Tradicionalmente vistas como paraísos de la seguridad laboral, las profesiones se encuentran actualmente en el ojo del huracán. Las nuevas tecnologías facilitan la realización de algunas tareas y ofrecen mayor acceso a todo tipo de conocimientos. Según The Economist las máquinas desafían las dos afirmaciones más importantes que hasta ahora habían hecho especiales a las profesiones: su capacidad para hacer avanzar las fronteras del conocimiento y la licencia exclusiva para hacer llegar su expertise al resto de los mortales.

 

En 1933, durante la Gran Depresión, dos sociólogos británicos, Alexander Carr-Saunders y Paul Wilson, escribieron un libro homenajeando las profesiones. Las describían como “elementos estables” en un mundo turbulento, que “heredan, mantienen y transmiten una tradición.” Actúan como “centros de resistencia a las fuerzas brutas que amenazan la evolución constante y pacífica.”

Las profesiones ha resistido a esas “fuerzas brutas” mediante la colocación de altas barreras de entrada. Habitualmente limitan su reclutamiento a personas con estudios superiores. Algunas, como la Medicina o el Derecho, requieren licencias profesionales o ser miembros de organizaciones profesionales. Otras demandan largos períodos de formación: aunque hoy en día cualquiera puede denominarse a sí mismo como consultor en gestión, firmas de élite como McKinsey y The Boston Consulting Group ofrecen a sus nuevos miembros una amplia formación y sólo promocionan a una minoría de sus colaboradores. Las profesiones más antiguas también hacen hincapié en la importancia de la tradición: hay profesores que se visten con togas medievales en ocasiones ceremoniales y hay abogados británicos que hasta llevan peluca.

Pero actualmente, muchas de esas islas de seguridad están siendo maltratadas como nunca antes. Las firmas de servicios profesionales están adoptando una visión más empresarial: Accenture ahora contrata para muchos trabajos a personas de países emergentes y ha abandonado el modelo de asociación para convertirse en una sociedad anónima. Los clientes se han hecho más exigentes: las grandes empresas no se quieren rodear más de consultoras que las seducen con sus socios más experimentados y luego les acaban mandando a un equipo de juniors a hacer el trabajo. Pero la fuente más importante de inestabilidad son las tecnologías de la información, argumenta The Future of the Professions (“El futuro de las profesiones”), un nuevo libro de Richard Susskind, consultor, y de Daniel Susskind, Catedrático de Oxford (padre e hijo).

Las máquinas desafían las dos afirmaciones más importantes que hasta ahora habían hecho especiales a las profesiones: su capacidad para hacer avanzar las fronteras del conocimiento y la licencia exclusiva para hacer llegar su expertise al resto de los mortales. IBM y la Facultad de Medicina de Bayor han desarrollado un sistema denominado KnIT (“kit herramientas de integración de conocimiento”, según sus siglas en inglés) que escanea la literatura médica y genera nuevas hipótesis para problemas en investigación. Informáticos de la Universidad de Tel Aviv han inventado un algoritmo que, usando un software de reconocimiento facial, resuelve un rompecabezas que ha mantenido ocupados a los eruditos de la Torah durante décadas: reconstruir 300.000 antiguos manuscritos judíos, muchos de ellos rasgados o dañados, encontrados en el ático de una antigua sinagoga de El Cairo. Varios bits de software superan con frecuencia a los expertos legales a la hora de predecir el resultado de las decisiones judiciales en los litigios sobre patentes de la Corte Suprema de Estados Unidos.

Las nuevas tecnologías permiten a las máquinas y a los para-profesionales asumir muchas tareas rutinarias. Programas desarrollados por la start-up Kensho dan respuesta a cuestiones financieras tales como saber qué sucede con los valores bursátiles tecnológicos cuando tiene lugar alguna amenaza a la privacidad. Enfermeras y médicos de cabecera, equipados con ordenadores y herramientas de diagnóstico, están haciendo cada vez más parte del trabajo reservado hasta ahora a los médicos especialistas.

