales de comercio de economistas como Paul Krugman, la integración comercial reduce las rentas del trabajo en relación con el PIB en las economías avanzadas y las sube en los países emergentes. Pero la realidad, sostiene el FMI, es que el trabajo ha sido perjudicado por el proceso de la globalización tanto en el mundo rico como el mundo pobre. En los países en desarrollo, las rentas de trabajo han caído del 39% al 37% desde 1995 (no hay datos para los años anteriores en estas economías emergentes). Esto se debe probablemente a la inserción de países como China o México en las cadenas globales de suministro.

El FMI plantea otros factores para explicar la tendencia en contra del trabajo. Cambios en la regulación de los mercados de trabajo y productos que determina el nivel de beneficios. Un aumento de la concentración del capital –es decir, los oligopolios y monopolios– en varias industrias ha elevado también las rentas del capital. Así mismo, “los cambios en las políticas económicas –como el recorte en los impuestos sobre sociedades– han elevado el incentivo de sustituir capital por mano de obra mientras que factores institucionales (como tasas de sindicalización) pueden haber contribuido al descenso de la renta de trabajo en relación con el PIB . También, “la reducción de la capacidad de negociación de la mano de obra puede ser el resultado de la integración comercial”

Hay una faceta esquizofrénica en el análisis. El FMI jamás plantea la posibilidad de que la mermada capacidad para negociar mejores salarios tenga que ver con sus propios consejos. A fin de cuentas , hace décadas que el FMI se empeña en recomendar en Europa y América Latina una mayor flexibilización del mercado de trabajo y el desmantelamiento de los convenios colectivos.

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