Estudian una carrera, pero terminan trabajando en sectores que poco o nada tienen que ver con su titulación. Un 37% de los ocupados españoles, con título de educación superior, estaba empleado en 2014 en tareas que no eran de alta cualificación, según datos de un informe sobre la contribución de las universidades españolas al desarrollo.



Un 37% de los ocupados españoles, con título de educación superior, estaba empleado en 2014 en tareas que no eran de alta cualificación, según datos del informe CYD, sobre la contribución de las universidades españolas al desarrollo, que hizo ayer público la Fundación Conocimiento y Desarrollo. “Estamos hablando de esos empleos que no requieren una titulación para poder desempeñarse, desde trabajos de restauración hasta los servicios militares”, explicó Martí Parellada, coordinador general del estudio.

Esta situación se agrava al comparar los datos de España con los del resto de países de la Unión Europea. Así, en 2014, solo uno de cada tres ocupados españoles lo estaba en tareas de alto nivel de cualificación, cuando el porcentaje correspondiente en el conjunto de la UE era del 40,5%. “El problema es que España no produce suficientes puestos de trabajo de alta cualificación. Por eso, buena parte de los graduados superiores, si quieren trabajar, han de hacerlo en puestos para los que están sobrecualificados. Nos referimos a esta situación con el concepto de sobreeducación”, comentó Parellada.

El desequilibrio entre las titulaciones más demandadas por los estudiantes y la oferta laboral que luego encuentran, agrava esta situación. De esta forma, carreras como la mayor parte de las ingenierías, informática, matemáticas, física, química o administración y dirección de empresas tienen altas tasas de afiliación, baja sobreeducación, buen salario y estabilidad en el empleo. “Por el final nos encontramos con periodismo, comunicación audiovisual o arquitectura, dada la reciente crisis en el sector constructor e inmobiliario”, comentó Parellada. Que la Universidad debe solventar esta situación parece obvio. “¿Por qué no enseñar competencias y habilidades que faciliten la incorporación del alumno al mercado laboral? La empleabilidad de nuestros jóvenes debe ser una prioridad para el sistema educativo”, afirmó Ana Botín, presidenta del grupo Santander y de la Fundación CYD. Por su parte, el rey Felipe VI manifestó que la universidad es un motor fundamental de desarrollo económico y social.

Por otro lado, el año 2014 supuso un punto de inflexión en el cambio de tendencia y superar la crisis. “Los recortes presupuestarios parece que están llegando a su fin, y todo indica que la reducción de capital en la universidad será mínima”, afirmó Parellada. Según los datos recopilados por la Fundación, pese a que los ingresos de las universidades públicas españolas se hayan reducido un 14% entre 2009 y 2013, las cifras de los dos últimos años son las menos negativas de todo el periodo. “Esto nos hace deducir que la tendencia está cambiando, aunque para que se consolide es imprescindible que las universidades recuperen los fondos públicos y privados destinados a la investigación”, afirmó el coordinador del informe.

El presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), Manuel José López, opinó que la universidad es cosa de todos y que necesita reformas urgentes. Quien se estrenaba en este acto era el recién nombrado ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, quien afirmó recoger el guante que le lanzaba el presidente de los rectores para lograr que la universidad se adapte a los nuevos tiempos.


Suspenso en liderazgo e idiomas

El grado de satisfacción en cuanto al nivel de la formación académica ha mejorado entre 2005 y 2014, pero sigue suspendiendo en varias competencias. Según los datos del Informe CYD sobre la contribución de las universidades españolas al desarrollo, la formación teórica en las universidades, el trabajo en equipo o la expresión escrita llegan a un notable en la nota. Sin embargo, los idiomas y el liderazgo, pese a su importancia en el ámbito laboral, suspenden.

“Otro problema es la internacionalización tan reducida que tenemos”, explicó Martí Parellada, coordinador general del Informe CYD. “Aunque ha habido un esfuerzo por aumentar el nivel de internacionaliación, seguimos lejos de las cifras de los países de la OCDE”, afirmó. Mientras que en estos el porcentaje de estudiantes extranjeros sobre el total era de un 8,1%, en España no superaba el 2%.

Como dato positivo, el Informe recalca la publicación de documentos científicos en España. El 70% del total salió de las universidades.

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