Los servicios online y las aplicaciones para smartphone permiten a los profanos en cualquier materia prescindir completamente de algunos profesionales, o por lo menos hacerles bajar de sus pedestales. Cada mes, 190 millones de personas visitan WebMD, un portal de información médica, más de las que visitan a los médicos ordinarios en EEUU. Las apps educativas son la segunda categoría más popular en la tienda de aplicaciones de Apple por detrás de los juegos, y los MOOCs (cursos masivos abiertos en línea) atraen a millones de estudiantes. Los jueces y abogados están resolviendo cada vez más demandas menores a través del “e-arbitraje.” Esa es precisamente una de las técnicas empleadas por eBay para resolver las más de 60 millones de disconformidades anuales que se dan entre sus clientes.

¿Hasta dónde llegará la revolución? Los Susskind predicen que se irá hacia un “desmantelamiento de las profesionales tradicionales.” Esos profesiones, argumentan, son una solución al problema de que la gente tenga una “comprensión limitada” sobre áreas específicas de conocimiento. Pero la tecnología está haciendo más fácil la obtención de dicho conocimiento en el momento que se precisa.

Los autores abordan hábilmente algunas objeciones que se dan a sus opiniones. Un argumento en contra hace referencia a la complejidad: la gente delega sus declaraciones de impuestos a profesionales porque son demasiado complicadas como para preocuparse por ellas. Los autores replican que las máquinas tienen una mayor capacidad para hacer frente a la complejidad que los seres humanos. Otra crítica invoca a la emoción: las personas serán más fácilmente advertidas sobre la muerte o la bancarrota por otros seres humanos. Los autores señalan por contra que la expertise y la empatía raramente vienen en un mismo paquete. Las malas noticias es mejor que las den personas que irradian simpatía más que conocimientos.

Aun así, los Susskind llevan su tesis quizá demasiado lejos. Ignoran el hecho de que, a medida que la gente se vuelve más rica, elige gastar su acumulación de riqueza en el contacto humano. Por ejemplo, los estudiantes compiten para entrar en universidades de élite con ratios de pocos alumnos por profesor, y sus padres ricos contratan a más tutores personales para aumentar las oportunidades de sus hijos de lograrlo. Pero los autores están indudablemente en lo cierto al afirmar que las profesiones cambiarán más en el próximo cuarto de siglo que lo que han cambiado en los tres cuartos de siglo anteriores. Emergerán nuevas sub-disciplinas, como los “ingenieros del conocimiento”, que codificarán la sabiduría profesional en software, y varios grupos de para-profesionales que desarrollarán maneras de aplicar dicho conocimiento.

Profesionales del mundo, ¡uníos!


La tormenta que se avecina tiene profundas implicaciones sociales. Las profesiones representan un importante segmento de la sociedad moderna. Las nuevas ocupaciones así como el trabajo social aspiran a unirse a ellas. Los profesionales están acostumbrados a la riqueza y a los privilegios: en 2011 el 57% de los estudiantes británicos aceptados en la Facultad de Medicina provinieron de los tres grupos socioeconómicos más altos. No cabe duda de que esos profesionales tendrán que abandonar la idea de que, según palabras de Carr-Saunders y Wilson, “nada se puede conseguir desde su propio ámbito mediante la destrucción o la revolución.” La gran pregunta es si la reorganización de un grupo tan estable y vital como son los profesionales amenazará a la “constante y pacífica evolución” del conjunto de la sociedad.

 

*. “Professor Dr Robot QC”. The Economist, 17/10/2015 (Artículo consultado on line el 22/10/2015).

Acceso a la noticia: http://www.economist.com/news/business/21674779-once-regarded-safe-havens-professions-are-now-eye-storm-professor-dr-robot

Suscríbete gratuitamente a nuestros boletines

Recibe noticias e ideas en Recursos Humanos.
Suscripción

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una mejor experiencia de navegación por nuestra web.
Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización.