El consumo bajo demanda conlleva a la aparición de nuevos trabajadores 'bajo demanda' y abre a su vez el debate de si estos se deben comportar como 'contratistas independientes', eligiendo cuánto desean trabajar, o como empleados dependientes, disfrutando de los beneficios sociales que ello comporta.

 

Se trata de poner a disposición de estos nuevos trabajadores los datos de la demanda de los consumidores, para que puedan elegir cuánto desean trabajar, como un contratista, pero sin perder los beneficios sociales del trabajo dependiente.

Los fenómenos

"¿Está liberando o estrangulando la tecnología a la nueva clase de trabajadores 'freelance'?" Esto se preguntaba a principios de año el The Wall Street Journal a propósito de lo que ya se conoce ampliamente como la 'economía bajo demanda' (on-demand economy). La aparición de fenómenos como Uber, Lift o TaskRabbit ha abierto un enorme debate, especialmente en Estados Unidos, sobre la transformación de los empleos a tiempo parcial. ¿Se imaginan trabajando 15 horas a la semana para una empresa y 20 horas para su competidor realizando la misma tarea? "Servicios de consumo al instante bajo demanda implican trabajadores también disponibles bajo demanda", afirma en su último post, el influyente Tim O'Reilly.

Dos escenarios

En él plantea dos escenarios en un mercado en el que "el algoritmo es el nuevo jefe de los turnos". En el primero de ellos, "somos capaces de reducir nuestros costes laborales manteniendo una amplia base de trabajadores a tiempo parcial, prediciendo picos de demanda en incrementos de 15 minutos, y organizando a los trabajadores en turnos cortos. Como la demanda fluctúa, mantenemos a los trabajadores vinculados, y sólo les pagamos cuando realmente son necesarios". El software de gestión de horarios inteligente permite que no se supere el límite de horas evitando así el coste de empleados a tiempo completo. Esta es la forma de operar de gigantes como Wallmart o McDonalds.

El segundo escenario contempla a los trabajadores como "contratistas independientes", según O'Reilly. Aunque paradójicamente en sendos artículos, el profesor Andrei Hagiu, en la Harvard Business Review, y el inversor Simon Rothman, en Medium, acuñan la expresión "contratistas dependientes", el fondo de su visión es muy similar. Dice O'Reilly que a estos nuevos empleados a tiempo parcial "les proporcionamos herramientas para que comprendan cuándo y dónde aparece la demanda de sus servicios, y cuando no son capaces de cubrirla, les pagamos más (a cargo del consumidor) hasta que demanda y oferta se equilibran. Pueden trabajar mucho o poco como deseen hasta que alcancen sus objetivos de ingresos. Compiten con otros empleados, pero hacemos todo lo posible para maximizar el tamaño del mercado para sus servicios". Estas son las coordenadas en las que se mueven empresas como Uber o la consultora Managed by Q, cuyo concepto ha sido recogido en la revista Fortune.

Implicaciones

Diversas voces están llamando la atención acerca de esta nueva realidad, cuyas implicaciones quedan lejos del actual marco regulatorio en materia laboral. Se trata de poner a disposición de estos nuevos trabajadores los datos de la demanda de los consumidores, para que puedan elegir cuánto desean trabajar, como un contratista, pero sin perder los beneficios sociales del trabajo dependiente. ¿Es concebible esa posibilidad? Ahí está el debate. Los defensores del nuevo modelo instan a los empleadores a compartir la información que les proporcionan los algoritmos con los que organizan su agenda no sólo con los trabajadores, sino con su propia competencia, de modo que sea posible diseñar turnos compartidos. Y deberían instaurar introducir mecanismos de libre mercado para que los turnos menos deseados por los trabajadores bajo demanda sean mejor gratificados.


Suscríbete gratuitamente a nuestros boletines

Recibe noticias e ideas en Recursos Humanos.
Suscripción

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una mejor experiencia de navegación por nuestra web.
Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización.