Un nuevo estudio en EE.UU. evidencia que la tecnología impacta de forma negativa en el mercado laboral, puesto que por cada máquina que se incorpora en un proceso productivo, los salarios se devalúan hasta un 0,75%. Además, Europa tiene proporcionalmente más robots que Estados Unidos y los expertos añaden que en 2025 las máquinas pueden llegar a ocupar 6 millones de puestos de trabajo.

Cuando se le preguntó la semana pasada al secretario del Tesoro de EE.UU., Steve Mnuchin, sobre el impacto que la robotización y la inteligencia artificial estaban teniendo en el mercado laboral del país, este contestó que ninguno. “Esto no está en nuestro radares. Sus efectos como mucho se verán dentro de 50 o incluso 100 años”.

Pero un nuevo estudio de dos economistas del MIT, Daron Acemoglu y Pascual Restrepo, académicos que llevan años estudiando el fenómeno, publicado estos días en el National Bureau of Economic Research, sugiere que Steve Mnuchin debería por lo menos refrescar su pantalla, porque en la carrera para conseguir un puesto de trabajo los robots ya están ganando a los humanos. No es algo que ocurra ahora, sino desde hace dos décadas. Y ganan de calle: por cada máquina que se incorpora en un proceso productivo se destruyen seis puestos de trabajo y los salarios se devalúan hasta un máximo del 0,75%.

En el detalle, la investigación abarca el periodo en EE.UU. que va desde 1990 hasta el 2007 y considera como robot “una máquina controlada de forma automática, programable y multiuso”. Pues bien, basta con la presencia de un robot cada 1.000 trabajadores para que se destruyan el equivalente a 5,6 puestos de trabajo. A lo largo de la etapa estudiada, se perdieron un total de 670.000 empleos. De la quema (de momento) se salvaron las tareas de gestión y de valor añadido, mientras que las más perjudicadas fueron aquellas ocupaciones que incorporan alguna rutina manual, como cadenas de montaje en la industria o el transporte.

El número de nuevos empleos creados y el efecto positivo causado por el aumento de la productividad, según los autores, no habrían sido suficientes para compensar la caída en los sectores examinados.

En la actualidad hay cerca de 1,5 millones de robots industriales que operan en el mundo, según la International Federation of Robotics. Curiosamente, la proporción es más elevada en Europa (2,5 robots por cada 1.000 empleados) que en EE.UU. (1,8 robots por cada 1.000). No son números todavía significativos, pero los dos académicos recuerdan que en el 2025 los robots pueden llegar a seis millones, con lo que si “el ritmo prosigue tal como se espera, dentro de veinte años las implicaciones para el mercado laboral serán muy superiores”.

Para la consultora McKinsey, el 45% de los empleos es susceptible de ser automatizado, mientras que el Banco Mundial eleva este porcentaje en los países de la OCDE por encima del 60%. A finales del año pasado, la consultora IDC, en un detallado estudio, afirmó que ningún empleo es inmune a la robotización. “Prevemos una adopción extensa también fuera del tradicional sector manufacturero, hasta la logística, la salud, el suministro eléctrico y los recursos naturales”, destacaron los autores.

Los robots cuentan con una gran ventaja para la empresa: su coste. Por ejemplo, de acuerdo con la consultora Boston Consulting Group, un soldador hoy gana 25 dólares la hora, mientras que el robot puede hacer la misma tarea al coste de ocho. De ahí que haya propuestas, como la de Bill Gates, que aboguen por tasar a las máquinas y otras que apuesten por crear una renta básica universal para proteger a los que pierden el empleo debido a los imparables avances tecnológicos.

Estas investigaciones alimentan el actual debate político, porque el mantra del nuevo curso de la Administración norteamericana sostiene que la apertura comercial perjudica a la competitividad de la industria estadounidense en términos de puestos de trabajo y salarios.

Sin embargo, la realidad es que la automatización tiene un impacto superior al de las importaciones de China y de México o las deslocalización a los países de bajo coste.

A finales del año pasado, un informe de la Ball State University’s descubrió que el comercio es responsable de tan sólo la pérdida del 13% de los empleos en las factorías estadounidenses, mientras que la mayoría (88%) sería imputable a los robots. Otra cosa es que esto no aparezca en el radar de Mnuchin.


Peligra la mitad de los puestos de trabajo en España

En España peligran cerca de nueve millones de empleos, la mitad del total actual según un reciente estudio de McKinsey. Los sectores de transporte y almacenaje, fabricación y servicios de alojamiento y alimentación serían los más afectados: dos de cada tres empleos en estos sectores son susceptibles de ser robotizados, de acuerdo con estas fuentes. En términos absolutos, la industria y la venta minorista son las áreas que sufrirían más recortes, en ambos casos se destruirían más de un millón de empleos por la automatización de las tareas. Profesiones como dependientes y cajeros corren serio peligro de desaparecer, también por efecto del auge del comercio electrónico. Encuanto a los salarios, la robotización supondrá borrar de las nóminas más de 210.000 millones de euros. Estos datos no consideran ni los trabajos futuros que se puedan crear, ni los sueldos teóricos que las empresas podrían verse obligadas apagar por tener máquinas, si así se estableciera en el futuro.

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