Parece claro que el desarrollo tecnológico cambiará, más si cabe, el entorno laboral y, por consiguiente, el sistema social que conocemos. Por ello, la propuesta de una Renta Básica Universal es, según los expertos, el motor de un cambio de paradigma en la sociedad. Un cambio de dimensiones al que nos debemos adaptar para no vernos ahogados por la mecanización y automatización de las tareas.

Elon Musk o Stephen Hawking firman una carta en la que advierten de los efectos de la 'revolución 4.0'. En menos de dos décadas, el 47% de las profesiones se habrán visto afectadas por la automatización.

No se precipite; no es la intención de este artículo promover la adopción de un sistema de renta básica universal en España. La idea gana fuerza en ciertos círculos como medida que ayudaría a compensar la destrucción de empleo que, a corto plazo, provoca el desarrollo tecnológico. En concreto, 400 científicos, académicos y otros expertos, entre ellos Stephen Hawking y Elon Musk (fundador de PayPal y Tesla), firmaron el año pasado una carta en la que reclamaban también un desarrollo tecnológico "responsable", donde se estudie por adelantado las consecuencias sociales, éticas y legales de toda nueva disrupción.

La revolución digital que está por venir podría tener un impacto dramático en el mercado laboral, especialmente en aquellos países que no sepan subirse a tiempo al tren de la innovación. Por un lado, la mecanización y automatización de tareas se va a seguir acelerando, sustituyendo no sólo mano de obra poco cualificada sino también profesiones que requieren cierto nivel de estudios y especialización. ¿Por qué? Fácil: allá donde los costes salariales sean muy bajos, no compensará invertir en tecnologías de automatización.

Por otro lado, Internet -en especial el Internet móvil- ha llegado con fuerza a países del Tercer Mundo. Así, millones de personas que antes quedaban fuera del radar de las empresas pasarán a competir por unas oportunidades de trabajo limitadas.

En definitiva, parece que nos dirigimos hacia un mundo más meritocrático, donde el talento puede multiplicar su impacto -el rápido crecimiento de muchas start up es prueba de ello-, pero donde una parte significativa de la población no tendrá cabida. En el momento en que un robot pueda realizar el trabajo del 10%, 20%, 50% o 70% de la población mejor que un humano, ¿cómo se ganará la vida esa gente?

Impacto

Según los cálculos de los profesores Carl Benedikt Frey y Michael Osborne de la Universidad de Oxford, el 47% de las categorías profesionales se verán afectadas por la automatización. Así, la probabilidad de que un teleoperador pierda su trabajo antes del año 2033 es del 99%; la de un cocinero, del 96%; la de un vendedor de una tienda, del 92%; la de un barbero, del 80%; la de un juez, del 40%; la de una azafata de vuelo, del 35%; la de un técnico de rayos X, del 34%, y la de un conductor de ambulancias, del 25%. Y así, hasta 702 diferentes profesiones.

Es aquí donde entra la propuesta de Hawking y Musk. Se trata sin duda de una medida radical -va mucho más allá de una simple reforma del Estado del Bienestar- y muy costosa. Sin embargo, países como Canadá, Finlandia y Países Bajos empiezan a estudiar su viabilidad, a través de pequeños proyectos piloto, con vistas a tener un plan b en el caso que la situación empeore demasiado. ¿Puede algún tipo de renta universal aportar a esos colectivos el colchón que necesitan para reconvertirse y buscar un nuevo trabajo? ¿Podría un sistema de renta básica universal contribuir a una transición menos dolorosa hacia la aclamada era del conocimiento?

El escollo más evidente para la imposición de una renta universal es el económico/fiscal. Los economistas temen, asimismo, el impacto que una medida de esta naturaleza tendría sobre la motivación de mucha gente para trabajar.

Suiza dijo "no"

El pasado junio, Suiza rechazó en un referéndum la introducción de una renta mensual de 2.500 francos suizos (unos 2.300 euros) a cada adulto, y 625 francos suizos a cada menor de 18 años. Un 78% votó en contra.

Finlandia pondrá en marcha un proyecto piloto el próximo año, en una comunidad de entre 5.000 y 10.000 personas. El proyecto finlandés cuenta con el apoyo del Gobierno del país, una coalición tripartida de centro-derecha. El responsable de llevar adelante el experimento es su organismo de seguridad social, Kela. Finlandia contempla otorgar entre 500 y 700 euros al mes a cada persona, una cifra muy lejana a la que planteaba la consulta suiza. El objetivo de este proyecto piloto será estudiar los efectos de esta ayuda sobre la desigualdad, el gasto público y la motivación de los ciudadanos para prosperar laboralmente.

El experimento de Utrecht

Otro experimento interesante arrancará en la ciudad de Utrecht (Países Bajos) el próximo 1 de enero, y plantea comparar los resultados en varios grupos de personas, cada uno de los cuales recibirá una contribución diferente. Así, por ejemplo, los ciudadanos de un grupo recibirán 972,70 euros al mes si viven solos, y 1.389,57 euros si tienen pareja; los de otro grupo recibirán la misma cantidad, sin ningún tipo de obligación; y otros percibirán un bonus de 125 euros si realizan tareas de voluntariado. El importe de la ayuda, y la existencia o no de incentivos o exigencias pueden marcar grandes diferencias en el impacto sobre la sociedad y su economía.


La tecnología, ¿crea o destruye empleo?

A corto plazo, toda disrupción destruye más empleo del que es capaz de crear. En Europa, el Foro Económico Mundial estima que el sector industrial europeo perderá 7,1 millones de empleos, y que sólo creará 2,1 millones de puestos.
A largo plazo, el empleo neto se recupera; aparecen nuevos especialistas y nuevos modelos de negocio, muchos de los cuales no serían viables de no ser por las tecnologías. Pero, ¿cómo pueden los países ayudar a que la población se prepare para trabajar una economía cada vez más especializada y exigente? En España, sólo el 7% de los estudiantes está cursando titulaciones de ciencia, tecnología, ingenierías y matemáticas.


Y si ya no dependiéramos del trabajo, ¿de qué viviríamos?

Tanto defensores como detractores coinciden en que una renta básica universal -de una cuantía mínima- desplazaría a los rendimientos del trabajo del centro de nuestras vidas. ¿De qué viviríamos entonces? El cambio sería radical, probablemente mayor que el que supuso la introducción de la educación universal y de las pensiones a mediados del siglo XX.

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