No es la primera vez que el fútbol da lecciones de gestión al mundo empresarial. Los equipos deportivos más exitosos siguen estrategias dignas de ser trasladadas al mundo de los negocios. The Economist expone el caso de Claudio Ranieri, entrenador del Leicester City, que ganó recientemente la Liga inglesa. ¿Cómo lograron los Foxes alzarse con el título a pesar de haber sido durante años uno de los peores equipos de La Premier?

 

En término futbolísticos, Claudio Ranieri, un italiano afable, ha encontrado la manera de convertir el agua en vino. Ranieri entrena un club en Inglaterra, el Leicester City (conocido también por su apodo ‘The Foxes’), que históricamente no ha sido muy bueno. El 2 de mayo su equipo fue coronado campeón de la Premier League inglesa, la competición deportiva más seguida del planeta y ganada indefectiblemente –incluyendo cada uno de los últimos 20 años-  por uno de los cuatro clubes más grandes. La victoria de los Foxes se pagaba 5.000 a 1 en las apuestas al inicio de la temporada.

Los obsesos de los deportes se pasarán el verano debatiendo sobre cómo lo hicieron los astutos Foxes (“zorros” en castellano) –rápidos contraataques, intercepciones regulares y una férrea defensa ayudaron en el campo- y si su buena forma se podrá mantener. Pero el triunfo del Leicester también provocará un desorbitado interés desde el mundo de los negocios, que durante mucho tiempo ha buscado en el deporte lecciones sobre gestión y liderazgo. Sir Alex Ferguson, el ex entrenador extremadamente exitoso del Manchester United, ha impartido cursos en la Harvard Business School. El uso de la estadística de Billy Beane en el Oakland Athletics, un equipo de béisbol con medios limitados, fue una parábola precursora del poder del big data; Beane ahora se sienta en el Consejo de Administración de Netsuite, una empresa de software. Steve Peters, un psiquiatra que ha trabajado con distintos deportistas de élite, conduce  programas que prometen ayudar a la gente de negocios estresada a controlar su “chimpancé interior”. Es una apuesta segura incluir a Ranieri en el próximo circuito de conferencias empresariales, o que se le pida que escriba un libro sobre liderazgo (Tipo “Yo, Claudio”… ¿alguien interesado?).

Ranieri puede ciertamente echar mano de varios temas de gestión para ofrecer lecciones a la alta dirección. Se exhorta rutinariamente a los empresarios a aprender de sus errores e incluso a celebrarlos. Se dice que la quiebra de Walt Disney en sus inicios sólo hizo que fortalecer su determinación para tener éxito. Henry Ford decía que las equivocaciones son necesarias para los logros. Y Bill Gates ha declarado que es un éxito tener un profesor tan terrible como el fracaso. Ranieri, de 64 años, asumió el control del Leicester el pasado julio y traía consigo 30 años de experiencia como entrenador. Nunca antes había ganado nada importante en Inglaterra, siendo conocido como el “aspirante” por terminar segundo en la Premier League cuando entrenaba al Chelsea. Una gran crítica que se le hacía entonces era que jugueteaba demasiado con sus opciones de equipo, un rasgo que le valió el apodo de The Tinkerman (algo así como el “Cambiajuegos”). En Leicester, sin embargo, él resistió las injerencias. Puede ser difícil saber precisamente qué hay que cambiar; Ranieri, por diseño o por buena suerte, encontró lo que se debía ajustar.

La historia del club será aprovechada por los gurús de la gestión como recordatorio para un tema empresarial cada vez más popular: que las oportunidades para los más pequeños de emular a los gigantes se han hecho más numerosas gracias a la tecnología. Donde una vez entraron en juego grandes presupuestos y centros internos de datos para minoristas como Walmart con el objetivo de analizar datos de ventas y de atraer a los compradores a los centros comerciales, por ejemplo, ahora la computación en la nube permite que empresas más pequeñas puedan desmenuzar datos para atraer a los probables compradores hasta sus productos on line. El Leicester también adoptó los enfoques de los clubes de fútbol más grandes en el uso de nuevas tecnologías y en el análisis de gran cantidad de datos sobre el desempeño de los jugadores.

Ranieri también podría reflejar que no tener éxito en un área puede resultar útil, si luego puedes centrarte en hacerlo mejor en otro lugar. Al equipo le fue mal en la competición de la Copa, pero entonces quedó libre para concentrarse en ganar los partidos de la Liga. En el mundo de la empresa, evitar distracciones y concentrarse en el "núcleo" es también un tema muy manido en gestión. Total, una enorme compañía energética francesa, esperaba entrar en el mercado de la producción de gas en EEUU, pero ahora puede dar las gracias por no haberlo conseguido. De forma más deliberada, otra empresa francesa, Kering,  se ha retirado de la distribución minorista más masiva en los últimos años —desapareciendo de cadenas como Printemps, Fnac y Conforama- y ahora se ha especializado en productos de lujo mucho más lucrativos.

Por último, hay una serie de lecciones a desgranar sobre el relajado estilo de gestión de Ranieri. En las sesiones de entrenamiento utilizaba el redoble de una campana invisible para mantener a su equipo centrado; hacía cosas como comprarles pizza a todos cuando rendían bien. El resultado fue que cultivó un potente sentido de espíritu de equipo. Las empresas de tecnología están bien versadas en los trucos del team-building, usando beneficios como comida, cápsulas para la siesta y adoptar palabras llamativas de argot ("Googlers", "Softies" y "Amazonians") que unen a los empleados. A medida que las expectativas y la presión fueron creciendo, Ranieri restó importancia a las ambiciones de su equipo. La modestia en público puede ser más inteligente que exagerar las expectativas. Un montón de “unicornios” acabarán lamentándose de los vítores que recibieron porque se suponía que iban a cambiar el mundo.

No existe el “yo” en Leicester

Existe otra manera de examinar el triunfo del Leicester, una que incluso el estilo autocrítico de Ranieri podría respaldar. The Halo Effect (“El efecto halo”), un libro de 2007 sobre engaños en gestión escrito por Phil Rosenzweig, argumentaba que el gran rendimiento de un negocio a menudo conduce a sus managers a ser agasajados por su brillantez, así como los que tienen un mal desempeño se ven escarnecidos por las malas decisiones tomadas. En realidad, es muy complicado descubrir las fuentes de un gran desempeño, y el éxito no es necesariamente el resultado de cosas que un manager pueda controlar. La suerte, en forma de falta de lesiones, jugó su papel en el éxito del Leicester; y también los fallos de los rivales. Es más fácil cultivar el espíritu de equipo cuando estás ganando. Ranieri por sí mismo no ha pasado de repente de ser bueno a ser genial: ha estado usando su campana imaginaria para lograr un efecto de respetabilidad a lo largo de su carrera.

El gran test para el Leicester será ver si puede mantener su éxito. Ser campeones les reportará un estímulo financiero: un premio de unos 90 millones de libras, que es una pequeña porción de los 1.700 millones de libras que la Liga obtiene por su retransmisión anual. Y le seguirán otras bendiciones. El Leicester ahora también jugará (durante un tiempo) en la Liga de Campeones, generando más ingresos. Pero otros clubes poco glamurosos han ganado anteriormente la Premier League solamente para terminar volviendo a una relativa mediocridad. El Blackburn Rovers triunfó en 1995, pero ahora languidece en una división inferior; la mayoría de aficionados y jugadores permanecerá fiel a los clubes más grandes. Ganar la Liga ha ido mucho más allá de las expectativas de la mayoría. Pero si el Leicester consiguiera lograrlo de nuevo, Ranieri Cambiajuegos realmente debería prepararse para impartir una conferencia en Harvard.


* “What do the Foxes say?”. The Economist, 07/05/2016 (Artículo consultado on line el 30/05/2016).

Acceso a la noticia: http://www.economist.com/news/business-and-finance/21698059-leicester-city-management-lessons

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