Desde el Gobierno se necesita un decidido avance en mejorar cuantitativa y cualitativamente los incentivos y ayudas para para fomentar la conciliación de manera que, en el medio plazo, el verbo "conciliar" se incorpore efectivamente a las rutinas de nuestro mercado de trabajo.

 

A medida que nuestra economía da síntomas de una recuperación estable y cuando parece que los peores tiempos han pasado, comienzan a desempolvarse grandes temas laborales que no han estado en la agenda de los debates laborales de los últimos años.

Ante el cambio de escenario y con el ajuste laboral finalizado, se abre un periodo de moderación y deseable estabilidad en el que la normativa laboral debe dejar de ser un recurso de urgencia, aplicado como torniquete por quien practica la cirugía de campaña, para comenzar a cumplir el papel que, por su propia naturaleza y origen, tiene como factor de vertebración y organización de la actividad económica en cualquier país desarrollado.

Y ahora, ¿qué toca? ¿Dónde queda tarea por hacer? La lista es larga pero si se hace recuento de aquellos temas que ahora deben estar en las agendas de cuantos participan en el mercado laboral, no cabe duda de que la conciliación de la vida laboral y personal emerge como una prioridad que merece el análisis y la atención de empresas, trabajadores y administraciones.

Conviene recordar que no estamos hablando solo de conceptos jurídicos teóricos, sino que estamos refiriéndonos a valores de dimensión constitucional y a uno de los más importantes instrumentos de gestión de la empresa y que mayor incidencia tiene en la sociedad. Es el efecto del trabajo en la organización de la sociedad y uno de los más fiables indicadores para contrastar el desarrollo de un país.

Nuestros hábitos arrastrados desde el siglo pasado han conformado históricamente una cultura del "presentismo" y de la prolongación de las jornadas que no tienen como consecuencia un aumento de la productividad o de la eficiencia y que directamente afectan a la atención a la familia por parte del trabajador. Es necesario aprovechar este nuevo escenario para retomar los mecanismos que permitan hacer compatible la actividad laboral con una mínima atención a aquellos que dependen del trabajador, para lo cual no se requieren grandes innovaciones o reformas legislativas, sino un uso adecuado del marco ya existente.

La Ley Orgánica de Igualdad de 2007 y la versión actual del Estatuto de los Trabajadores proporcionan un marco legal suficientemente completo como para que la atención se centre ahora en los operadores laborales, quienes deben hacer buen uso de esa normativa.

Eso significa que las empresas deben tener la conciliación como una prioridad en sus estrategias de recursos humanos y concebirlo como un instrumento de retención y atracción del talento en lugar de un reto organizativo. El uso de sistemas retributivos orientados al cumplimiento de objetivos, el teletrabajo y la contratación a tiempo parcial son áreas en las que el margen de mejora es amplio en el plano de la relaciones individuales.

En el otro plano, hay sin duda margen en el uso de los convenios colectivos como elemento de conciliación pero también de espacio de coincidencia de voluntades entre los representantes de los trabajadores y la patronal. No se trata de hacer una camisa de fuerza, sino un traje a medida que tenga en cuenta no solo la necesaria tutela de la conciliación, sino también que contribuya a la supervivencia y crecimiento de cientos de miles de pequeñas y medianas empresas, en las que la mera elección de la concreción horaria de una reducción de jornada puede llegar a afectar a la totalidad del proceso productivo.

Desde el Gobierno se necesita un decidido avance en mejorar cuantitativa y cualitativamente los incentivos y ayudas para para fomentar la conciliación de manera que, en el medio plazo, el verbo "conciliar" se incorpore efectivamente a las rutinas de nuestro mercado de trabajo. Además, se requiere de nuestros tribunales laborales una doctrina moderna que, sin automatismos interpretativos, pondere razonablemente en cada caso particular los intereses de empresarios y trabajadores de modo que se sienten las bases de un mercado laboral más saludable y un modelo de relaciones laborales en el que la sociedad, en su conjunto, sea capaz de reconocerse.

La tarea tiene una magnifica recompensa y no podemos permitirnos el lujo de dejar pasar la oportunidad.

Articles relacionats / Artículos relacionados

Suscríbete gratuitamente a nuestros boletines

Recibe noticias e ideas en Recursos Humanos.
Suscripción

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una mejor experiencia de navegación por nuestra web.
Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización.