El investigador Michael J.Gill analiza los temores de los empleados, muchos de los cuales acostumbran a trabajar en un contexto laboral de gran presión que exige una dedicación absoluta. Su recompensa es el prestigio y posición social que otorga pertenecer a una compañía de renombre.

 

Dado que vivimos en un sistema que se desea meritocrático, la forma de adquirir estatus social pasa muy frecuentemente por la adquisición de logros profesionales. El tipo de trabajo que se realiza y el lugar en el que se desempeña conllevan también una identidad, que es tanto más valorada cuanto mayor sea el prestigio de la profesión o de la empresa en que se desempeña la tarea. Este valor forma parte de la recompensa que aporta trabajar en una firma de élite, lo que explica que muchas personas opten por buscar una trayectoria dentro de esas empresas incluso cuando las retribuciones iniciales sean escasas o las exigencias dededicación sean elevadas. Tales compañías o frecen una identidad exitosa, y eso es algo esencial.

Las compañías son conscientes de ello, y lo hacen valer como instrumento de cohesión interna. Los miedos de sus empleados a salir de ese círculo de prestigio, “a ser devaluados”, generan una ansiedad por el estatus presente en nuestra sociedad. El filósofo

Alain de Botton definió este sentimiento señalando que quienes lo sufren se creen en peligro de no cumplir con los ideales de éxito previstos por la sociedad. Su temor es ocupar un papel demasiado modesto o,peor aún, caer aun lugar más bajo del que detentan.

Estatus social

El investigador Michael J. Gill ha estudiado en Elite identity and status anxiety: An interpretative phenomenological analysis of management consultants (Organization,Vol 22,3) la frecuencia con que aparece este tipo de sentimientos entre los consultores. Gill entrevistó a los empleados de una consultora de prestigio (a la que denomina por razones de privacidad la Firma X) radicada en Londres, que cuenta con miles de empleados que trabajan en una gran variedad de sectores y de industrias, y que son habitualmente reclutados entre los egresados de reconocidas escuelas de negocio.

La compañía cuenta con 50 oficinas en todos los continentes y dice de sí misma ser una empresa de élite formada por “personas excepcionales”. Esa identidad es también atribuida a sus empleados, que cuentan con la visibilidad y el prestigio que les procura el pertenecer a esa firma.

En un contexto laboral de gran presión, que exige muchas horas de dedicación –“Aquí sabes que vas a trabajar en muchas ocasiones durante toda la noche, o los fines de semana. Las vacaciones se cancelan a menudo. Ya sabes, olvídate de hacer planes para quedar a cenar”, asegura uno de los entrevistados –y en el que la vida personal, la familia y los amigos pasan por completo a un segundo plano –“no hay mucho tiempo para novias, aficiones y esas cosas”– el compromiso suele asegurarse no sólo por los beneficios materiales, sino por el miedo a perder la posición.

Además, es conveniente,señala Gill,que el inevitable estrés que aparece en el trabajo no sea visibilizado por los directivos y los socios, “porque pensarán que esa persona no sirve para la empresa”.

Trabajar y aparentar

Hay que hacer el trabajo, y hay que aparentar que se realiza sin un esfuerzo excesivo. En ese escenario, la mayoría de los miedos no se relacionan con las presiones de los clientes o con la dificultad de los proyectos, sino con la posibilidad de ser expulsado.Los consultores entienden esa posición en una empresa de élite como uno de los factores quedan sentido a su identidad por lo que cualquier posibilidad de perder ese estatus dispara su ansiedad. Muchos de los consultores entrevistados exteriorizaron esos miedos de una forma expresa: “Si no estuviera trabajando aquí, no formaría parte de esto. No formaría parte, ya sabes, de una firma exitosa.Yo quiero ser una persona exitosa. De modo que por supuesto que sí, siempre estoy preocupado por la próxima evaluación”.

La conciencia que desarrollan es que no hay nada ahí fuera que les pueda ofrecer la misma consideración social que el lugar en el que están. “Estás pensando constantemente, y está muy metido en tu cerebro, si eres o no lo suficientemente bueno para este lugar.Si no… Ir a lamayoría de las otras empresas significaría ser degradado”. Esa idea, que es el motor de su trabajo,les lleva adejarde lado los aspectos conflictivos de su oficio o los problemas interiores que les ocasionan.


 Ansiedad flotante

En el estudio, Gill descubrió tres aspectos esenciales. En primer lugar, que la construcción de una identidad de élite es fundamental para que la imagen positiva y distintiva de estos consultores pueda funcionar y sea eficaz para esforzarse en sus tareas cotidianas. En segundo, que esa imagen ayudaba enormemente a reforzar el compromiso con la consultoría. Y como tercer elemento, existía una ansiedad flotante, producto de la tensión entre las personas que sentían que eran y la posibilidad de ser devaluados y expulsados de esa posición. Esa ansiedad, a su vez, era estigmatizante si se exteriorizaba, hasta el punto de que no solían comentarla ni siquiera con sus colegas. Sólo después de un proceso gradual de confianza y de la firma de acuerdos de confidencialidad, los consultores entrevistados accedieron a contar sus vivencias. Por eso nadie habla de ella, a pesar de que sea el elemento esencial que define su dedicación.

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