La gestión y el manejo de la memoria han cambiado, pues esta ya no es semántica sino que se delega a teléfonos y ordenadores y ello no pone en riesgo la capacidad del cerebro. El reto del futuro será disponer de las estrategias adecuadas para recuperar la información cuando la necesitamos, para convertir lo disponible en accesible.


En la era de las nuevas tecnologías ha nacido un nuevo término, amnesia digital, para referirse al olvido casi inmediato de datos o información que son trasladados y almacenados en teléfonos inteligentes u ordenadores para no tener que memorizarlos. No es extraño, pues, que muchas personas recuerden el número de teléfono de la casa en la que vivieron cuando eran niños, mientras que son incapaces de repetir esa acción si se les pide que marquen de memoria, sin recurrir a la agenda de su teléfono inteligente, el número de sus hijos o el de la oficina en la que trabajan. Es una de las conclusiones de un reciente estudio (elaborado a partir de 6.000 encuestas en Estados Unidos y Europa) que alerta de que la actual sociedad está padeciendo una pérdida de capacidad de memoria por esa tendencia de delegar en dispositivos móviles un trabajo que hasta la aparición de esos aparatos hacía el cerebro.

¿Hay que alarmarse por esas conclusiones? Expertos en memoria consultados por La Vanguardia consideran que no y coinciden en afirmar que hasta la fecha ninguna investigación científica ha constatado una pérdida de la capacidad de memoria de la población por el uso de las nuevas tecnologías. Lo que ocurre, indica Modesta Pousada, profesora de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), es "que el uso de esos medios digitales está cambiando la forma en que accedemos, guardamos y manejamos la información".

Diego Redolar, profesor de Neurociencia de la UOC, asiente en que la memoria operativa (los recuerdos a corto plazo, como un número de teléfono, una cita, o una dirección) "se ha delegado en esos medios digitales", pero recalca que "en ningún caso puede afirmarse, con base científica, que ese cambio se traduzca en una pérdida de capacidad de memoria". Todo lo contrario, añade Redolar, "pues la región del cerebro que antes hacía ese trabajo la hacemos servir ahora para otras funciones".

Mucho más contundente se muestra Alberto Villarejo, vocal del Grupo de Estudio de Neurología de la Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN), cuando se le pregunta por estudios como el mencionado, al afirmar que amnesia digital "vuelve a ser uno de esos términos inventados, sin base científica alguna y con un interés puramente comercial, para referirse a consecuencias causadas por las nuevas tecnologías".

Villarejo no esconde su sorpresa por el hecho de que ese informe haya sido financiado por una empresa dedicada a la venta de antivirus informáticos. Esa firma, Kaspersky, aprovecha -recalca este neurólogo- las conclusiones de su informe para recomendar a esos ciudadanos que delegan sus recuerdos más inmediatos a medios digitales que protejan esa memoria depositada en teléfonos y ordenadores con programas antivirus para evitar la pérdida de esa información.

Alberto Villarejo también es tajante al afirmar que ningún estudio serio "ha detectado que estemos perdiendo capacidad de memoria" por el uso de medios digitales. Comparte, pues, la teoría del resto de los expertos consultados por este diario. A la que también se suma el psicólogo Carlos Barea Navas. ¿Por qué ahora no somos capaces de recordar ni dos números de teléfono?, se pregunta Barea. La respuesta no puede ser más clara: "Simplemente, porque antes los marcábamos cada vez que hacíamos una llamada y ahora lo hacemos sólo una vez para introducirlos en la agenda de nuestro teléfono inteligente". Marcar una y otra vez un teléfono "era una de las estrategias más simples de la memoria", indica Modesta Pousada. Un entrenamiento que ahora no se practica. "Como sabemos que ese número ya está guardado y lo podemos marcar con un simple clic, no hacemos ningún esfuerzo para memorizarlo, pero sí recordamos perfectamente cómo encontrarlo", añade esta profesora de Psicología de la UOC. Y eso hace que nuestra memoria siga funcionando, aunque de otra manera.

Actualmente tenemos fácil acceso a cantidades ingentes de información, afirma Ferran Lalueza, profesor de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC. "En consecuencia -añade-, memorizar determinados datos nos parece un esfuerzo inútil porque sabemos que podremos consultarlos siempre que los requiramos". Lalueza añade que en un entorno tan vertiginosamente cambiante "los conocimientos caducan con mucha celeridad". Este profesor de la UOC considera que "las competencias del saber están cediendo terreno a las del hacer y del saber estar, que son las que nos capacitan para seguir formándonos a lo largo de la vida". "Por tanto -añade Lalueza-, ahora tener un determinado conocimiento (saber) tiene menos valor que ser capaz de obtenerlo cuando se precisa (saber hacer) y de gestionar la información que hallamos con una actitud (saber estar) crítica y rigurosa".

Diego Redolar recalca, en esta misma línea, que antes de la aparición de estos medios digitales se potenciaba más la memoria semántica (relatar de una tirada los reyes godos o los afluentes de los ríos) porque el acceso a esa información no se podía obtener de forma inmediata. "Ahora lo importante es recordar cómo se llega a las puertas tras las que se esconde toda esa información y tener habilidades para manejarla", añade este profesor de Neurociencia.

Y el cerebro, indica Redolar, "es un órgano muy plástico que se adapta con gran rapidez a los cambios". Pone un ejemplo para demostrar que, lejos de perder capacidad de memoria, lo que está ocurriendo es que "ganamos nuevas facultades". Redolar afirma que se ha descubierto que la parte del cerebro que controla el movimiento de los dedos "está ahora más activa en aquellas personas que usan con mucha frecuencia esas extremidades para teclear en ordenadores y teléfonos".

Ferran Lalueza apunta otro factor adicional que hoy jugaría en contra del valor memorístico. "Vivimos en una sociedad en la que el conocimiento tiende a construirse cada vez más de forma colaborativa, así que nuestra memoria personal tiende a ser reemplazada por la memoria social, que es la que suman todas aquellas personas con las que estamos conectados. Basta evocar cualquier pista sobre un interrogante en una red social para obtener una respuesta a nuestro olvido puntual".

Modesta Pousada considera que el reto del futuro "no va a ser evitar el olvido, sino disponer de las estrategias adecuadas para recuperar la información cuando la necesitamos, para convertir lo disponible en accesible".

Los expertos consultados coinciden, por otro lado, en afirmar que la nueva era digital ha hecho perder capacidad de atención. Y eso tendría consecuencias en la denominada memoria operativa. La confianza de encontrar en esos medios tecnológicos la información que se pueda precisar en un momento determinado explica esa pérdida de atención. "Si hay algo que se nos escapa en una conversación o no acabamos de entender, ese hecho no nos preocupa hoy tanto como años atrás al confiar en que ya encontraremos esa información en esos medios digitales", apunta Diego Redolar. Pero eso, insiste este profesor de Neurociencia, no debe preocupar. "Simplemente estamos aprendiendo a manejar nuevas estrategias". Sobre esta nueva realidad hay diferentes teorías indica Modesta Pousada. "Mientras algunos expertos ponen el énfasis en aspectos negativos de la tecnología sobre nuestra atención, otros plantean que estos problemas adicionales que ahora observamos sólo lo serán a corto plazo y auguran que al final los avances tecnológicos permitirán un desarrollo vertiginoso de nuestras capacidades cognitivas", indica esta psicóloga. Pousada concluye que lo que sí está claro es que al delegar la memoria operativa a dispositivos digitales "recordamos peor los detalles de esa información, pero por el contrario mantenemos muy vivo el recuerdo de dónde podemos localizarla". Así que la memoria sigue funcionando, aunque adaptada a las nuevas circunstancias.

 

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