La tecnología ha llevado a cabo una transformación del mercado laboral, caracterizado por la creciente demanda de mayor flexiblidad, y ha cambiado la forma de concebir las profesiones: ahora se demandan perfiles mucho más especializados. Un panorama que ha llegado para quedarse. Es lo que definen en Norteamérica como el new normal, [el nuevo normal], según el cual la crisis de 2008 es diferente, porque no se vuelve a los mismos niveles de bienestar y empleo anteriores.

 

El empleo, la empresa, las profesiones y todo el entramado laboral han vivido cambios radicales en las últimas tres décadas, íntimamente ligados a las transformaciones sociales y, sobre todo, a las crisis económicas. El mundo académico ha visto desaparecer las carreras de cinco años; ha dado la bienvenida a los grados de cuatro y al Plan Bolonia; se ha disparado la oferta de postgrados y másteres y han proliferado las universidades privadas. La Administración ha congelado las oposiciones y han surgido nuevos perfiles profesionales. Las escuelas de negocios han ganado espacio y se reconoce tímidamente la formación profesional, ahora dual.

Lo mismo ha ocurrido con los cambios organizativos, de procesos, de tecnología, de internacionalización, de I+D, financieros y de marketing en las empresas. La implantación del sistema SAP en la empresa supuso, para el profesor de Relaciones Laborales de IESE Sandalio Gómez, una revolución. “Produjo una descentralización organizativa con la creación de centros de servicios comunes para todas las empresas de un mismo grupo empresarial extendido por todo el mundo”.

Ha habido un cambio espectacular en cuanto a ahorro de costes, internacionalización y mayor control en la lucha contra la corrupción. Todo ello “exigió un cambio muy brusco en las mentalidades de los empleados y directivos, que vieron sucederse despidos, bajas incentivadas y recolocaciones”. Una época, añade Cristina Simón, profesora de Gestión de Personas en el IE Business School, en la que se pasó de una demanda de profesiones generalistas como las de consultoría, abogados, fiscalistas, comerciales o auditoría, a una búsqueda frenética de perfiles especializados: técnicos, de ingenierías, tecnológicos o informáticos. Esta búsqueda se especializa con la llegada del Big Data y el Business Analytics.

La incorporación plena de la mujer al trabajo y de la población inmigrante son dos nuevos retos de estos años. Las reformas laborales han tenido un gran protagonismo: hay un antes y un después de 1985, año en el que por primera vez, y bajo el Gobierno socialista de Felipe González se reforma el Estatuto de los Trabajadores. La estrella de esta reforma fue el contrato de fomento del empleo. “Con su impulso se consiguió reducir el paro de un 30% a un 20% aunque es cierto que aumentó la temporalidad al 30%”, valora Sandalio Gómez.

A partir de entonces ha habido seis reformas del Estatuto. “La reforma de 1998, la única que se basó en un acuerdo social (Acuerdo sobre la Estabilidad del Empleo), trajo más protección social para los jóvenes. Impulsó, a través de los grupos profesionales, la movilidad funcional interna de las empresas y la movilidad geográfica. Creó el contrato de fomento a la contratación indefinida, que reducía el coste de las indemnizaciones de 45 a 33 días y concretó la ampliación de las causas objetivas de despido individual, que se habían aprobado en la reforma de 1994, de tal manera que la empresa podía despedir a un trabajador por causas organizativas o de producción, con una indemnización de 20 días. La reforma de 2012 impulsa el contrato de emprendedores”, analiza el profesor de IESE. Regulaciones que no han evitado un aumento del paro juvenil, lo que para muchos expertos sería evitable con la formación profesional dual. “En Alemania esta nueva modalidad, que alterna las horas de formación entre el centro de estudios y la empresa, se traduce en un paro juvenil del 8%”, asevera Gómez.

Más flexibilidad

También han sido 30 años de transformación entre los trabajadores que demandan mayor flexibilidad. “La transformación y evolución del mercado laboral ha traído nuevas profesiones, nuevos oficios que requieren formas diferentes de gestión a como se hacía hace 30 años”, apunta el presidente de Adecco, Enrique Sánchez. “El mercado de hoy pide más flexibilidad, movilidad y polivalencia, es más colaborativo, basado en proyectos, requiere nuevas habilidades y competencias, una capacitación diferente. Conlleva una nueva forma de gestión de la diversidad, de las personas y del talento como factor de competitividad”.

Aquello de trabajar en la misma empresa toda la vida se rompió en los noventa. “En esos años el vínculo entre empleado y empleador era muy claro y superpotente: estabilidad a cambio de lealtad”, opina Cristina Simón. “Con el triunfo de la llamada nueva economía, las empresas ya no son capaces de asegurar estabilidad y además es el principio de la volatilidad desde el que las compañías se asoman en busca de talento externo”. Con el cambio de siglo, coincide Amber Wigmore, directora de Carreras Profesionales del IE, “las empresas se vuelcan en su internacionalización y demandan talento extranjero porque necesitan profesionales con inglés, que sepan moverse por el mundo y posean networking”.

La irrupción de Internet dejó bien claro que el proceso tecnológico era imparable. Un proceso que trajo en su anverso la caída de los trabajos manuales cualificados y no cualificados, que pasaron del 55% del empleo al 34% actual. Los empleos no manuales, sin embargo, pasan de absorber el 45% al 55% de la fuerza laboral, mientras que el sector servicios se dispara al 76% del empleo. Un sector en aumento ya que según datos del Directorio Central de Empresas (DIRCE), en 2014 las vinculadas al mismo crecieron un 3,9% con un total de 1,8 millones, lo que supone el 51% de las empresas en España. El estudio confirma además un incremento del 2,2% en el número de empresas por primera vez desde 2006.

Lucha por el talento


Retener el talento de este sector es una prioridad. La crisis, la tecnología y la globalización representan la troika perfecta para avanzar hacia un empleado cualificado que, además, añade Cristina Simón, “sopesa sus opciones en los recién aparecidos y revolucionarios portales de empleo (LinkedIn, Xing, Infojobs…) y que es consciente de que moverse y hacerse cotizar depende de él”. “El desarrollo de las TIC está cambiando el modelo productivo nacional y modificará el mercado de trabajo”, apunta María Ángeles Tejada, directora general de Public Affairs de Randstad.

El empleo se resetea. Cambian por completo las reglas de juego, cuyo espaldarazo, la aprobación de la Ley de Emprendimiento, dibuja unas posibilidades nunca vistas. Asistimos a la irrupción masiva de las startups. “Los jóvenes que salen de la crisis carecen de la motivación del incentivo económico de los años anteriores. Buscan trabajar en compañías con significado, montar sus propias empresas, ser sus jefes y manejar sus tiempos. También nos piden que les busquemos procesos de selección en organismos internacionales, fundaciones y en ONG”, puntualiza la directora de Carreras Profesionales del IE.

Toda una revolución en las contrataciones de las plantillas que ha evolucionado desde los baby boomer (1943-64), la Generación X (1965-1976) y la Generación Y (1977-94), hasta la irrupción de los millenials, que han dado la última vuelta de tuerca. “Los chicos nacidos a partir de 1990 establecen nuevos patrones laborales donde no se acepta una autoridad per se, piden una mayor flexibilidad, libertad horaria, una responsabilidad social corporativa comprometida y real de sus empresas, a las que van a penalizar por sus infracciones no consumiendo sus productos, que no quieren hipotecas, ni bancos, y que buscan trabajar en marcas de las que sentirse orgullosos”, apunta Simón.

Un panorama que ha llegado para quedarse. Es lo que definen en norteamérica como el new normal, [el nuevo normal], según el cual la crisis de 2008 “es diferente, porque no se vuelve a los mismos niveles de bienestar y empleo anteriores, ya que se ha creado un ‘nuevo normal’ que nos sitúa ante otra economía con dos patrones muy claros: modelos de negocio tecnológicos, startups, y profesionales que buscan flexibilidad y bienestar en sus empresas”, continúa Cristina Simón.

Una tendencia que ratifica el informe The Spanish Startup Scene in 2014, que revela un crecimiento de la inversión en empresas tecnológicas en España de 320 millones de euros, un 30% más que el año anterior, y coloca a la española Cyberclick como mejor lugar para trabajar. “Apuesto por la felicidad, la flexibilidad de horarios y vacaciones, cuentas abiertas y transparentes, la confianza para exponer aquello que se considera erróneo o molesto, y por preguntar al equipo y hacerle partícipe de las decisiones”, concluye su fundador David Tomás.

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