Sociólogos y filósofos debaten en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) sobre las causas de una sociedad hiperacelerada y la falta de tiempo para “encajar la pluralidad de exigencias” de la sociedad actual. Para combatir esta sensación de tiempo apresurado se necesitan planteamientos y soluciones colectivas.


La reflexión sobre la fugacidad de la vida, el tiempo inaprensible, es consustancial al ser humano y ha recorrido la historia de la humanidad. Pero hoy hace falta detenerse de nuevo y con más énfasis porque la impresión generalizada es que el tiempo va más rápido que nunca y se ha convertido en un bien que escasea. ¿Qué ha pasado si es que algo ha pasado? ¿Somos hámsters corriendo frenéticos sobre una rueda sin avanzar ni poder salir? ¿Hemos perdido la soberanía sobre nuestro tiempo? ¿Qué papel tienen las nuevas tecnologías?

Con el objetivo de debatir sobre esta sensación generalizada de hiperaceleración, sobre la falta de tiempo para “encajar la pluralidad de exigencias” de la sociedad actual, el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) ha iniciado un ciclo de conferencias con sociólogos y filósofos de referencia. El CCCB se ha querido sumar desde el ámbito de la reflexión a la Iniciativa per a la Reforma Horària, que impulsa una racionalización horaria en Catalunya precisamente para recuperar la libertad sobre el tiempo propio, desenredarlo de la larga jornada laboral española y catalana.

“Tenemos que reaprender a ser amos de nuestro tiempo”, señala Salvador Cardús, profesor de Sociología (UAB) y miembro de la Iniciativa per a la Reforma Horària, quien abrió el ciclo del CCCB. El problema no es el tiempo libre, indica, sino el tiempo sobre el que se pueden tomar decisiones, de autonomía. Lo que los sociólogos denominan el discretionary time, y es su ausencia la que ahoga.

Las miradas de los expertos no son exactas, hay paradojas en el debate –por ejemplo, se tiene menos tiempo libre, pero hay más dedicación a los hijos–, pero el hilo conductor es lo que el sociólogo alemán Hartmut Rosa define como la “hambruna de tiempo” de la sociedad actual. Rosa, que estará en el CCCB el 14 de marzo, ha analizado la aceleración social desde “los placeres de la motocicleta hasta la desolación de la rueda de andar” (la de los hámsters). La movilidad, las comunicaciones, la velocidad empoderaron al hombre –señala en su artículo Full speed burn out? Quemados a toda velocidad?– para moverse a lo largo de la tierra, para desarrollar un proyecto individual de vida. La buena vida era la vida autónoma, y esto quedaba simbolizado en la motocicleta con su fusión de velocidad y libertad. Hoy, prosigue el sociólogo, la “buena vida” ya no es la autónoma, sino la plena: probar las máximas opciones de las muchas que tiene el mundo. Pero este anhelo sólo funciona, indica, si los actores pueden controlarlo. Si la motocicleta era control, línea recta, hoy la aceleración no se experimenta así. Rosa contextualiza esta sensación en el marco de una economía capitalista de crecimiento constante: la búsqueda de beneficios, los inversores quieren la máxima rapidez en el retorno y en la circulación del capital, lo que acelera la producción y el consumo. Un contexto en el que es necesario ir por delante con respecto a las innovaciones. Un énfasis en la competencia y en los resultados que saltan del ámbito económico e impregnan otras esferas sociales. Y aquí llega esta rueda de hámster: ya no se corre para llegar a alguna parte, sino para no quedar atrás, sin autonomía, y aunque se corra muy rápido nunca al final del día se tendrá la sensación de haber terminado el trabajo.

Un mundo que se rige con rigurosas normas temporales, horarios, fechas de entrega, el poder del corto plazo, la lógica de la gratificación instantánea que infunde en el individuo el sentimiento de culpa. Al final del día, señala el sociólogo, nos sentiremos culpables porque no hemos logrado todas las expectativas. Todo ello en una sociedad en que saltar de la rueda del hámster significa probablemente no poder volver a entrar, y las altas tasas de desempleo se encargan de recordarlo. Hacen falta soluciones colectivas.

Al hilo de estas teorías, Judy Wacjman, catedrática de Sociología de la London School of Economics (véase la entrevista adjunta), considera también que .deben buscarse soluciones generales, especialmente en el ámbito laboral, aunque no todo en la vida se ha acelerado. Estar ocupado, ser productivo, señala, es signo de estatus y no se puede culpar a las nuevas tecnologías de esta aceleración sino a un conjunto que atañe a la naturaleza del trabajo, la composición de las familias y la nueva idea de paternidad intensiva. Se trata de “democratizar” el tiempo –que no valga mucho más el de unos que el de otros–, repartir mejor el trabajo y estabilizar la sociedad sin que sea necesario el crecimiento perpetuo.

Para Salvador Cardús no se puede hablar de una “escasez” de tiempo, sino de la complejidad social, acelerada por el uso de las redes sociales. Quizás no se trabajan más horas, pero la multitarea, la conexión continua con el ámbito laboral (desde casa, mientras se va al médico, cuando se viaja...) incrementa esta sensación de tiempo acelerado. Nos relacionamos con unas estructuras sociales que fueron válidas hasta el siglo XX pero que ya no lo son.

Acomodar la organización social, indica Cardús, significa sobre todo flexibilidad: no hace falta que todo el mundo empiece a trabajar a la misma hora –y el colapso que ello supone– , flexibilizar también los horarios escolares. La rigidez con la que nuestra sociedad se organiza es propia de la industrialización, y ahora ­constriñe.

Se necesita tiempo para que el individuo haga suyo el mundo, sentir el mundo. El crecimiento y la innovación son positivos, indican los expertos, si son necesarios y no un fin en sí mismos. El debate sobre el tiempo, el planteamiento de una reforma horaria llega porque la sociedad nota que se le ha escapado de las manos y necesita reconquistarlo y vivirlo a su medida.


Algunas críticas a los movimientos ‘slow’

Se están escuchando estos días en el ciclo de conferencias Nuestro tiempo que organiza el CCCB algunas críticas a los movimientos slow –el pionero fue el slow food, creado hace ya tres décadas–, no por lo que significan, sino porque difícilmente pueden constituir un motor de cambio general. La socióloga británica Judy Wacjman considera que han surgido como estrategias de resistencia válidas para una élite. “Los veo –indica– como movimientos burgueses que legitiman la velocidad en otros sectores de la sociedad”. En esta línea, indica que es mucho más efectivo para todos luchar por políticas públicas que cambien la distribución del tiempo en la vida cotidiana o que limiten los horarios en los que se pueden enviar watsaps vinculados con el trabajo. Con ironía señala que muchos espacios de comida rápida sirven paradójicamente para que la gente joven se reúna, hable y socialice. Y esto es bueno. Pero pese a estas críticas (moderadas) sobre el elitismo de estos movimientos, se admite y se aplaude que ayudan a reflexionar sobre cómo vive la sociedad actual, y el hecho de plantear esta reflexión ya puede ser motor de cambio. “Las filosofías de la lentitud –indica el sociólogo Salvador Cardús– van en la línea de reapropiarse del tiempo, de recuperar la soberanía sobre un tiempo propio”. Aunque también apuesta por respuestas colectivas.


“Las mujeres han cambiado el uso laboral del móvil”

Judy Wajcman, catedrática de Sociología de la London School of Economics

Es la tecnología la que ha apresurado el mundo? Podría parecer que sí: la inmediatez, el solapamiento de actividades, la posibilidad de estar en varios mundos a lavez. Pero la socióloga Judy Wajcman, autora del libro Pressed for time, sostiene que esta sensación de tiempo apresurado no se debe sólo a las máquinas.

¿Cómo hay que analizar el papel de las nuevas tecnologías en esta experiencia del tiempo acelerado?

Hay que entender la tecnología como parte de la cultura. Es cierto que crean una multiplicidad de temporalidades, que bien pueden hacernos sentir agobiados, pero a la vez también pueden ayudar a liberar tiempo. El móvil, por ejemplo, es un gran invento que ha arraigado con fuerza debido a la participación de las mujeres en el mercado laboral, ya que les permite coordinar más fácilmente varios mundos. Es un instrumento pensado para los negocios, pero que se ha convertido en básico en una sociedad desincronizada. El aumento de horarios cambiantes, de las familias en las que los dos miembros trabajan, dificulta la coordinación de los distintos ámbitos vitales. Y esto es lo que crea esta sensación de estar siempre ocupado, no es el teléfono móvil el que crea esta sensación.

¿La sociedad está condenada a vivir de esta manera?

No es una cuestión de escasez de tiempo, sino de horarios y sincronización. El tiempo se está viviendo también como un elemento formador de diferencias sociales, donde las horas de unos se valoran mucho más que las de otros. Están los directivos, los profesionales de algunos sectores que ganan mucho dinero, mientras otros tienen empleos precarios,o no tienen.En Silicon Valley, los directivos ganan millones mientras los canguros –normalmente mujeres– que cuidan a sus hijos están muy mal pagadas. Son necesarias las políticas redistributivas del trabajo, y una mayor valoración de los trabajos de cuidado, los que tienen que ver con las emociones. Estoy en contra de medirlo todo, de mirar siempre cómo podemos ser más efectivos, es una cultura de la productividad loca.

¿Son las mujeres las que más sensación tienen de estar atrapadas por el tiempo, de no ser soberanas sobre sus horarios?

Una causa importante de este tiempo “presionado” has ido el aumento de parejas en las que ambos trabajan, ya que se ha incrementado el número de horas que se dedican al mercado laboral. Esto en un contexto en el que se valora la paternidad intensiva, sebuscalamejor educación para los hijos, se les lleva a extraescolares... Esto es tiempo que normalmente recae en las madres, que siempre se exigen más y más. El cuidado no es una cuestión lineal, una cuestión a la que se le dedica un tiempo y después te olvidas. La primera solución es que loshombres asuman el 50% de los cuidados. Y esto no es sólo hacer el trabajo de casa, sino asumir la responsabilidad.

En este contexto de análisis sobre el papel de las mujeres, ¿echa en falta que haya más directivas en las empresas tecnológicas?

El diseño de las nuevas tecnologías es muy importante y no podremos cambiar hasta que no haya en Silicon Valley mujeres decidiendo lo que se hace. Debatimos mucho sobre las tecnologías que tenemos delante, en vez de pensar en las que hacen falta, las que podrían solventar problemas sociales. Hay muchos artefactos inútiles, como las Google Glass.

Suscríbete gratuitamente a nuestros boletines

Recibe noticias e ideas en Recursos Humanos.
Suscripción

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una mejor experiencia de navegación por nuestra web.
Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización.