El sector industrial es la clave para que Barcelona pueda afianzar su crecimiento económico y crear empleo, por lo que hay que mantener las industrias existentes y fomentar la innovación. Seat es actualmente el gran motor industrial de la ciudad condal pues representa el 4% del PIB catalán, tiene 14.000 empleados y genera otros 56.000 indirectos.


Barcelona debe consolidarse como ciudad industrial, algo perfectamente compatible con su modelo de ciudad turística, tecnológica y de conocimiento, con objeto de garantizar su crecimiento económico y una creación de empleo estable y de calidad. Esta es una de las principales conclusiones del debate de El Mirador celebrado esta semana. Lograr el citado objetivo requiere generar y atraer talento y promover la innovación. Lo más importante, sin embargo, es mantener y cuidar las industrias que ya existen. En este sentido es clave la apuesta que hace el Grupo Volkswagen por Seat, que es el gran motor industrial de Barcelona y su extensa área de influencia.

El vicepresidente ejecutivo de finanzas y organización del Grupo Seat, Holger Kintscher, que participó en el debate, celebrado precisamente en su fábrica de Martorell, que es una de las más competitivas del Grupo Volkswagen en el mundo, señaló que la industria de la automoción tendrá un futuro en Barcelona siempre que siga siendo interesante para los inversores. “En este sentido –dijo– Barcelona va por buen camino. Hay áreas, sin embargo, que podrían mejorar. Dos botones de muestra: el primero es ampliar el acceso al puerto de Barcelona y potenciar el corredor del Mediterráneo para mejorar la logística y, por tanto, reducir los costes industriales. El segundo es la formación, que ha de ser uno de los principales objetivos. Seat es pionera en formación profesional dual en España, y creemos firmemente en este modelo.

Holger Kintscher participó en el debate del El Mirador juntamente con Alfons Cornella, fundador de Infonomía España y Co-Society; José Antonio Martínez Álamo, chairman de ICL Europa, presidente de ICL Iberia y miembro del comité ejecutivo de Foment del Treball; Eduardo Navarro Zamora, presidente ejecutivo de Sherpa Capital; Josep Miquel Piqué, director de la Oficina de Creixement Econòmic de l’Ajuntament y vicepresidente de la Red Mundial de Parques Tecnológicos; Gonzalo Rodes, presidente GBS Finanzas Catalunya, y Joan Roure, profesor del Iese, convocados por Pere Guardiola, director general comercial del Grupo Godó.

Seat por sí sola representa casi el 1% del PIB español y el 4% del catalán, porcentaje que se mul­tiplicaría por mucho si se contabilizasen sus proveedores de la industria auxiliar. Emplea directamente a más de 14.000 empleados. Cada empleo directo genera cuatro empleados más, por lo que más de 70.000 trabajadores dependen de ella. Holger

Kintscher quiso destacar, asimismo, que Seat es el inversor número uno en investigación y desarrollo (I+D) en la industria española. “Consideramos –dijo– que la el I+D es la clave para el éxito en la industria de la automoción. Un ejemplo: hemos invertido más de 1.000 millones de euros en I+D durante los últimos cinco años. De hecho son 2.600 millones, si incluimos las inversiones que se hacen en producción y compras. Y segui­remos invirtiendo a un ritmo similar en los próximos años”. Holger Kintscher puso también de manifiesto que el primer trimestre de 2015 ha sido el mejor desde 2007, “lo que confirma –dice– que Seat va por buen camino, gracias a la familia del nuevo León, en el que se han invertido más de 800 millones”.

Todos los participantes en el debate coincidieron con Holger Kintscher en que “para lograr un aumento de las inversiones industriales son fundamentales los costes de la energía, las infraestructuras en logística, la competitividad de la industria auxiliar, el talento y la formación de los empleados, los costes de mano de obra, el compromiso en el apoyo a la I+D, así como un entorno político, social y legal estables”. Añadió que “el inconveniente en cuanto a costes, si nos comparamos con los países de Europa del Este, puede superarse con una mayor competitividad, innovación e inversión en el futuro”.

José Antonio Martínez Álamo, también desde una gran compañía, como es ICL, que ha aprobado una inversión industrial de 450 millones de euros en Catalunya, señaló que es vital que las inversiones industriales tengan dimensión y se realicen con visión global. “Me gustaría destacar el binomio innovación y productividad. Para que el coste unitario, para que la productividad sea importante y se pueda financiar la I+D, es necesario el volumen.

Cuanto mayor sea la dimensión menor será el coste por producto y por tanto mayor la competitividad necesaria para afrontar el mercado global. Necesitamos grandes empresas tractoras, que utilicen todo el engranaje formado por la red de pymes, las universidades, los centros tecnológicos… Tenemos lo necesario para la innovación pero nos faltan empresas con volumen y proyectos con visión global, exportadora. Las administraciones deberían amparar estas iniciativas”.

Josep Miquel Piqué destacó que la reindustrialización de Barcelona está en el marco del nuevo movimiento para la reindustrialización europea. “Estamos –añadió– ante un nuevo paradigma en las nuevas formas de producir, que incorporan dos elementos: nuevas tecnologías de fabricación y talento que ha de estar preparado para valorizarlas. Si eso combina con su excepcional posición logística, Barcelona está en una situación óptima”.

Señaló que desde el Ayuntamiento se ha reforzado la apuesta industrial, como lo refleja, entre otras muchas cosas, el plan de reindustrialización de los barrios, el parque tecnológico Barcelona Advanced Industry Park, donde está proveyendo plataformas para el desarrollo de prototipos, el Centro de Promoción Industrial para la competitividad, a través de nuevas formas de industria avanzada, así como con el fomento de las nuevas formas de fabricación digital a través de los Ateneus de Fabricació, o bien con el impulso que se ha dado a la Oficina de Atención a la Empresa como puerta única de entrada para el aterrizaje y acompañamiento de inversiones. El área de Barcelona, en los últimos dos años, ha recibido más de 270 proyectos, con 7.460 millones de dólares de inversión y más de 20.000 empleos. Barcelona es una de las tres primeras ciudades europeas, junto con Londres y Dublín, en captación de inversión”.

Eduardo Navarro advirtió que para atraer mayores inversiones hay que mejorar la seguridad jurídica del país, así como la estabilidad política. En este sentido dice que hay inversores que quieren saber que podría pasar con su inversión en el caso de una hipotética independencia de Catalunya. “Hay que trabajar para reducir las incertidumbres”, dijo.

Todos los participantes coincidieron, además, en desarrollar una cultura emprendedora industrial, al igual que existe con la moda digital y las punto.com.

Gonzalo Rodés, como socio de Barcelona Global –asociación a la que también pertenecen otros cuatro participantes: Eduardo Navarro, Joan Roure, Alfonso Cornella y la propia Seat– dijo que trabaja para la atracción de talento a la ciudad. “Creo –dijo– que para atraer inversión hay que atraer el talento. Hay una frase de Bloomberg que es clave: el talento es el que llama al capital, y no al revés. Pero ni Barcelona ni las normas administrativas, que dependen de otros ámbitos, están lo suficientemente enfocadas para atraer talento e inversiones, pese a los millones de personas que nos visitan. “Es mucho más fácil fichar a un futbolista que a un investigador o emprendedor”.

Joan Roure dijo que son muchas las ciudades que compiten por la industria y la innovación. “Hay que replicar en estos ámbitos –explicó– lo mismo que se ha logrado en turismo. ¿Cómo? Dedicando más recursos a vender lo que se investiga, a desarrollar el potencial de lo que ya tenemos, como son las seis mil multinacionales que hay en Catalunya y, asimismo, definir las empresas estratégicas que nos interesan e ir a buscarlas allí donde estén”

Alfonso Cornella advirtió que si queremos tener una ciudad con una clase media que se sostenga, necesitamos de la industria, y la industria requiere la innovación, lo que a su vez exige conectar el talento con las empresas, algo que también necesita fórmulas innovadoras. El gran problema es que la innovación en la industria tiene que vivirse para entenderse. “Hay que recuperar –añadió– el poder del made in Barcelona y creo que hay unas posibilidades enormes para hacerlo. Pero eso comporta decidir que Barcelona quiere ser una ciudad industrial del futuro y asumir riesgos”.

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