Un estudio en el que han participado siete universidades españolas revela el cambio de rol cuando llega el bebé, pues las parejas se apartan de la igualdad cuando nace su primer hijo. Los padres justifican su menor implicación en la crianza de la criatura en el miedo a represalias laborales.


Comienza la vida en pareja y todo son buenas intenciones. División de tareas, en función de los gustos y habilidades, y muchas ganas de hacer todo a medias. Ya se sabe que entre dos todo es más fácil. Adiós a aquellas parejas tradicionales. Ya estamos en el siglo XXI, y la mujer y el hombre (si se han librado de los efectos nocivos de la crisis) tienen claro que hay que cuidar la carrera profesional de ambos para el bienestar común e individual. ¿Qué pasará cuando lleguen los niños? La mayoría lo tiene claro, la igualdad se mantendrá y entre ambos cuidarán del retoño y compartirán las tareas domésticas. Pero, craso error, la llegada del bebé acaba en muchas ocasiones con los ideales igualitarios y se recuperarán los planes tradicionales.

No es un relato inventado, es lo que ocurre en la mayoría de las ocasiones, tal y como han revelado los estudios llevados a cabo por una docena de investigadores de siete instituciones y universidades españoles dentro de un ambicioso trabajo internacional, TransParent Project, dirigido a parejas con dos ingresos que esperaban su primer hijo y, posteriormente, cuando ya lo habían tenido. De las conclusiones del mismo -de una parte, el estudio es muy amplio- se recoge que, pese a los anhelos de igualdad de las parejas antes de tener su bebé, la realidad cuando llega este es que comienzan las diferenciaciones de roles. Y el papel que asume la madre es de la principal cuidadora del niño y del entorno familiar, es decir, el papel que desde la época del neolítico lleva sobre sus espaldas.

El objetivo de la investigación ha sido acompañar a las parejas en su transición a la maternidad y paternidad para entender las decisiones que han tomado con respecto el cuidado de la criatura, la organización de las tareas domésticas y el empleo remunerado durante los primeros años de crianza. El trabajo se ha realizado con una metodología cualitativa longitudinal y se basa en una muestra de 68 parejas entrevistadas en dos momentos diferentes de su vida. La primera entrevista se realizó durante el embarazo, en el año 2011, y la segunda entrevista se realizó cuando el bebé tenía entre 18 y 24 meses de vida, en el año 2013-14. En este trabajo han participado investigadores de la Universitat de Girona, de la Pública de Navarra, de la Pablo Olavide de Sevilla, de la Universitat Pompeu Fabra, la UNED, el CSIC y el Observatorio Sociológico del Cambio de París.

Los resultados de la misma, publicados en la Revista de Investigaciones Sociológica Reis de este mismo mes, muestra que los ideales igualitarios de la gran mayoría de las 68 parejas entrevistadas en el 2011 y que mostraban su deseo de seguir ambas trabajando cuando naciera su pequeño y de compartir los cuidados de una manera equitativa, se readaptan cuando este llega al mundo y comienzan a presentarse las primeras dificultades: "Las mujeres siguen siendo quienes manifiestan una mayor predisposición a adaptar su vida laboral a las necesidades del menor", señala este trabajo.

De esta manera se comprueba que es el nacimiento del primer hijo el que modifica las actitudes y los comportamientos de las parejas, y no en el momento de iniciar la convivencia (un avance en las relaciones de pareja respecto a épocas pasadas). De hecho, una parte de esta investigación se centra en 31 parejas que mostraron un reparto igualitario del trabajo doméstico, entendiendo como tal que ellas (o ellos) hacían como máximo el 60% del total de tareas domésticas antes del nacimiento del bebé y la otra parte, como poco, el 40%. Antes de nacer el pequeño, ambos manifestaron su deseo de compartir la crianza del pequeño en términos de igualdad.

Pasado el tiempo, la realidad es bien distinta. Aunque hay padres que sí mantuvieron ese perfil de cuidador a partes iguales (fundamentalmente los que tenían parejas con un nivel formativo elevado y también ingresos destacados), el resto había dejado por el camino parte de sus deseos. Casi la mitad de las parejas transitaron hacia un modelo de desigualdad. Aunque ello no les provocó insatisfacción, justificando que recayeran los cuidados en la madres, en el trabajo y las presiones existentes, mientras que ellas sí muestran desazón por la menor participación de los padres en la crianza del retoño.

En el trabajo "Ideales igualitarios y planes tradicionales: análisis de parejas primerizas en España", publicado en Reis, se exponen cómo, de las 68 parejas, pocos son los que comparten la parte transferibles del permiso maternal. La mayoría se coge los 15 días, mientras que hay 14 que ni siquieran disfrutan de esos días porque temen por su trabajo si lo hacen (cuantos están en empleos más precarios) y otros que consideran que no está bien visto en la empresa. Si hay que reducirse el horario, es normalmente la mujer quien lo hace alegando que tiene menos ingresos o expectativas laborales inferiores.

Los investigadores observan, tal y como señalan en el estudio, que "los hombres tienden en mayor medida a evitar el uso de permisos como la excedencia o la reducción de la jornada, aludiendo a la necesidad de mostrar compromiso con el empleo. Asimismo, es frecuente que justifiquen su actitud haciendo referencia al hecho de ser difícilmente sustituibles en su puesto de trabajo, un argumento poco citado por las mujeres". También aluden a la posible penalización laboral, obviando que las madres también se enfrentan a ese problema.

El nacimiento del bebé es el momento clave para que las parejas avancen en igualdad.


Las diez mentiras de la conciliación
ANÁLISIS

Susana Quadrado

1. El hombre ayuda a la mujer en casa.

Ayudar no es corresponsabilizarse. Invirtamos la frase a ver qué pasa: La mujer ayuda al hombre en casa.

2. Si el hombre es el principal proveedor de recursos, entonces la mujer gestiona lo doméstico.

Dicho de otra manera, ellas se encargan de la intendencia siempre,yellos sólo cuando pueden, entre poco o nada. Porque: a) ellas acortan jornada, ellos ni se lo plantean; y b) sólo ellas saben comprar lo que toca cuando van al súper. Excusas, mentiras.

3. Reparto de las tareas domésticas al 50%.

El fifty-fifty no es nada igualitario. Dequé demonios hablamos si no hay flexibilidad en función de cada momento y circunstancia. El porcentaje puede derivar en injusticia.

4. Qué bien: ellos planchan y ponen el lavaplatos. Sí, pero tarde y mal, así que mejor que lo hagan ellas.

No se conoce que la revista Science haya publicado ningún estudio sobre alteraciones genéticas en el género masculino que influyan en determinadas habilidades caseras.

5. Todas las tareas domésticas pueden “externalizarse”.

Falso, sencillamente.

6. La conciliación familiar es un reto femenino.

¡Oh, cómo no! Sólo ellas tienen hijos.

7. Las empresas apuestan por que se concilie.

¿Qué dice de eso tu jefe directo?

8. Las mujeres tienen menos aspiraciones profesionales.

Quizá lo que no tienen es tiempo para autopromocionarse. La superwoman, sólo en cines.

9. La conciliación sólo afecta a los padres y a las madres.

Otra mentira.

10. Conciliación.

¿Existe?


Esos falsos mitos
Conciliar interesa en todas las franjas de edad y no sólo cuando hay hijos
Cristina Sen

Armonizar la vida laboral y la personal interesa a todo el mundo, no es sólo una cuestión de madres y padres. Eva Rimbau, profesora de Estudios de Economía y Empresa (UOC), considera que hay que desmontar unos cuantos mitos sobre la conciliación para avanzar con mayor agilidad.Yel primer mito que rebate es vincularlo a una necesidad que aparece de la mano de los hijos. Los estudios revelan que las personas que manifiestan dificultades para lograr un equilibrio entre la vida personal y laboral están distribuidas en todas las franjas de edad, lo que indica que es una cuestión que se valora y se anhela a lo largo de toda la vida profesional aunque cada franja plantee esta conciliación para cosas diferentes.

Un informe de la Fundación Pfizer (2014) realizado a partir de una encuesta a 1.500 personas en España muestra que un 23% de los jóvenes de entre 16 y 24 años, un 30% de los que tienen entre 25 y 34 años, un 35,8% de las personas de entre 35 y 49, y un 23,2% de la franja entre 50 y 64 años reconoce dificultades para equilibrar sus tiempos de trabajo y personales. Unos porcentajes que Rimbau considera clarificadores de este interés común.

Para hacer realidad este deseo de conciliar también hay que desmontar unos cuantos tópicos preconcebidos, y esta profesora explica que no es del todo cierto que en las empresas en que existen políticas de este tipo los trabajadores interesados seanimen a utilizarlas. “Lo que es importante aquí es el apoyo del jefe directo, que es la forma de acabar con ese sutil mirar mal a quien apuesta por armonizar vidas”, comenta. Si el jefe directo sigue creyendo en el presencialismo, poco van a servir las políticas generales.

En esta línea se considera que para que cuaje una nueva cultura horaria más racional, o más flexible para que las personas se autoorganicen en la medida de lo posible, es importante que los trabajadores más valiosos abran paso. Si algunos lo hacen, otros verán que se puede.Y esto es especialmente importante en el caso de los hombres. Pero no todo depende de las empresas, otro mito por revisar. Hay que analizar la situación de forma global y sistémica porque todos los ámbitos se comunican: faltan políticas públicas de apoyo a los que tienen a su cargo personas dependientes, racionalizar los horarios con la larga pausa del mediodía, falta una cultura de comunidad y apoyo mutuo, hay que impulsar medidas para un reparto más equitativo del trabajo no remunerado entre hombres y mujeres...No todo es culpa de las empresas.

En este análisis sobre el ámbito laboral, Rimbau subraya que hay que dejar de pensar que aplicar políticas de conciliación sólo es cosa de las grandes empresas, y que sólo son beneficiosas en corporaciones amplias. Está demostrado, dice, que las pymes pueden lograr un aumento de la productividad aplicando estas medidas. Los directivos de las grandes empresas “están más concienciados por su nivel formativo superior y entienden que el equilibrio entre vida laboral y personal ayudan a reducir el absentismo y mejoran la retención de talento.

Y la cuenta de resultados es una de las grandes cuestiones. Hay un consenso generalizado en que la conciliación no empeora los resultados empresariales y, en todo caso, los mejoras. El riesgo reside en la mala gestión de una empresa.

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