Cada vez más empresas cierran acuerdos con sus trabajadores para cambiar parte del sueldo o ajustar la jornada laboral para mantener los empleos y así aguantar hasta que se logre salir de la crisis.

Al cabo de un tiempo, en las crisis, las grandes cifras pierden sentido. Pero los 1.280.000 nuevos parados que surgieron en 2008 dibujan el cuadro más doloroso de la recesión: el del desempleo. Las previsiones hablan de que se puede llegar hasta los cuatro millones de parados y, para evitarlo, se buscan alternativas. En algunas empresas, se empiezan a pactar congelaciones de sueldo o reducciones de jornada laboral para repartir entre todos el ajuste. Público ha hablado con alguno de los que han optado por este modelo. Esta es su historia.

África Maldonado, 44 años, ceutí, caballa como ella dice, no es una empresaria al uso. “El otro día, leí en el periódico que Microsoft despide a 5.000 empleados porque ha bajado un 10% el beneficio. Es una vergüenza, las cosas como son”, dice con tono de indignación. Su empresa de automatización y control de edificios (AM Sistemas), muy ligada al sector de la construcción, también las está pasando canutas y ella ha consensuado con la plantilla otro tipo de medidas que les permitan a todos sobrevivir al bajón de un 40% en la facturación que esperan este año. Así que, aunque a otra escala muy diferente (es una pyme de ocho empleados), sabe de lo que habla.

Habladora, sin pelos en la lengua, nerviosa... Tiene y gestiona otra sociedad, con la que entró en el mundo empresarial en 1996, después de que no le renovaran el contrato en la que trabajaba, por cuenta ajena, por quedarse embarazada. “Siempre digo que tuve gemelos, mi hijo y Sevilla Center”, bromea.

Es un centro de negocios que vive de alquilar despachos, salas de reuniones, oficinas virtuales y ofrecer servicios a empresas. Al contrario que a AM Sistemas, la crisis le viene bien al negocio. “Estamos sirviendo de refugio para muchas empresas pequeñas que ya no pueden permitirse los costes de telefonía, secretaría, etc. Nuestros alquileres son más flexibles, puedes venir e irte de un día para otro, sin avales…”, explica.

Tiene también una participación del 20% y la gestión de otro centro de negocios en uno de los últimos edificios de oficinas abiertos en Sevilla, el Galia Puerto. De ahí le salió, hace un año, la oferta de gestionar por cuenta ajena todo el edificio “Me ocupa la mitad de la jornada, la otra se la dedico a mis empresas”. Con el corazón dividido entre su papel de empleada y de empresaria, su alma, dice, sigue siendo de trabajadora, “aunque ahora firme al otro lado de la nómina”.

Dinero por tiempo

En AM Sistemas, trabajadores y propiedad han decidido de forma unánime repartirse lo que tienen: ella, el dinero; ellos, el tiempo. A cambio de una reducción salarial del 25% para todos, la jornada se ha reducido un 50% y ahora sólo se trabaja por la mañana. “Oficialmente”, explica África, porque, en realidad, en esta situación hay que trabajar más”.

Así que, como todos tienen ordenador portátil e Internet en casa, desde ella siguen con sus respectivas tareas. “Están trabajando más”, reconoce con agradecimiento, pero también sabe las causas: “Claro que han aceptado: el que no se acaba de casar, se acaba de comprar una casa o está en estado. Todos tienen que mantenerse y todos comprenden la situación. Hay que aguantar como sea antes que despedir, porque eso tampoco soluciona nada”.

Y las regulaciones de empleo masivas que han llevado a anunciar hasta 80.000 despidos de grandes multinacionales en un día vuelven a su cabeza: “Toman como un sacrificio que este año no han repartido beneficios, pero el tren de vida es el mismo para ellos. Lo que les cuesta el renting del coche es el sueldo de dos personas, pero no se bajan del coche”. En total, las multinacionales han echado a la calle a 880.000 personas en esta crisis.

