Hombres y mujeres homosexuales reclaman su lugar en las empresas en igualdad de condiciones que el resto de los empleados. Cada vez más las siglas I+D tienen un nuevo significado: inclusión más diversidad.

 

En las empresas no solo cambia la maquinaria, los despachos y los organigramas, los jefes o los trabajadores; también cambia el perfil de las plantillas. La diversidad se ha instalado en las relaciones laborales, y los directivos, especialmente los de recursos humanos, están empezando a adaptarse a la nueva realidad de los empleados homosexuales. Cuando las empresas aún están descubriendo los planes de igualdad que se negocian en los convenios colectivos, dirigidos a evitar la discriminación de las mujeres, ha llegado otra novedad, el reconocimiento de los derechos LGBT (lesbianas, gais, bisexuales y transexuales), como una seña más de la capacidad de innovación de las firmas.

«Los trabajadores con una condición sexual LGBT empleamos el 30% de nuestro cerebro en ocultar lo que somos», explica Jokin Egaña, organizador del primer congreso de empresas LGBT friendly, una idea que en Estados Unidos (EEUU) ya lleva años en desarrollo. El dato que aporta Egaña es asumido por la comunidad gay internacional y por las organizaciones empresariales que reconocen que un trabajador o trabajadora contento y reconocido en todas sus características, es más productivo. «Al ser libres, somos más creativos, más productivos, con más capacidad de superación debido a las trabas sufridas», añade, a propósito de un colectivo que tiene una gran capacidad de consumo y mucha influencia social.

España tiene una de las legislaciones más avanzadas en materia de derechos de los homosexuales tras la regulación del matrimonio homosexual y la adopción. El reto ahora es normalizar las relaciones laborales. De ello se ha hablado dos días en el primer congreso de empresas gay friendly (EGF) en el que la comunidad homosexual y expertos y directivos de mercados y de multinacionales han intercambiado experiencias.

En España no hay cifras sobre la implicación empresarial en prácticas no discriminatorias. La organización de Egaña cuenta con más de mil firmas pero la gran mayoría son pymes. El primer paso de la estrategia emprendida por este colectivo es que las empresas se hagan amigas o aliadas, lo que no implica nada más que poner una pegatina en sus locales y cumplir con el decálogo de buenas prácticas que juega con la idea I+D entendido como Inclusión más Diversidad.

Curiosidad

¿Cómo es recibido este proyecto en las empresas? «Con mucha curiosidad», responde Egaña, abogado y antiguo deportista profesional. «Con mucho interés por conocer el tema aunque reconocen que parten de cero. Nosotros intentamos explicarles que ser una empresa gay friendly aumenta su valor de mercado y marca un baremo de modernidad».

Muchas multinacionales trabajan activamente en apoyo de la diversidad sexual de sus plantillas, pero aún les cuesta aplicar estas políticas en sus filiales españolas. «Consideran que es demasiado pronto para adoptar estas políticas en España», señala Egaña.

No es fácil luchar contra los estereotipos que Egaña describe con los adjetivos «glamurosos, divertidos, cotillas… Estoy en contra de esa imagen llena de testosterona». De unos años a esta parte las lesbianas y los gais se casan y tienen hijos. Y como los demás empleados tienen que pedir permisos para casarse o para atender a sus vástagos o parejas por enfermedad. Si no has salido del armario y no trabajas en un entorno de aceptación, se impone el silencio. Por no hablar de que a la pareja nunca la podrás llevar a los actos de empresa.

Mención especial es el tema de las lesbianas, doblemente discriminadas. Los expertos cifran en el 8% los trabajadores homosexuales, de los que el 1% son lesbianas, un dato que comparte Paula Alcaide, psicóloga especialista en la materia, consultora y formadora.

«El 50% trata de ocultar su condición en el trabajo. Eso lleva al 20% menos de productividad. Están en alerta, con ansiedad constante y más irritables que sus compañeros. Todavía no es un problema tanto de orgullo como de dignidad», concluye Alcaide.

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