Crece la mala fama de las grandes compañías, que se han olvidado de poner en valor su papel en el desarrollo y progreso de la sociedad. Ante tal situación, lo más llamativo es que las grandes corporaciones parecen haber dado la espalda a las organizaciones que defienden las ideas del mundo empresarial. A los ‘think tank’ académicos e independientes se les ningunea desde la iniciativa privada.

Desde la muerte del general Franco, el desprestigio que sufren las grandes empresas nunca había sido tan fuerte. Eléctricas, bancos, petroleras, constructoras… (da igual el sector) son apreciadas por una parte de la sociedad como presuntos delincuentes, y sus gestores son cuestionados continuamente. Un caldo de cultivo, alimentado tanto desde la izquierda como desde la derecha, que está calando en la sociedad.

Ante tal situación, lo más llamativo es que las grandes corporaciones parecen haber dado la espalda a las organizaciones que defienden las ideas del mundo empresarial. Hace unas semanas quedó disuelto el Consejo Empresarial de la Competitividad, formado por las 15 primeras compañías y el Instituto de Empresa Familiar, tras seis años de actividad; la patronal CEOE, que preside Joan Rosell cada día aparece más difuminada; el Círculo de Empresarios, que lidera Javier Vega de Seoane, no ha logrado implicar a los principales gestores en los debates que se están realizando; lo mismo se puede decir de la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD), fundada en 1956 y tan activa en otros tiempos en la de­fensa de la figura del empresario, porque su papel ha quedado re­ducido a impulsar la información de los directivos.

Los principales servicios de estudios, como Funcas, BBVA, Santander, La Caixa o el Banco de España, continúan haciendo su trabajo con esmero, pero siempre evitando ‘pisar callos’. A los think tank académicos e independientes se les ningunea. Las grandes empresas parecen no haberse dado cuenta que la etapa actual probablemente sea la más importante a la que se enfrenta España desde el origen de la democracia: “Ahora más que nunca es necesario tener organizaciones intermedias que impulsen, apoyen y expliquen a la sociedad las reformas estructurales que son necesarias para modernizar el país, y ayuden a realizar la transición económica para situarnos entre los más avanzados de Europa”, argumenta en privado el director ejecutivo de una patronal.

Sin embargo, el mundo empresarial tiene una visión chata de las organizaciones intermedias. Los empresarios están tan obsesionados por su cuenta de resultados, por la internacionalización o por la digitalización de su negocio, que se han olvidado de todo aquello que no les aporte un beneficio tangible: ¿cuánto nos cuesta?, ¿qué recibimos a cambio?. La coartada no es otra que el ahorro de costes.

Si nadie del mundo empresarial se preocupa por proponer soluciones a la alta tasa de paro y del incremento de la desigualdad creado tras la gran crisis del 2008, las consecuencias antes o después las terminarán pagando muy caras. Si no son capaces de transmitir al exterior una imagen independiente y creíble de lo que es España y de sus fortalezas, en algún momento tendrán que asumir los costes que produ ce el riesgo país.

Mejorar la imagen del empresario es algo que tenían muy presente los líderes empresariales cuando se inició la Transición Democrática. La gran obsesión de José María Cuevas o de Carlos Ferrer Salat era cambiar esa idea que tenían los ciudadanos de los banqueros. Chumy Chúmez los dibujaba con chistera y encendiéndose un puro con un billete de mil pesetas. Cabezas más lúcidas como José María López de Letona, Claudio Boada o Antonio Garrigues se emplearon en cuerpo y alma en defender los postulados de la libre empresa como motor de progreso. Ahora nada de eso ocurre.

Es cierto que eran otros tiempos, pero eso no es óbice para impulsar el liderazgo empresarial como ocurre en otros países de nuestro entorno. En Europa o en Norteamérica los think tank y las organizaciones empresariales están a la orden del día. En los países más prósperos existen auténticos líderes empresariales, que cuentan con el respaldo de sus colegas a la hora de defender sus planteamientos.

Probablemente el cambio generacional que se ha producido en las grandes empresas está directamente relacionado con tal dejación de funciones. César Alierta, Emilio Botín o Isidoro Álvarez estuvieron muy implicados en los movimientos empresariales; sus sucesores algo menos, por no decir nada… tal vez porque en las escuelas de negocios no se enseñen tales cosas.


Acoso a las eléctricas

La fuerte subida del precio de la electricidad ha hecho que el ministro del ramo, Álvaro Nadal, se haya puesto al frente de la manifestación. Ha pedido a la fiscalía y a la CNMC que abran una “investigación” sobre lo que está sucediendo. Lo cierto es que no hay caso. Él lo sabe. Nada que ver con lo que ocurrió hace tres años cuando se manipularon los precios.

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