También sabe de lo que habla. Ocho empleados y cinco vehículos de empresa porque están en Sevilla, pero tienen la mayoría de sus clientes en Málaga. Así que también han acordado no seguir llevándose los coches a casa los fines de semana para recortar costes. Y viajar mucho menos, aunque eso implique menor contacto directo con el cliente.

En 2008, han conseguido mantener el tipo, porque sus contratos se cierran cuando se inicia el edificio, pero su trabajo de instalación empieza cuando concluye la obra.

Pero para ella ha sido muy duro. Para cobrar, tiene ahora mismo dos demandas interpuestas a dos grandes empresas. “He aprendido que conseguir una sentencia que me permita cobrar una deuda de 100.000 euros me cuesta 9.000”, dice pesarosa.

Uno de los principales problemas a los que se enfrentan las pequeñas empresas es la morosidad de los Ayuntamientos. Es casi imposible saber qué parte de los 30.000 millones de euros de deuda que acumulan corresponden a pagos pendientes a proveedores, pero los empresarios coinciden en que los abonos se están atrasando hasta cuatro o cinco meses.

No es la única lección aprendida por África. “Los rechazos de las pólizas de crédito de los bancos el año pasado fue patético”, recuerda y ahora su voz tiene un punto de dureza por haberse encontrado con sus bancos de toda la vida diciéndole que no a la cara. “Eso lo tengo yo guardado, no lo puedo evitar. Arrieritos somos…”.

Pese a que los bancos aseguran que continúan dando créditos, el 85% de las pymes asegura haber tenido dificultades para conseguir financiación y una de cada cinco no la obtuvo, según las Cámaras de Comercio. El grifo del crédito se ha cerrado para los emprendedores, dicen también los autónomos.

Así que, para 2009, Maldonado se conforma con nadar, guardar la ropa y no tirar la toalla. “Todas las empresas contándose sus penas… Yo no me dejo llevar”, dice. “Psicológicamente, estoy fuerte, tenemos un colchoncito que hemos ido guardando precisamente para esto y no me voy a lamentar porque deje de ganar equis euros”. Y concluye: “El empresario gana dinero; cuando le toca perder, tiene que apoquinar, por lo menos a mí siempre me lo enseñaron así”.

Menos bajas

La amenaza de un ERE pesa desde octubre sobre la planta de Frape Behr en Montblanc (Tarragona), filial española del grupo automovilístico alemán Behr, dedicada a la fabricación y venta de equipos de refrigeración y climatización para la industria del automóvil. Tras poner sobre aviso a la plantilla de las “necesidades de producción” actuales, que justificarían el despido de 150 personas, la empresa aceptó negociar con los trabajadores una solución alternativa.

Dicha solución, planteada por el comité de empresa y aprobada en asamblea por los trabajadores, contemplaba mantener todos los puestos de trabajo a cambio de jornadas irregulares para “adecuar el trabajo a la demanda” renunciando a percibir 18 euros diarios en incentivos.

Una vez recuperadas las horas no trabajadas, se cobrarían los incentivos. Los 994 trabajadores de la planta de Frape Behr en Montblanc acordaron esta alternativa al ERE. El referéndum se decidió por 412 votos a favor, 345 en contra y más de 200 abstenciones.

Fuentes del comité de empresa se mostraban optimistas respecto a la posibilidad que Frape Behr atendiera esta propuesta. Francisco Sánchez, delegado de UGT, sostenía esta esperanza por comparación con la situación de los trabajadores de otras empresas del sector, “que se han encontrado con las puertas de la fábrica cerradas sin previo aviso” (ver información adjunta). Pero, al final, la empresa ha dicho que no va a haber más remedio que presentar un ERE, aunque de los 150 que quería echar se quedaría en 50 bajas muy incentivadas.

Suscríbete gratuitamente a nuestros boletines

Recibe noticias e ideas en Recursos Humanos.
Suscripción

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una mejor experiencia de navegación por nuestra web.
Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización.