Tienen el mundo a sus pies: buen puesto, sueldo por encima de la media y un equipo de personas a su disposición. Un éxito profesional al que son adictos. Pero, ¿qué sucede cuando la crisis anula ese bienestar laboral? Cambiar de actitud es la alternativa.

Eche un vistazo a su alrededor y en poco tiempo descubrirá algún adicto al éxito. Los últimos años de bonanza económica han animado la proliferación de estos profesionales con ansia de comerse el mundo, que han tenido trayectorias ascendentes sin grandes complicaciones en un periodo muy corto de tiempo.

Ignacio García de Léaniz, consultor de Evolución 21, tiene muy claro su perfil: "Son personas dinámicas, en apariencia muy seguras de sí mismas y con una dosis elevada de sobreestima e hipertrofia del yo. Contemplan el mundo y su empresa como afirmación de su voluntad y ésta es esencialmente conseguidora, lo que se denomina achievers; altamente orientados al logro y a los resultados". Este comportamiento viene respaldado por su propia esencia, algo que ellos consideran parte de su atractivo. Según Luis Huete, profesor del IESE, "ser poderoso te hace sentirte importante, te permite acceder a gente singular, supone un desafío e incluso ayuda a sentirse más seguro".

La otra cara de la moneda de estos profesionales la describe García de Leániz: "Poseen una escasa tolerancia a la frustración, tolerancia que no siempre se da en la persona madura y prudente". Estos defectos se vuelven en su contra cuando, de la noche a la mañana, ven como el mundo que les rodea y en el que han sido protagonistas se desmorona cuando son víctimas de un expediente de regulación de empleo (ERE): la tasa de paro que miraban de soslayo les cae encima como una losa. Ahora son el actor principal en una película que desconocen: el desempleo.

Ejercicio de madurez

Dice José Manuel Casado, socio de talento, organización y personas de Accenture, que cuando estos profesionales se topan con un cambio de situación, "no poseen la suficiente madurez para entender que han sido desprovistos del personaje que han representado, ahora les toca ser persona; dejan de tener estatus, y lo peor que tienen por delante es aceptar esa nueva situación". Casado recomienda que se centren en aquellas cosas que más les llenan "irse de vacaciones fuera del entorno habitual".

Para Carles Polo y María José Dunjó, socios de Acambio, "estos profesionales son incapaces de identificarse con una imagen de ellos mismos ajena al éxito, como si hubieran perdido algo de su propia personalidad. Por este motivo, se sienten fracasados antes siquiera de poder empezar a reflexionar. Son incapaces de plantearse nuevos objetivos e intentan aferrarse a una situación que ya ha terminado, porque la identifican como inseparable de ellos mismos: su compañía, su equipo, su negocio o cualquier otro factor de pertenencia". Carmen Carvajal, socia de Psicosoft, señala además la inseguridad de estos directivos como una de las barreras para enfrentarse al nuevo entorno porque "su vida está muy focalizada en el entorno laboral y eso determina su ámbito personal. Su éxito es una coraza que desaparece cuando se quedan sin empleo. Estas personas necesitan de esa simbología para tapar sus inseguridades".

Por estas razones, según Carvajal, una de las mayores dificultades a las que se enfrentan es "mostrarse a los demás tal y como son. Desconocen cómo deben actuar en su vida personal, tienen que reaprender a convivir con ese entorno, porque hasta entonces se han mostrado a los demás por el puesto que han ocupado, no como persona. Suele ser un desconocido para sus amigos, sus hijos y pareja".

Sin embargo no todo son defectos en los adictos al éxito que, en ocasiones, son un chollo para la organización por sus virtudes. Camilla Hillier Fry, socia de PeopleMatters, enumera algunas de ellas: "Su orientación a los resultados y la ambición que, frecuentemente, se traducen en el deseo de 'hacer las cosas cada vez mejor ', y a veces su competitividad. También se caracterizan por su optimismo, la energía y el deseo de influir en los acontecimientos y las personas. Por otra parte, suelen buscar el reconocimiento de los demás: el éxito es un fenómeno público". Por estas razones, Hillier Fry considera que la mayor dificultad a la que se enfrentan cuando se quedan sin empleo "es que pierden el foco: si estas personas no tienen metas claras, no saben cómo orientar sus esfuerzos; y si no tienen el reconocimiento, no están seguros de si lo están haciendo bien o no. Necesitan referentes externos para dar sentido a su vida, de lo contrario, pierden el norte".

Y ahora, ¿qué?

Cuando se cambia el cómodo asiento de un despacho y un chófer en la puerta por el desempleo lo más fácil es recurrir al networking, es decir, a la red de contactos, como vía a un nuevo puesto. Sin embargo, conviene hacerlo con un poco de cautela. Juan Carrión, director de Eurotalent, señala que "esas amistades no son tan sólidas como se pensaba cuando el poder ha desaparecido. Lo más complicado es aceptar la nueva situación y mantener una imagen positiva de sí mismo". Añade Carrión que, en ocasiones, los profesionales no se atreven, tienen miedos e inseguridades.

Polo y Dunjó, de Acambio, apuntan que, "su defecto principal es la falta de flexibilidad para adaptar patrones a otros entornos, como el personal. Tienden a repetir sus esquemas de éxito profesional en entornos que se mueven por otros parámetros y no están preparados para asumir los fracasos cuando aparecen".

Cambiar de actitud

En estos casos, los expertos recomiendan recurrir a la ayuda de un coach que ayude al profesional a sacar lo mejor sí mismo y cambiar de actitud. El coach Juan Carlos Cubeiro explica el proceso: "Son jefes que han mandado siempre. Hasta ahora han tenido a su alrededor súbditos, pero ahora tienen que cambiar de actitud porque las empresas de hoy funcionan por la colaboración, la innovación y el trabajo en equipo. El éxito ya no llega por la vía de la obediencia". También Pilar Jericó, socia de InnoPersonas, apunta este cambio de panorama. En su opinión, "ante el poder jerárquico, está la alternativa de la colaboración. Ahora es el momento de colaborar y de la humildad, debido a las dificultades. Las crisis, una vez más, nos ayudan a regresar a valores que antes se había quedado un poco más difuminados".

Enrique Arce, socio de PeopleMatters, asegura que para amortiguar la caída "el adicto al éxito tiene que ser más humilde, practicar más la escucha, ser más reactivo y adoptar una actitud colaboradora. De lo contrario, aquellos que estaban acostumbrados a atribuirse los éxitos y no los fracasos lo van a pasar muy mal".

La receta para evitar que los directivos que ahora se quedan sin ese poder sufran un resbalón aún mayor la expone García de Leániz: "Ahora comprobarán que, si han jugado al poder, fuera de él queda la soledad: no suena el móvil y los conocidos que antes le temían ahora no le aprecian. Recordemos que desde el poder no se genera la amistad, sino el temor que es todo lo contrario. La pregunta sería, ¿qué puedo hacer para que me estimen? A lo mejor empezando por lo más cercano es posible vincularse otra vez no desde el poder que implica sumisión sino desde el amor, que supone respeto. No es mal proyecto vital. Por lo menos te enteras de que estás viviendo".


Decálogo del príncipe destronado

  1. Piense en términos de oportunidades, no de problemas.
  2. Hable mucho y no se avergüence de su nueva situación.
  3. Sea maestro y no víctima
  4. Elija estar parado y nunca sea parado.
  5. No pierda la esperanza. Desde la depresión no se encuentra trabajo.
  6. Hágase competitivo. Mejore en aquello que le puede hacer más valioso.
  7. Busque apoyo emocional en su familia. Comparta todas sus inquietudes.
  8. Gestione bien sus finanzas. No deje que se conviertan en un problema añadido.
  9. Practique la autocrítica. No siempre toda la culpa es del sistema.
  10. Sea paciente. Por cada 10.000 euros de sueldo que perciba puede tardar un mes en encontrar empleo.

Fuente: Antonio Pamos, gerente de Grupo Actual.


¿Es usted un adicto al éxito?

La respuesta a esta pregunta la puede encontrar en una serie de reflexiones de Santiago de Miguel, presidente de People Excellence. Si cree que está expuesto a esta dolencia le invitamos a seguir paso a paso el siguiente autoanálisis, desde la diagnosis de esta adicción hasta el tratamiento que puede ayudarle a salir de ella. Si la mayoría de sus respuestas son positivas, quizá debería plantearse cambiar su conducta:

Diagnosis

  • ¿Proyecta usted una imagen de ambición por los resultados por encima de todo?
  • ¿Cree que su equipo le ve como un tirano, coercitivo, cortoplacista, muy centrado en los resultados y nada en las necesidades de sus colaboradores?

Tratamientos

  • Pida 'feedback ' a sus colaboradores, colegas y jefes sobre cómo le ven y cómo le sienten en sus relaciones profesionales, en especial sobre sus comportamientos en lo que se refiere a las competencias de relación y de tarea. La técnica más útil en la empresa suele ser la evaluación y el ‘feedback’ 360º, metodología de apreciación del rendimiento basándose en distintas fuentes de los jefes, pares y colaboradores.
  • Apóyese en un 'coach ' para tomar conciencia de usted mismo (debilidades, fortalezas y nivel de autoconfianza).
  • Proyecte un estado deseado diferente al actual.
  • Marque objetivos a medio y largo plazo y compártalos con sus colaboradores y colegas.
  • Explore, junto con su 'coach ', sus emociones de afiliación y de aspecto social.
  • Ponga optimismo en sus pensamientos y lenguaje.

Cheques continuos

  • Pregúntese de nuevo: ¿Qué imagen tiene de sí mismo? ¿Sigue valorando por encima de todo los resultados a corto plazo? ¿Qué importancia tienen para usted las personas? ¿Qué valor le otorga al estatus?
  • Pregunte a su equipo y a su jefe: ¿Cómo le ven? ¿Cómo se sienten con usted? ¿Le ven coercitivo? ¿Les cuesta conectar con usted? ¿Delega? ¿Reconoce el trabajo de los demás? ¿Anima a sus colaboradores? ¿Está dispuesto a incorporar propuestas de otros? ¿Fomenta la cooperación en su equipo? ¿Está su equipo orgulloso de trabajar con usted?

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